✍ Islas de historia. La muerte del Capitán Cook. Metáfora, antropología e historia [1985]

por Teoría de la historia

sahlins-tapaEste bello libro de Marshall Sahlins refleja una preocupación generalizada en estos últimos años entre quienes se dedican a las ciencias sociales: el recelo, la desconfianza en las dicotomías de años atrás, sean estas estructura / historia, cambio / continuidad, sincronía / diacronía o símbolo / realidad empírica. También, aunque en estas páginas menos explicitamente formulado, el rechazo de tajantes fronteras entre antropología y otras materias afines. Anhela más nuestra época síntesis que antítesis; cuando menos compromisos. Y, en efecto, diríase que el capitán Cook —o mejor, su suerte— encarna bien la metáfora de la síntesis: gran navegante y descubridor para los británicos, dios Lono para los hawaianos. Mas al tiempo que aquel está haciéndose mítico o actualizando el mito, éstos están penetrando en la Historia Universal, en el Sistema Mundial. Ya al final de este libro, que se nos hace corto, comprendemos plenamente el valor de la metáfora: su autor nos define la cultura como “la organización de la situación actual en función de un pasado” (pág. 144). Y tal concepción conduce a “la síntesis indisoluble del pasado y del presente, el sistema y el acontecimiento, la estructura y la historia” (ibidem). La obra, miscelánea en su génesis, adquiere unidad gracias a la metáfora y a su análisis, al contrario de lo que suele ocurrir en libros de este género, y menos aún entre nosotros. Claro está, sin embargo, que sus partes integrantes ofrecen perfiles diferenciados. Vamos a dejar a un lado una relativamente extensa Introducción, con toda probabilidad menos obligada o necesaria de lo que su autor confiesa. Sirve, tal vez, para que el lector poco familiarizado con la evolución intelectual de Sahlins —y concretamente con su acercamiento crítico al estructuralismo francés— entienda ciertas digresiones teóricas esparcidas a lo largo del libro. En mi opinión, el valor de éste no estriba en ellas. Destacaré brevemente otras cuestiones. Para empezar la finura analítica de Sahlins cuando nos muestra la trabazón, en la sociedad Hawaiana, entre el parentesco y la política a través del sexo, el amor, lo bello. Aloha es, a la vez, acto de amor y relación de subordinación política: “lo bello funciona como un paradigma natural de lo político” (pag. 34); “el amor es la infraestructura” (pag. 36). El conjunto de la estructura sociopolítica es negociable porque su basamento es tan movedizo como la pasión y el sentimiento; esta fluidez es la que permite a los nativos integrar, con facilidad y con amor, a los europeos en su mundo de relaciones y de símbolos. Ya ello contribuye decisivamente el mito, ya que la realeza y la divinidad se concebían en Hawai como foráneas; también la realeza indoeuropea se concibió de ese modo (Sahlins parece querer completar así el circulo de sugestivas equiparaciones entre el mundo polinesio y el indoeuropeo que abriera Hocart y continuara Dumézil). Por eso “Cook había sido un mito antes de que fuese un hecho” (pág. 80). Estos son algunos de los datos etnográficos y algunas de las interpretaciones. Quiero resaltar también otros aspectos de relevancia más general. Ante todo, una idea que circula por la obra: a diferencia de una concepción empirista del ritual, Sahlins contempla los ritos nativos más como expresiones de teorías que de realidades. De teorías cósmicas y también del orden social. De teoría política que es, en definitiva, la de nuestro propio pasado: el rey extranjero asume la realeza fuera de su tierra a través de su relación amorosa con la princesa nativa. Y esto, como dice Sahlins, antes de que fuese para nosotros un cuento de hadas, era teoría social. Por esta y otras vías, el autor reivindica la inclusión de materiales, aparentemente ingenuos o triviales, en una historiografia diferente a la usual en el mundo occidental. Con el mismo talante Sahlins da la vuelta a la interpretación convencional de la figura y del destino fatal de Cook. Según aquella, los nativos se equivocaron al tomar al capitán por dios de la fertilidad. Sahlins muestra, por el contrario, cómo una sucesión de errores por parte de los británicos condujo a tal desenlace; la muerte del dios (Cook) Lono vino a poner las cosas en su lugar, ritualmente hablando. En otro sentido resulta reconfortable que Sahlins haga amplio uso de autores como Frazer y Hocart, otrora bestias negras del funcionalismo. Nobleza obliga, sin duda, dados los temas de este libro —deicidios periódicos, ritos de investidura regia… Temas que quizá hagan que su autor haya optado por narrarnos no “lo que sucedió realmente” (pag. 82), si bien aclara que lo que narra puede ser más importante desde un punto de vista histórico. Es una opción tan lícita como cualquier otra, pero acarrea un costo innegable; dejar de lado casi por completo la cara sucia de lo que “sucedió realmente” tras el contado y la posterior colonización de las Islas Sandwich. El lector queda más bien en ayunas respecto al destino de la paradisíaca aloha de los contactos iniciales. La contrapartida a la ofrenda y el amor indígenas se tradujeron en enfermedades y epidemias que redujeron pronto a la población de las islas a un 20%. Ello estuvo acompañado de la vertiginosa occidentalización y cristianización de los hawaianos, fenómenos estos a los que contribuyó decisivamente el gran conquistador y unificador nativo Kamahameha I, el llamdo Napoleón hawaiano; una figura quizá impensable si no se hubiera producido el contacto, y a la que, sin embargo, este libro presenta, repetida pero fugazmente, como algo casi del todo autónomo. Para28253 terminar, unas breves palabras sobre la versión castellana. Es de agradecer que un libro nada barato como el que nos ocupa esté, en general, bien traducido; ciertos vocablos —pocos, por fortuna— revelan traducción acelerada, cuando no penosos anglicismos. Otros fallos, tampoco abundantes bien es verdad, requieren una llamada de atención a la editorial de cara a la supervisión profesional de futuras traducciones. Dado que el libro va dirigido a un lector al menos medianamente culto, tal vez sobre la nota de la traductora (pág. 11), aclarando que una referencia a Alicia procede de un famosísimo libro. Faltan, sin embargo, otras aclaraciones, por ejemplo los términos gumsa / gumlao aparecen (pág. 48) en el contexto de una amplia referencia a la Grecia de la época heroica; el lector que no sepa el origen extremo oriental de tales conceptos y de su amplio uso por Edmund Leach, podría imaginar en ellos realidades o raíces indoeuropeas. Pero es peor aún que una referencia, comprensible para iniciados, a un tipo de enlace matrimonial de los llamados asimétricos (con una hija del hermano de la madre de ego) aparezca, sin aclaración, como “matrimonio MBD” (pág. 101, nota 22), esto es, con las iniciales de los vocablos ingleses correspondientes. Algo lamentable si uno recuerda aquel hipotético lector al que ha habido que instruir respecto al bien conocido personaje de Lewis Carroll.

[Enrique LUQUE BAENA. “Islas de historia. La muerte del capitán Cook: Metáfora, antropología e historia” (reseña), in Política y Sociedad, 1989, pp. 161-162]

Anuncios