✍ The New Cultural History of Peronism. Power and Identity in Mid-Twentieth-Century Argentina [2010]

por Teoría de la historia

UnknownPor lo general, los años comprendidos entre 1946 y 1955 son identificados como un punto de inflexión; un período de la Historia nacional en el que cambiarían definitivamente los destinos político-económicos y socioculturales de la Argentina. Esta experiencia atrajo la atención de académicos, intelectuales y de todos aquellos interesados –profesional o aficionadamente– por aquel fenómeno crucial. Este interés ha hecho que difícilmente en la historiografía argentina pueda encontrarse un objeto que haya sido motivo de tanto estudio. Así, desde el ámbito académico, el peronismo fue abordado desde múltiples enfoques teórico-metodológicos y, desde fechas bien tempranas, ha motivado fuertes discusiones en torno a sus principales núcleos interpretativos. Pasando de los primeros estudios estructurales sobre el tema a las revisiones de los años ‘60s, el fenómeno resultó analizado desde los planos económicos, demográficos, sociales y políticos. No obstante, en estos primeros estudios, los aspectos culturales fueron abordados de un modo complementario frente a las que se consideraban grandes transformaciones. Pese a ello, tempranamente ya Di Tella, T. (1964) y De Ípola, E. (1979; 1989) marcaban la importancia de los medios de comunicación y del poder discursivo de Perón. Pero, no sería sino hasta los estudios de Daniel James (1988) cuando la cultura –el juego de la retórica, la cultura popular, los significados construidos por los trabajadores y la conformación de una identidad peronista, por ejemplo– emergiera como un aspecto medular del proceso peronista. Desde entonces, una nueva generación de historiadores ha incursionado en nuevos temas y, desde la década de 1980, ya ha quedado claro que los aspectos culturales resultan una condición inmanente para un desarrollo historiográfico integral del fenómeno. Y precisamente, es en esta necesidad donde se enmarcan las contribuciones incluidas en The New Cultural History of Peronism. Power and Identity in Mid-Twentieth-Century Argentina, editado por Matthew B. Karush y Oscar Chamosa. El abordaje teórico-metodológico que comparten los autores compilados en este trabajo responde a los parámetros de la denominada Nueva Historia Cultural. En este plano se consideran algunos aspectos del primer peronismo entendiéndolo como a un lugar en el que confluyen múltiples identidades situadas más allá y más acá de lo político. El abordaje aquí propuesto evita, entonces, la simplicidad de los planteos que conciben al movimiento peronista en función de la dominación y la resistencia. Focaliza en cambio y ante todo en los procesos hegemónicos y en las herramientas generadoras de legitimación. Por tanto, los capítulos que lo integran toman algunos de los temas centrales de la experiencia peronista, observándose un énfasis entre los años 1945-1955. Se examinan las experiencias y las acciones de mujeres, de grupos indígenas, de la clase media antiperonista, de académicos, de profesionales y de trabajadores urbanos. Si bien cada uno de los capítulos cubre una amplia gama de temas-problemas, un hilo conductor los vincula otorgándoles una necesaria coherencia interpretativa. En cada uno de ellos, el lector podrá comprobar una atención en el nexo Estado-conciencia popular; ambas asumidas como dos esferas mutuamente constitutivas. En el capítulo 1, Populismo, melodrama y mercado. El origen del peronismo en la cultura de masas, Matthew B. Karush demuestra cómo, en gran medida, el peronismo se construyó por los elementos discursivos disponibles en la cultura de masas mercantilizada del período previo. El autor considera que los años 1920-1930 muestran la explosión de una cultura masiva sin precedentes en la radio, el cine, los espectáculos deportivos y la prensa de circulación masiva. Tras este desarrollo, Perón habría sido capaz de apropiarse de los elementos discursivos que circulaban en la cultura masiva y de re-adaptarlos en un sentido político. El autor demuestra que a partir de programas de radio y de películas domésticas –la mayor atracción durante este período–se atravesaban líneas de género, circulaban letras de tango repletas de dramas nativistas, tragedias urbanas y se difundían comedias de todo tipo. La visión moralista pregonada por Perón tendría entonces claros precedentes en esta cultura masiva. Incluso, el famoso leguaje lunfardo, tan presente en su retórica, no sería ajeno a esta base cultural. Todos estos elementos permiten al autor sostener que los