✍ Historia y hermenéutica [1987/1993]

por Teoría de la historia

gad_kos2La casa editorial Paidós ofrece, con el título nº 43 de su colección “Pensamiento Contemporáneo”, la traducción inédita en castellano de tres ensayos de Reinhart Koselleck y Hans-Georg Gadamer, dos de los grandes nombres del “giro hermeneútico” alemán. El ensayo de Koselleck, que tiene por título “Histórica y hermenéutica”, se refiere a una conferencia dictada el 16 de febrero de 1985 en un homenaje a Gadamer por sus 85 años. De los dos textos de Gadamer, el primero, “Histórica y lenguaje: una respuesta”, es una réplica a la disertación de Koselleck, mientras que el segundo, “La diversidad de las lenguas y la comprensión del mundo”, es una conferencia pronunciada en 1990, en la Universidad de Heidelberg, con respeto al programa de actividad del Studium generale del semestre de verano. El ensayo de Koselleck quiere subrayar la aportación del enfoque hermeneútico, y particularmente la de Gadamer, quien ha mostrado la relación fundamental que existe entre la historia y el lenguaje. No obstante, el historiador alemán opina que si el enfoque postulado por su maestro ha permitido a la epistemología histórica dar un gran paso adelante, la reflexión hermeneútica tiene como inconveniente el subordinar la historia a la lingüística, lo que, en consecuencia, haría imposible toda idea de una teoría de la historia. A esta “historia conceptual” (Begriffsgeschichte), reflexión teórica dependiente de la hermeneútica, Koselleck opone la noción de “Histórica” (Historik), teoría de la historia autónoma de ella, aunque continua a fundamentarse en ella. Esta Histórica, el historiador alemán la define como una “doctrina trascendental de la historia”, de las “condiciones posibles de historias”. La demostración de Koselleck se basa en dos reflexiones, las cuales constituyen las dos partes del ensayo. En la primera parte, el historiador alemán saca sus argumentos de la ontología fundamental de Heidegger, interesándose principalmente en la historicidad del Dasein, a partir de las cinco categorías trascendentales de historias son posibles. Ellas se establecen en forma de relaciones entre el “deber morir” y el “poder matar”, amigo y enemigo, interior y exterior, los conflictos entre generaciones, así como amo y esclavo. Pero para Koselleck, estas solas categorías no son suficientes para establecer una Histórica. De ahí la segunda parte, donde el autor nos introduce al enfoque hermeneútico de Gadamer, quien coloca otra categoría suplementaria, la lingüística como fundamento del entendimiento histórico del mundo. Sin embargo, Koselleck quien pretende seguir a su maestro, si es verdad que la lingüística tiene para la historia una importancia considerable por el hecho que se elabora a partir de fuentes escritas, ello no quiere decir que tiene por fin el lenguaje como lo ambiciona una cierta hermeneútica filosófica. Esto porque al contrario de la jurisprudencia, de la filología o la teología, la historia tiene con las fuentes una relación totalmente diferente a ellos, porque ella aprehende estados de cosas en una perspectiva continua fuera del texto. En otras palabras, el historiador no encuentra el proceso histórico en las fuentes que consulta: se sirve de ellas para idearlas lingüísticamente. Desde entonces, ¿existirían posibilidades de historias imposibles de conceptuar bajo un punto de vista lingüístico? Es lo que cree Koselleck, de ahí la justificación y la razón de ser de una Histórica. Los dos ensayos de Gadamer tienen en común el llamar la atención sobre la importancia primordial del lenguaje para el hombre y sobre el concepto aristotélico del hombre como “animal racional” dotado del sentido de alteridad (Anders-Sein). El filósofo alemán insiste en este primer punto en su replica a Koselleck, señalando que las categorías heideggerianas que él pone en relieve para la formulación de una Histórica no constituyen una sola especificidad del Dasein, lo que haría que sólo el hombre tendría la capacidad de pensar “históricamente” pues ellas se encuentran también dentro de