✍ Historia general de Centroamérica [1993]

por Teoría de la historia

imagen.phpLa insistencia de los editores en considerar esta obra colectiva como un «compendio global», una «síntesis», «una reflexión general» o «una historia de Centroamérica y no un estudio yuxtapuesto del pasado de cinco países» es significativa. Primero, porque se recuerda que no hay una obra similar desde hace un siglo, aunque hubo algunas de alcance modesto. Segundo, y más importante aún, es que la obra se pensó como una historia de la región. El problema no es sencillo, pues obliga a la síntesis regional, la cual diluye en gran medida las intenciones nacionales. Tampoco se reduce a la simple óptica de los países desarrollados que organizan su visión mundial en función de sistemas de bloques y regiones, a despecho de la heterogeneidad que pueden presentar. En definitiva, es posible retomar la centralidad de la región, tanto en la visión de su pasado, en su presente y, por qué no, en la elaboración de un discurso posible para el futuro. La obra está dividida en seis tomos, cada uno de los cuales corresponde a un período particular que, partiendo de una amplitud temporal, se va reduciendo según se delimitan procesos y tiempos con mayor propiedad. La misma fue elaborada por 34 especialistas, tanto centroamericanos como de fuera de la región. Temporalmente abarca desde la historia antigua con sus tiempos imprecisos hasta 1990-1991, años que quizás representen un corte en la historia de la región. Aunque los editores insistieron en ese marco regional, no pretendieron imponer uniformidad en el texto. Como obra colectiva presenta acuerdos generales; sin embargo, los métodos, las hipótesis y los enfoques son plurales, lo que evidencia un interesante estado de la cuestión de la historia centroamericana. Tal decisión aumenta su importancia. Tras los volúmenes I y II, dedicados a la historia antigua y al régimen colonial, el tomo III (De la Ilustración al liberalismo, 1750-1870) se basa en el supuesto de una continuidad en el período, a pesar del cúmulo de cambios. En efecto, se inicia con las reformas borbónicas, los constantes cambios del mercado internacional, la influencia externa en la ruptura de la independencia, la espiral de conflictos internos en búsqueda y rechazo de la construcción de un orden, el reconocimiento de los imperativos geoestratégicos. Pero en el maremágnum de tales procesos hubo más «adaptaciones y regresiones que verdaderas revoluciones». En definitiva, es ese nuevo y contradictorio paso hacia la fuerza centrípeta de la mundialización del capitalismo y hacia la secularización de las concepciones de vida. En este período la influencia externa busca imponer una nueva racionalidad, pero en el interior de Centroamérica ese proceso necesariamente es lento y difícil, pues expresa con claridad la brecha entre los ideales retóricos de los que piensan transformar, el conocimiento de la causa tradicional de quienes prefieren la moderación y la vida de una sociedad que aún no imagina la modernidad. En el marco de esa continuidad, la sociedad se transforma en el predominio del mundo ladino, y de la colonia se pasa a la construcción de los Estados, primero unidos y luego fragmentados. Del ímpetu borbónico a la independencia, y más allá a la guerra civil y la dificultad de representar la «nación» centroamericana, se retorna al ritmo de la adaptación conservadora que, como dos autores con sentido polémico esbozan, fue no necesariamente regresiva. El período analizado en el tomo IV (Las repúblicas agroexportadoras, 1870-1945) ha sido el predilecto de la historiografía centroamericana. No es para menos cuando ha estado ligado a la formación de la idea de la «nación». Los principales héroes y procesos nacionales fueron ritualizados sobre la base del triunfo liberal. Asimismo, fue el período de consolidación del Estado y, sobre todo, del vínculo definitivo de las economías en el mercado mundial. Los países centroamericanos sellaron la bifurcación de sus propias vidas. Los autores subdividen el período en dos momentos. El primero es exitoso (1870-1930) y al que propiamente podemos llamar liberal. Este supuso el triunfo de la transformación agrícola con base en los dos productos mágicos: el café yel banano. Los sistemas políticos y el Estado liberal caudillista, reñido con la retórica democrática -a excepción de Costa Rica-, expresan las intenciones de su propia consolidación. La influencia externa se hace sentir como presión y está inmersa