mensajes de Perón recaían en un entramado simbólico que les confería familiaridad pues, sus discursos, empleaban significantes ya hechos familiares por las películas, la música y el radio-teatro. De este modo, el peronismo, ante todo, habría ofrecido una identidad y una interpretación convincente de la sociedad en la que los sujetos estaban viviendo; una disquisición que fue, según Karush, hablada en un lenguaje popular. En el capítulo 2, Peronistas y cabecitas. Los estereotipos y las inquietudes en la cumbre del cambio social, Natalia Milanesio trabaja con las representaciones que las clases medias y altas antiperonistas forjaron respecto de los seguidores de Perón. La autora sostiene que esas representaciones adoptaron la forma de estereotipos en los comportamientos, inclinaciones y gustos, así como en las características físicas y temperamentales de los sujetos. Según su esquema, los estereotipos expondrían inseguridades y preocupaciones sobre un proceso de cambio social, económico y cultural. Serían una manera que tenían las clases medias y altas de lidiar con la inestabilidad que percibían en su mundo cotidiano. Ello implica concebirlos como una respuesta a la incapacidad experimentada por controlar un violento cambio social. Y puesto que enfatizaban en “deficiencias culturales”, operaban como un mecanismo para mantener y reforzar formas de comportamiento, normas culturales y convenciones sociales. Vistos desde esta óptica, fueron una maniobra de las clases superiores frente a la masiva migración interna fomentada por la urbanización, la industrialización, el consumo masivo y el peronismo. De este modo, la construcción del concepto cabecitas negras se vinculó con sujetos violentos, ignorantes, vulgares y criminales. No obstante, este estudio de Milanesio no sólo demuestra cómo los peronistas manipulaban los estereotipos de sus contrincantes sino, también, cómo los cabecitas lograron crear los suyos y, desde allí, combatir a sus oponentes. En el capítulo 3, El malón de la Paz de 1946. Indígenas descamisados en los albores del peronismo, Diana Lenton aborda la cuestión de las diferencias étnicas bajo el peronismo. En particular, la autora contextualiza al Malón de la Paz dentro de la política demográfica y étnica del régimen. Explora los tempranos episodios protagonizados por indígenas argentinos y se adentra en las subjetividades de quienes estuvieron involucrados. Se someten a observación las tensiones entre los esfuerzos peronistas para crear un entendimiento hegemónico de la indigeneidad y la agencia que las poblaciones indígenas ejercieron en los albores del régimen. Su hipótesis es que la política indigenista durante el primer peronismo quedó reducida a la aplicación de la justicia social. Por lo tanto, las demandas indígenas sólo podrían ser satisfechas en la medida en que los peticionantes fueran previamente definidos como un sujeto preferencial de justicia (trabajadores/descamisados). Desde este plano, resulta que los “homogeneizantes” y “armonizantes” esfuerzos del justicialismo –que buscaban unificar a la nación contra la oligarquía-, no toleraban disidencias internas. Y aun lo que aparece como más importante, el régimen rechazaría la visualización de otras categorías o clasificaciones que estaban más allá y más acá de la clase trabajadora. Por tanto, y por imperativos pragmáticos, el peronismo habría evitado utilizar un lenguaje étnico al dirigirse a los miembros de la clase trabajadora. La política indígena fue, en este plano, una mera extensión del proyecto más abarcativo de la justicia social. Por otra parte, en el capítulo 4, Criollos y peronistas. El movimiento del folclore argentino durante el primer peronismo, 1943-1955, Oscar Chamosa propone un examen del lugar prominente que ocupó el folclore como un movimiento cultural durante el primer gobierno peronista. A contrapartida de Lenton, Chamosa entiende que el abrazo del peronismo al folclore criollo puede ser entendido como una revisión del discurso oficial respecto de la etnicidad. Si bien la celebración de la cultura popular criolla durante el peronismo ciertamente no puso un fin al mito de una Argentina blanca, constituyó una alternativa importante a la representación hegemónica de la etnicidad argentina. Ello se evidenciaría en las acciones implementadas para preservar la poesía oral, las danzas y la música del interior. La premisa que subyace en el análisis de Chamosa es la siguiente: como la mayoría de los criollos que migraron a las ciudades costeras eran del interior, su música, sus danzas y sus tradiciones poéticas se