✍ La idea de Edad Media. Entre el sentido común y la práctica historiográfica [1998]

por Teoría de la historia

giuseppe-sergi-la-idea-de-edad-media-8899-MLA20008946821_112013-FCon buen criterio, la Editorial Crítica acaba de traducir “La idea de Edad Media”. Este pequeño gran libro tiene una larga historia. Comenzó siendo el ensayo introductorio a un “Manual de historia medieval” que la Editorial Donzelli de Roma lanzó al mercado con la intención de actualizar (y mejorar) el conocimiento de los estudiantes sobre este controvertido periodo histórico. Las ideas expuestas allí por Giuseppe Sergi fueron tan originales, juiciosas y brillantes, que el editor decidió publicar aquel ensayo introductorio como un volumen autónomo, con un título que ofrecía pistas al lector: “La idea de edad media: entre el sentido común y la práctica historiográfica”, donde quedaba clara la postura de este agudo medievalista sobre los tópicos más habituales de aquella lejana época. La edición española escatima ese título, pero a cambio ofrece una “Nota preliminar” debida a Pascual Tamburri, también traductor, realmente espléndida, donde sitúa este libro en el interior de una rica tradición historiográfica, y la liga a un cambio de percepción de la tradicional historia de las instituciones gracias a la aplicación de métodos y cuestionarios procedentes de la “nouvelle histoire” francesa, en especial del gran medievalista francés Jacques Le Goff, por el que Sergi siente una especial admiración. Estos motivos me llevaron a conversar con él sobre los aspectos fundamentales presentes en su libro, y sobre algunas cuestiones más referentes a nuestro común interés por esa otra edad media, tan distinta a la idea que el gran público tiene de ese periodo histórico.

–Una pregunta general para comenzar esta conversación: ¿en qué sentido podemos hoy tener una idea de la edad media?

–Más que tener una idea de la edad media, lo mejor sería hacerse una idea de los diferentes periodos que la componen: la antigüedad tardía, la época de la expansión germánica, la edad carolingia, los siglos en torno al año mil, la edad comunal y los siglos de recomposición política. Pero debido a que eso no es posible, puesto que, en la cultura corriente, la edad media existe como un periodo histórico unitario, no veo otra salida que los profesionales nos dediquemos a corregir, articular y circunscribir lo que entendemos por edad media.

–¿Qué le parecen las propuestas de una edad media larga, identificada con la época preindustrial o precapitalista y que llegaría hasta la Revolución Francesa?

–Es una idea de uno de los medievalistas que estimo más, Jacques Le Goff, pero no me entusiasma. Y eso por dos motivos. Primero, porque si por mí fuera suprimiría el concepto mismo de edad media. Segundo, porque considerar medieval todo lo que antecede a la revolución industrial es una especie de complicidad con un instinto de la cultura corriente más baja, la de los museos etnográficos que buscan un pasado indiferenciado diferente al presente tecnológico.

–¿Es usted partidario de establecer periodizaciones en la historia?

–Las periodizaciones son cómodas: la dificultad es que los historiadores se ilusionan con poder cambiarlas cuando sus investigaciones demuestran que tal cosa es necesaria, pero entre tanto esa periodización ha entrado en otra cultura (por ejemplo en la periodística) y de allí no se erradica nunca. Un ejemplo es la suerte del siglo X, considerado desde hace tiempo como el siglo más oscuro, cuando los profesionales sabemos que en realidad fue el comienzo de uno de los periodos más vivos y experimentales de la historia europea.

–¿Cómo valora el encuentro entre la civilización romana y la germánica en los siglos V y VI?

–Considero el encuentro latino-germánico como el verdadero elemento generador de la cultura europea occidental: el encuentro es imperfecto en la experiencia de los visigodos en la Galia e Hispania, imperfecto también el de los ostrogodos en Italia; por el contrario, alcanza equilibrio y proyección de futuro en la experiencia de los francos en la Alemania renana y el norte de Francia, pues entre ellos no se hizo ninguna distinción entre la familia de una sangre y de otra.

–¿Ese encuentro tuvo consecuencias importantes?

–Tomando prestado un concepto de los sociólogos, se puede decir que Europa se caracteriza por la existencia de “principios de eminencia social” muy complejos, como pueden ser la cultura, la riqueza, la capacidad administrativa. Por eso es posible decir que la distinción de la que habla Pierre Bourdieu tiene su origen en aquella mezcla de principios de eminencia social (y en consecuencia de estilos de vida) que se inaugura precisamente con el encuentro latino-germánico.

–Considera muy positivo el sistema curtense o sistema de organización agrícola de la edad media, mal llamado sistema señorial. ¿Podría decirnos por qué?

–El sistema curtense no se debe enjuiciar positivamente o negativamente: tan sólo estoy de acuerdo con Pierre Toubert cuando critica con dureza a aquellos historiadores minimalistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuya influencia llega hasta el día de hoy, que lo consideran idéntico a la economía natural. Por el contrario, si se tiene en cuenta que el sistema curtense convivía con la economía de mercado y la circulación de la moneda, descubriremos su auténtica vitalidad y su sentido histórico, que condujo a una excelente distinción entre una zona de gestión directa y otra de gestión indirecta, en la que se incluían los arrendamientos campesinos.

–¿Esa cuestión le conduce a poner en duda el concepto de feudalismo?