en la definición progresiva de dominio del coloso del norte, Estados Unidos. Pero esa determinación ex·terna y las consolidaciones internas motivan no sólo una adaptación de las sociedades a los cambios que se producen, sino también al juego de los países de la región en el mundo de las relaciones internacionales e intercentromericanas. El segundo período (1930-1945) es de crisis, de dictaduras y de constricción de unas fuerzas exportadoras que ya habían perdido su vitalidad. Pero el período también señala la presencia de masas y la búsqueda de alternativas. El rechazo del liberalismo como política y la antesala del reformismo. Los autores del tomo V (De la posguerra a la crisis, 1945-1979) señalan que en este período el crecimiento económico selectivo y la exclusión política caminaron de la mano. El crecimiento se apoyó en un esfuerzo por modernizar la infraestructura, diversificar las actividades económicas y formar un nuevo empresario. El interés por ese crecimiento fue motivado por el nuevo papel intervencionista otorgado al Estado, quien divisó el marco de la sustitución de importaciones apoyado en el proceso de industrialización y en el mercado común centroamericano. Años después fue posible ver cómo habían crecido las clases medias y se había abierto una puerta a los sectores subalternos en el consumo, pero a costa de que la transformación productiva se hizo constriñendo el desarrollo social. Los beneficios al conjunto de la sociedad sólo llegaron por vías intermedias. La modernización se hizo postergando el sueño del período anterior: la necesaria reforma y la democratización. La presencia hegemónica de Estados Unidos impuso, con el anticomunismo, un estrecho margen al campo de acción de las reformas: y la vieja práctica de exclusión política amplió aún más esas restricciones. El sueño del crecimiento pronto presentó sus límites y la década de los setenta señaló el inicio de una crisis que estalló por su punto más débil: la política. Una época de guerras y conflictos sociales cubrió a la región, de nuevo con la excepción de Costa Rica. El período culmina con el triunfo sandinista y la caída del dictador Somoza. Se abrían así nuevas esperanzas a contrapelo de cortar los hilos de la estabilidad norteamericana. Mas en el fondo también se había abierto otra disensión social, que no está ligada sólo a la falta de participación política, sino a una exclusión secular y multidimensional: la del indígena. Por fin, el período que abarca el tomo VI y último (Historia inmediata, 1979-1991) no ha sido un período feliz. La guerra y la crisis se convirtieron en el signo de los tiempos. Para los autores, la evaluación de esa época es aún imprecisa y está marcada por cierta visión negativa que la considera una década perdida. La esperanza de cambios sociales pronto presentó sus límites. Tanto el peso de la presión norteamericana, quien puso a la región en la agenda de un conflicto de dimensiones que no le competían, como los límites internos señalaron que el rango de lo posible no había sido bien calculado. Al final, la estrechez de las exclusiones políticas ha venido siendo acortada por una mayor participación bajo una vía conservadora que se supone democrática: las elecciones y la búsqueda de la legalización, bajo pactos políticos débiles, y en algunos casos inconclusos o que claramente señalan la incomodidad por admitir la participación de fuerzas sociales y políticas consideradas tradicionalmente inaceptables. Al mismo tiempo, las tendencias económicas y sociales implican nuevas exclusiones. Hoy día, la orientación económica retoma la vieja estrategia de integración en el mercado mundial: pero el Estado ya no puede jugar el papel motriz y la región se integra, más obligada que por voluntad, con un sentido pragmático en fortalecer su capacidad de exportación. Lo cierto es que la sociedad centroamericana es bastante distinta de la del período inmediato anterior. ¿Pero lo es así al compararla con mayores espacios temporales? En todo caso, los autores no cierran la puerta a las esperanzas.

[Luis Pedro TARACENA. “Torres Rivas, Edelberto, Robert M. Carmack, Julio César Pinto S., Héctor Pérez Brignoli, Víctor Hugo y Acuña O. (editores), Historia General de Centroamérica, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sociedad Estatal Quinto Centenario, Comunidades Europeas, 6 vols., Madrid, 1993” (crítica bibliográfica), in Ayer (Madrid), nº 14, 1994, pp. 175-178]

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