convirtieron en objetos de estudio y en objetos de consumo cultural a través de los medios de comunicación. Según sus análisis, hacia 1940 y 1950, existiría en Buenos Aires un público consumidor para esos artículos amén de un fuerte deseo de comprender los rasgos culturales de los pobladores del interior. Para Chamosa, por tanto, la dimensión étnica del peronismo se habría hecho presente en la reivindicación de la cultura criolla y en la importancia que se le asignó en la construcción de esa “Nueva Argentina” que Perón intentaba estructurar. En el capítulo 5, Un estilo inolvidable. Imágenes en torno a Eva Perón, Anahí Ballent analiza la estética arquitectónica y su relación con la política durante el primer peronismo. El capítulo demuestra que el gobierno peronista puso un énfasis significativo en proyectos de obras públicas e hizo uso de una extensa propaganda a través de las imágenes arquitectónicas que se creaban. Dada la prominente actividad en torno a la construcción que desplegó la fundación Eva Perón se examinan, especialmente, las relaciones entre la producción arquitectónica y la política en torno a la figura de la primera dama. En este aspecto, la autora considera que la elaboración estética fue instrumental en la construcción del mito político en torno a Eva. Asimismo, una mención aparte merecen las referencias que proporciona Ballent en torno a los estilos estéticos que dieron forma a esos trabajos arquitectónicos. Esa heterogeneidad estilística sería indicativa de la diversidad dentro del peronismo; un conglomerado de diferentes grupos e ideologías políticas. A su vez, según la autora, el carácter simbólico de la arquitectura se orientaba fundamentalmente a ofrecer belleza. Sería éste un placer estético destinado a un público que hasta entonces había estado excluido de su disfrute; una noción que se vinculaba a la (nunca explícitamente) idea formulada de un “derecho a la belleza” para todos. Es interesante notar al respecto cómo, para Ballent, la elección de la estética arquitectónica reflejaba la necesidad de una comunicación social y técnica pero, cómo, a la vez, contuvo claros mensajes políticos. En el capítulo 6, Las Reinas de la clase obrera bajo el peronismo, Mirta Lobato, María Damilakou y Lizel Tornay, analizan al espectáculo de la elección de la reina del trabajo como una excusa para adentrarse en la relación entre rituales, acción política y belleza femenina. El examen propuesto –anclado en una comprensión desde el género- procura rescatar también la experiencia vivida por las mujeres que participaron de dichos eventos. Esta última pretensión incorpora a la memoria de los sujetos y hace que el fenómeno analizado trascienda el período del primer peronismo. Este capítulo puede ser caracterizado –tal como lo conciben las propias autoras- como una caminata inferencial a través de fotos, periódicos, documentos oficiales, recuerdos y objetos personales. Valiéndose de estos documentos, las autoras siguen los rastros de la compleja configuración de una cultura de masas; es más, plantean la conformación de un denso, conflictivo y competitivo entramado entre los rituales, la belleza femenina y lo político. Esta red modelaría formas culturales y relaciones de género durante el primer peronismo, colocaría a la belleza femenina como parte importante de una cultura de masas y serviría conjuntamente a los propósitos del régimen peronista. El espectáculo valdría entonces para “dignificar” a las fuerzas del trabajo y a la mujer obrera, ayudaría a fijar papeles tradicionales de manera rígida y, al mismo tiempo, tendería a democratizarlos. Eduardo Elena, en el capítulo 7, El peronismo en “el buen gusto”. Cultura y consumo en la revista Argentina, examina las intervenciones peronistas en la esfera pública considerando fundamentalmente dos aspectos: el consumo y el gusto. Se ofrece aquí un caso de estudio de una inusual publicación peronista; una revista comercial llamada Argentina (1949-1950). En este análisis, Argentina es empleada para probar las conexiones entre la política populista y el mundo del consumo masivo. Vista desde este ángulo, Argentina sugeriría tendencias más amplias en la política cultural del peronismo, cambios estéticos y paradigmas oficiales de aspiraciones sociales. Elena entiende que a través de esta revista, las autoridades del Estado y sus colaboradores buscaban definir lo que estaba de moda, lo moral y unas prácticas de consumo patriótico de acuerdo con prioridades políticas que proyectaran una visión del “buen gusto” peronista. Considerado en su conjunto, este capítulo arroja luz