✍ Las culturas de posguerra [1968]

por Teoría de la historia

13059564822Yo no sé si para comentar un libro en estos tiempos revueltos que corren (aunque eso de «corren» sea sólo una concesión a la frase hecha o, a lo sumo, un eufemismo) es oportuno hablar con seriedad de cultura y hablar con seriedad de posguerra, que son algo así como términos antagónicos porque donde hay la sombra de un cadáver físico o moral y en el escenario geográfico donde se han estado arrasando los campos y los «campus» y otras tibiezas no le conviene la frivolidad de ese desafío que se llama una cultura bien entendida y de esa provocación que otros prefieren denominar un sistema de expresión y conocimiento. Ya de por sí son complicados los dos términos y aquí se ha alargado el uno y se ha recortado el otro como para que Jeff Nuttall venga ahora y se ponga a hablar de «culturas» en plural, de la «posguerra», en singular porque el mundo es ancho y común y Jeff Nuttall es inglés y lo que ha ocurrido en la segunda posguerra en Londres, París y California es como si hubiera pasado en Móstoles o en Alcalá de los Gasules. Eso es lo que quisiera con justicia Nuttall, que cita a Picasso junto a la Navy y Cohn Bendith y Elvis Presley y Alien GinsbergNuttall Bomb Culture y Apollinaire y el LSD y los Rolling Stones y los Panteras Negras y el yaz y los Angry Young Men y Trotsky y los «rockers» y Marilyn y otras culturas pop, pero Nuttall —poeta, pintor, ex trompetista de jazz y eje principal del movimiento «underground» en Londres— no supo cuando escribió este libro en 1967 ni que España todavía sequía siendo diferente ni que unos pocos años más de tedio estudiantil y crisis internacional y austeridad podrían corroer algunas de sus ilusiones más conmovedoras. «Las culturas de posguerra» es un libro que viene a demostrar varias cosas con una fuerza admirable y una aportación mayúscula de datos v testimonios: primero, que hubo una guerra en la que estalló no sólo la potencia de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, sino también la frustración y caducidad de unos modos de plantearse esa palabra tonta que se llama civilización y que no sabía bomb_culturecómo despedirse e inventó la hipocresía (dice Nuttall), el aburrimiento (dijeron los existencialistas de Saint-Germain) y una definitiva amenaza de exterminio nuclear (confesó Bertrand Russell); segundo, que sociedad y cultura son lo mismo porque una madre muerta da una niña moribunda y porque la cultura no quiere seguir siendo la asignatura que se estudiaba los miércoles por la tarde sino que hay que sacarla a la calle o, a lo sumo, ir a trabajarla por la noche a la discoteca; y tercero, que si el arte y la literatura contemporáneos ha hecho la estética de la fragmentación, desde Sade y Lautréamont hasta el impresionismo y el Guernica y los versos de Bob Dylan, es porque el mundo nuevo que renace de las cenizas de la guerra del Romanticismo y de la libertad, tiene derecho a recomponer su figura a base de las trizas a que se ha reducido la sociedad y el hombre moderno.

[Ramón PEDROS. “Cultura y posguerra”, in ABC (Madrid), 8 de noviembre de 1974, p. 65]