–Lo pongo en duda por dos motivos. Primero, porque el feudalismo se suele entender como una forma de delegación privada del poder, debido a que se confunde el nivel económico y el nivel político, y eso ha conducido a comparar situaciones que son incomparables entre sí. El segundo motivo es más grave: la idea de feudalismo hace depender todos los poderes locales de la edad media de una delegación; una delegación desde lo alto, olvidando así tres aspectos fundamentales de la sociedad feudal: la gran interdependencia de los señores con sus castellanos y sus arrendados, la capacidad de ejercer la protección en amplias zonas y la eficacia a la hora de sustituir durante algunos siglos a los poderes públicos sin recibir delegación alguna.

–Habla de “infancia de Europa”, aceptando una metáfora grata a la historiografía francesa. ¿Cree que los fundamentos de Europa están en la edad media?

–Sí, creo que la metáfora de la infancia de Europa aplicada a la edad media es eficaz, porque en los siglos anteriores y sucesivos al año mil se encuentran los elementos unitarios (el encuentro latino-germánico del que ya he hablado) o las tradiciones que darán lugar a algunas de las identidades nacionales actuales.

–¿Cuál es su opinión sobre la cristiandad latina? ¿Es tan religiosa la edad media como se suele decir?

–El cristianismo, sobre todo en la versión romana, valorizada desde Clodoveo y desde los francos, indudablemente ha creado una ideología común de Europa y por eso ha sido fundamental. Ahora bien, en la medida en que ha sido un credo obligatorio e impuesto durante siglos, me parece necesario un cierto reajuste: si una ideología es un lenguaje ideológico común, que casi nadie cuestiona, se convierte en un elemento de cultura neutro. Una elección religiosa en una sociedad laicizada como la nuestra es mucho más personal y sentida. En la edad media no era una elección, sino que era algo indiscutible, permeable a la sociedad, pero al mismo tiempo era débil.

–Valora usted algunos movimientos disidentes de la edad media: el catarismo es un tema muy grato en Cataluña.

–Los estudios sobre la disidencia religiosa han revalorizado en cierta medida la elección del hecho religioso. Ha revalorizado igualmente mitos erróneos (como el evangelismo primitivo, que no es reconducible a ninguna realidad histórica), pero ha servido en cambio como contestación del sistema, como crítica a la ideología única que coartaba la elección individual y limitaba la libertad. Si se quería contestar al poder no se podía hacer más que sobre el terreno de la ideología cristiana. El movimiento de los pobres, conocido como pauperismo, en gran parte era inventado desde un punto de vista religioso, pero era una propuesta viva y alternativa sobre el plano político.

–En su libro son analizados algunos mitos medievales. ¿Qué nos puede decir del Temple y los templarios?

–El gran historiador inglés Peter Partner ha demostrado que en cada época han existido siempre grupos de mediocres que, afirmándose en susmodestas profesiones, se han hecho la ilusión de pertenecer a una elite de antigua tradición histórica. El mito de los templarios se ha prestado a dicho uso; porque los templarios eran poderosos, pero unos poderosos perseguidos por un poder todavía mayor, y porque su mito responde a esa especie de exigencia de misterio y de dimensión iniciática de la que tienen necesidad sectores ricos pero no cultos. El aprendizaje de la cultura es agotador, y muchos incultos de alto nivel social prefieren perseguir la posesión de un secreto (por ejemplo el del grial) a la lenta y fatigosa adquisición de la alta cultura.

–¿Existió el cinturón de castidad?

–Los expertos no lo consideran típicamente medieval. Si usamos una periodización clásica, el cinturón de castidad está documentado a finales de la edad media y principios de la edad moderna.

–¿Pues de dónde viene el mito?

–Este mito viene de que en los siglos XIX y XXse definió comomedieval cualquier cosa que fuese bárbara o genéricamente antimoderna.

–¿Qué mito de la edad media le parece más significativo?

–Quizás el mito del “ius primae noctis” o derecho de pernada, que no tiene ninguna base real: es completamente inventado. La razón de que aún creamos que existía esa costumbre obedece a diversos motivos: al voluntario olvido de los aspectos contractuales del poder señorial (obediencia a cambio de protección); a que los abusos y los actos arbitrarios se atribuyen siempre a la edad media; a que gran parte de los relatos folklóricos, como los carnavales, necesitan de la edad media para legitimarse, a que la rebelión contra el poder necesita un imaginario, un poder diferente al actual, más primitivo. Para todos esos ejercicios mentales resultaba fundamental la invención del “ius primae noctis”.

–El traductor de su libro plantea en un brillante prólogo el tema de las relaciones entre modernidad y edad media. ¿Cuál es su postura al respecto?

–Pascual Tamburri ha llevado a cabo un articulado análisis sobre el concepto de edad media, que a lo largo del siglo XX se ha ido precisando entre los historiadores en general, y no sólo entre los medievalistas. No hace mucho, uno de losmásthumbs.php importantes modernistas italianos me dijo que le había gustado mucho mi libro, pese a haberse sentido a disgusto porque según él los modernistas tienen necesidad de los viejos conceptos de edad media como punto de partida de sus trabajos y para definir sus categorías historiográficas. Yo quiero insistir sobre un aspecto: no pretendo ser un revalorizador de la edad media –un milenio que encierra muchos aspectos para que me resulte antipático–, pero no puedo aceptar cómo se ha valorado sólo como periodo de oscuridad; si se le interpreta como una época de experimentación, se puede constatar cómo lamodernidad se ha construido dando orden a muchos productos de aquella experimentación. Es fácil constatar, por ejemplo, que muchos prejuicios (étnicos, religiosos, culturales) se han desarrollado más en el antiguo régimen que en la edad media.

[J. E. RUIZ-DOMÈNEC. ““La edad media fue una época de experimentación”” (entrevista con Giuseppe Sergi), in La Vanguardia (Barcelona), 6 de julio de 2001, pp. 8-9]