✍ Jeunesse de Diderot, de 1713 à 1753 [1939]

por Teoría de la historia

booksEl libro que Franco Venturi tituló “Jeunesse de Diderot (1713-1753)” [Juventud de Diderot] no pasará desapercibido. Hace un claro planteo de grandes problemas y ofrece satisfactorios e importantes elementos de solución. “Demasiado novedoso en sus ideas y demasiado contundente en sus palabras para ser considerado un simple literato, Diderot no es un verdadero filósofo ni tampoco un poeta profundo… Demasiado bohemio, muy poco coherente para dar una obra eterna, perdura como un objeto de curiosidad más que de comprensión. Y, sin embargo, la obra maestra de Diderot existe… no se trata de una obra filosófica ni artística, sino de una obra maestra práctica: la Enciclopedia. Debido a la atracción que ejerció en las fuerzas más vivas de Francia, sobre todo, al equilibrio que supo ofrecer entre unas formas culturales variadas y complejas o al objetivo común al que supo dirigirlas, la Enciclopedia es una gran obra política y social. Diderot la convirtió en una fuerza esencial…”. Estas líneas del Prefacio, que traducen con claridad el propósito de Franco Venturi, nos lo muestran ya como un lúcido conocedor del siglo XVIII. Dar un sentido político a la filosofía francesa de las Luces, conferirles una energía y una fuerza suficientes como para hacer de Francia el centro de una Europa rendida ante las Luces, permitir que las ideas y los sueños de los filósofos penetren y cobren jerarquía en la historia de Francia y de Europa: tal fue la obra de Diderot. Creó una política nueva, llena de posibilidades y dinamismo cuando la política tradicional parecía estéril.  Y se puede comprender la génesis de esa política en él mismo. El objetivo del estudio de Franco Venturi consiste en operar esa comprensión en el seno mismo del interesado. Venturi nos muestra la evolución de Diderot con toda claridad. Hay un periodo de preparación de la Enciclopedia, de acumulación de energía, de fuerzas e ideas que se prolongan hasta 1753 (hasta la publicación de Pensamientos sobre la Interpretación de la Naturaleza). Hay un periodo de florecimiento, de propaganda, de lucha y afirmación: por una lado, de la Enciclopedia y, por otro, del teatro. Hay un periodo de templanza, de recapitulación, de meditación personal: es el periodo de sus grandes obras, de aquellos resúmenes de su experiencia, escritos por Diderot para Diderot más que para sus contemporáneos. El libro que tenemos ante nosotros está consagrado a la primera parte. Difícilmente podríamos analizar los detalles más$(KGrHqV,!lsE8FbzwPMnBPR98j0-Qg~~60_57 vivos y emocionantes, con todo, lo poco que acabamos de decir ya nos permite hacernos una idea del propósito del autor. Este trabajo no es el de un “historiador de la literatura”, ni el de un “historiador de la filosofía”, sino el trabajo de un hombre vivo que trata sobre un portador de ideas vivas. Se trata del esfuerzo de reconstrucción de un ambiente en absoluto pintoresco o decorativo, sino intelectual y sentimental. Un ambiente de ideas, un ambiente donde germinan ideas de profundas raíces sentimentales: entusiasmo, naturaleza, ingenio. Es por ello que, a contracorriente de tantos otros, este libro es enriquecedor. A todos aquellos a quienes les guste Diderot (soy uno de ellos), a todos los que no vean la historia de las ideas como un simple juego escolástico, a todos los que no se contenten con sólo conocer un hombre, un momento, una época a partir de un conjunto sutil o no de abstracciones, todos ellos leerán con delectación las enriquecedoras y cálidas páginas de este libro lleno de promesas que se han cumplido (1). 

NOTAS. (1) Se trata de un vigorosa reacción contra las tesis de Langrois: la influencia de la familia, de la cuchillería local sobre el gusto de Diderot hacia las técnicas, etc. (pp. 16-17). Por el contrario, la mayor influencia pasa por el matrimonio “desclasado” del futuro filósofo (pp. 19-20). Se realiza un gran análisis de los sentimientos religiosos del joven Diderot respecto de su anuencia hacia una divinidad sensible a lo físico y un valiosísimo acercamiento a los libros del Abbé Bremond “donde se abre paso, a través de los barrotes del dogma ortodoxo, a un abandono a la naturaleza y a Dios que toma ya, desde el siglo XVII, un carácter moderno” (p. 27). El dossier de los “Bijoux indiscrets”, presentado en la página 123 es muy interesante. Franco Venturi explica claramente el por qué de las apreciaciones comedidas, si no hostiles, de mundanos como Voisenon o Caylus. “Diderot era de otro mundo… Por un instante, se reconocía en la alameda de flores [allée des fleurs] pero sabiendo que, para él, su alameda era otra”. Venturi muestra muy bien la aparición de las ideas filosóficas de Diderot, sobre todo, en lo referido a su hostilidad al espíritu de sistema (p. 130). Hay unas notas valiosas sobre la génesis del ateísmo en el marco de una concepción abstracta del alma, de su recurso a la intención inmediata en el Diderot de las Cartas sobre los ciegos (p. 161), de la importancia histórica del escándalo de Prades, etc… No continúo. Creo que ya escribí bastante como para invitar a leer un libro de calidad.

[Lucien FEBVRE. “La genèse des idées de Diderot”, in Annales d’histoire sociale, vol. II, 1940, pp. 46-47. Traducción del francés por Andrés G. Freijomil]

Anuncios