✍ Cuerpos de mujeres, miradas de hombres. Sociología de los senos desnudos [1995]

por Teoría de la historia

412v0EjHgkL._SY300_¿Mirar o no mirar? He ahí la duda suscitada, de inequívocas resonancias hamletianas, nada menos. Porque la interrogante tiene su aquel y, sin duda, merece subrayarse. Y todo a cuenta de la moda generalizada en nuestras playas de liberar los senos (o las mamas, como prefieran). El topless para entendernos. Al pasear, o simplemente estando sentados debajo de la sombrilla, afrontamos la peliaguda disyuntiva de hacia dónde enfocar la mirada. ¿Qué hacer en este caso? Un dilema que, a buen seguro, devana con asiduidad a muchas mentes en estas jornadas playeras. Es una acción que, por lo demás, no admite demora, y mueve a actuar con rapidez, agotada la mínima tregua que conceden algunas maniobras previas de distracción o de disimulo. Vamos: rascarse la cabeza o formular alguna grave sentencia -opción necesaria estando en compañía- acerca del calor, de cuánto pica hoy el sol o cuán espeso era el tráfico matinal. Cuestiones de notable enjundia, claro. Pero es perentorio enfocar el asunto (sólo visual, por supuesto) para salir airosos del trance. Y, ciertamente, muchas alternativas no hay. O bien se fija directamente la vista, sin más dilación, o -como al que ni le va ni le viene la cosa- se efectúa un ‘travelling’ visual, con una observación panorámica (eso sí, con cara de mucho interés) para contemplar el flujo de las olas, el grado de ocupación playera o la inmensidad del horizonte marino, hasta posar de refilón, distraídamente, la vista sobre el objetivo deseado. Y el caso es que hasta ahora nadie había reparado en establecer normas al respecto para comportarnos con propiedad. Así que para suplir tan grave carencia, los investigadores, a los que ningún problema les es ajeno, han elaborado un estudio sobre tan elusivo tema titulado: ‘Cuerpos de mujeres, miradas de hombres, sociología de los senos desnudos’, que puede servir como guía de consulta a los interesados. Se trata de un análisis concienzudo -realizado por Jean-Claude Kaufmann y como no podía ser de otro modo con trabajos de campo- del que se desprenden conclusiones no sólo para mirones -expresión en absoluto peyorativa, sino simplemente aplicable a la imprescindible actividad fisiológica de mirar hacia el frente-. También con recomendaciones para las practicantes de una conducta asumida con naturalidad e implantada con largueza entre el personal nativo. Dato que conviene señalar porque la citada investigación se llevó a9782091904276FS cabo entre bañistas francesas. Por cierto, un espécimen que, no se sabe muy bien por qué, prácticamente ha desaparecido de nuestras costas, sobre las que ejercieron un dominio incontestable hace treinta o cuarenta años. Pero a lo que íbamos. Este tema pudiera parecer un tanto frívolo, pero lo es, y ya suscitó las cavilaciones del maestro Italo Calvino en uno de los pasajes de su libro ‘Palomar’ cuando argumentó sobre el modo de comportarse ante esta tesitura: ejercer con despreocupación la mirada, sin cosificar los senos, ni minusvalorar a sus protagonistas. Más o menos. He aquí una muestra palpable de que las inquietudes humanas representan, con leves diferencias, casi arquetipos universales. Resulta que ese leve instante de indecisión, durante un despreocupado paseo al borde del mar, inquieta a eximios intelectuales. Ávidos sin duda de aportar un báculo (de estirpe moral, por descontado) con el que apoyarnos para caminar sin tropiezos por tan ardientes arenas.

[Manuel MOLINA BOIX. “Miradas”, in La Verdad (Murcia), 14 de agosto de 2011]