sobre la búsqueda de la ortodoxia cultural del régimen, una cara no estudiada de la Historia del peronismo. De acuerdo con Elena, Argentina estuvo colmada de avisos de cómo comer, vestir, comprar y consumir de una manera “apropiada”; pautas que estaban en consonancia con normas de clase y de género asociadas con un ser “culto” ideal. A lo largo del capítulo, el autor buscará entonces iluminar una aparente paradoja: ¿Por qué las autoridades de una “autoconsciencia popular” siguieron la ortodoxia de las elites en cuanto a gustos? La revista Argentina, resultó ser, en este aspecto, un excelente instrumento para develarlo. El capítulo 8, Las emociones políticas y los orígenes de la resistencia peronista de César Seveso, se detiene en una interesante e innovadora propuesta teórico-metodológica. El autor trata a las emociones como a instrumentos analíticos que permiten develar formas no convencionales de ejercicios de poder y resistencia. De acuerdo con Seveso, en el despertar del golpe de septiembre de 1955, los sentimientos se convertirían en la base de la acción política. En este contexto, las emociones no sólo ayudarían a producir –y a crear– un repertorio de tácticas de oposición y resistencia; también trasladarían un nuevo género de roles y legitimarían nuevas identidades políticas en el contexto de la acción colectiva. El autor logra recrear satisfactoriamente la gran humillación sufrida por los militantes y simpatizantes peronistas luego de la Libertadora. Para ello, examina la canalización del luto y la socialización del sufrimiento a partir de la popularidad de la poesía política. Al indagar en estas fuentes, el autor elabora la construcción colectiva de otro clima político, uno en el que la humillación y la vergüenza –que se establecieron después del golpe– coexistieron con un deseo de hablar y de luchar. Para Seveso, las emociones –tales como ira, esperanza, pesar, simpatía y odio– implicarían una interpretación de las relaciones de poder que enfrentaban los actores políticos. En este aspecto-y en tanto que herramienta interpretativa-, las emociones le permiten una comprensión de la política argentina que va más allá de los intereses compartimentados y analizados en términos estancos. Finalmente, Mariano Ben Plotkin clausura el libro con las reflexiones finales que dan forma al capítulo 9. Como los autores compilados en este trabajo, Plotkin sostiene que el peronismo generó un fuerte sistema simbólico que no puede ni debe ser pasado por alto. Este lado cultural y simbólico del movimiento estaría inherentemente vinculado al proceso de formación estatal y por lo tanto, tendría una importante dimensión política. Con estas consideraciones, el autor propone tres pasos metodológicos para estudiar al peronismo de manera integral. En primer lugar recomienda una “seria” consideración del peronismo, de su contexto histórico y de su producción simbólica. En segundo lugar sugiere un cuestionamiento a las categorías “nativas” y a las “imágenes propias” atendiendo a los dispositivos preexistentes al peronismo y que fueron reapropiados y reformulados por éste. Finalmente, recomienda entender las condiciones y el proceso de recepción del discurso peronista desde una triple vertiente: desde el ángulo de la “emisión”, la “circulación” y la “recepción” del mensaje. Aunque la Historia cultural del peronismo, o más bien, la aproximación cultural a la Historia del peronismo es un campo en auge, este volumen es un excelente ejemplo de los alcances que promete la nueva línea de investigación. Hasta el momento, estos son los únicos aportes que se desprenden de esta orientación analítica. La lectura de The New Cultural History of Peronism. Power and Identity in Mid-Twentieth-Century Argentina, logrará capturar la atención de los lectores y les permitirá bucear por un mundo desconocido hasta el momento. Quizá, esa misma lectura logre despertar entre los investigadores un interés lo suficientemente significativo como para adentrarse en otras lecturas del fenómeno. Quizá también, al seguir los patrones teóricos y metodológicos propuestos en este volumen, el investigador tome contacto con esas nuevas herramientas y, varios temas y problemas ya analizados comiencen a ser repensados desde una novedosa clave cultural.

[Leonardo LEDESMA. “Karush, Matthew & Oscar Chamosa (ed). The New Cultural History of Peronism. Power and Identity in Mid-Twentieth-Century Argentina Durham and London: Duke University Press, 2010, 309 páginas” (reseña), in Anuario de la Facultad de Ciencias Humana (La Pampa), vol. X, nº 1, diciembre de 2012, pp. 1-5]