ciertas sociedades animales. En la opinión de Gadamer, esta capacidad se encuentra más bien en su “lingüisticidad” y su sentido de la alteridad. La primera nos permite entender cómo el hombre, a la diferencia de otros seres vivos organizados en sociedades, tiene con el tiempo, la muerte y el futuro una relación completamente diferente. Conceptúa esa relación recurriendo a la historia, que éf expresa mediante relatos contados y que siempre son narrables. Sin embargo, si el hombre puede controlar tramas históricas, es incapaz de controlar la historia, porque ella nunca concluye, pues ella no suele limitarse en la historicidad de los actores de la época, tampoco en la de los narradores del presente. En consecuencia, no puede ser escrita de una vez por todas. Entonces, ¿porqué, a pesar de que esté condenada a no ser más que una doxa, la historia continua fascinándonos? La respuesta se encuentra según Gadamer en nuestro sentido de la alteridad: el hombre del presente se reconoce en el “otro” del pasado, en el “otro” de los hombres, en el “otro” del acontecimiento. La diversidad de las lenguas y la comprensión del tmmdo retoma los temas de la constitución lingüística del hombre y de su alteridad como fundamentos del conocimiento. La lingüisticidad, cuestión que desde siempre ha fascinado la filosofía, ha llegado ser más, que nunca un problema esencial del conocimiento, sobre todo después de los aportes del linguistic tum. De ahí en adelante, Gadamer pasa a la problemática del entendimiento del mundo, una realidad que considera inseparable del hombre. Este entendimiento debe ser por supuesto plural, y eso lo atestigua, como nos dice Gadamer, las cantidades de idiomas hablados en el mundo. Por ello resulta completamente erróneo la creencia de una ciencia válida solamente cuando recibe una sanción universal. Porque para el filósofo alemán, el conocimiento tiene una intención moral y no lógica. En fin y al cabo, a partir del momento que uno acepta la idea de que el entendimiento tiene como fin último el entendimiento del “otro”, concluye que es sólo en la aceptación dei pluralismo que la “razón” se impondrá a todos. La hermeneútica es llamada a jugar un papel muy importante, sirviendo “para desarrollar la posibilidad de transmitir al otro lo que uno piensa de verdad y obtener de él la respuesta,)a réplica e su modo de pensar.” Esta edición incluye una larga (casi la mitad del libro) y densa introducción de José Luis Villacañas y Faustino Oncina, que tiene el9783825339326 mérito de presentar bien el contexto detrás de los pensamientos de Koselleck y Gadamer. El reproche que uno puede hacer es que los presentadores han metido demasiado énfasis en la reflexión del primero, un desequilibrio que se encuentra acentuado por las muy numerosas referencias a su obra Futuro pasado (aunque resultan muy útiles para abordar esta obra). La traducción, realizada por Faustino Oncina, profesor de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea en la Universidad de Valencia, demuestra como le atestigua las numerosas notas de pie de página, la meticulosidad, el rigor, la complejidad, en breve la gran dificultad que representa tal empresa (a un punto tal que el traductor recurre a neologismos para respetar la semántica de conceptos que suelen reducirse a la misma palabra en castellano), y el alto nivel profesional con el cual ha sido conducida. Así, Oncina tomó la (buena) iniciativa de poner entre paréntesis los términos alemanes que definen estos conceptos claves. Cabe añadir que esta edición comprende también una bibliografía temática que resulta muy útil para el lector interesado en profundizar los pensamientos de Koselleck y/ o Gadamer, también como los temas de la historia conceptual y de la semántica histórica.

[Roch LITTLE. “Koselleck, R., Gadamer, H.-G. Historia y hermeneútica. Introducción de José Luis Villacañas y Faustino Oncina. Traducción de Faustino Oncina. Colección “Pensamiento Contemporáneo”, no 43. Barcelona, Paidós I.C.E./U.A.B., 1997. 125 p.” (reseña), in Memoria y Sociedad (Bogotá), vol. III, nº 5, 1998, pp. 189-191]