✍ Les Paysans de Languedoc [1966]

por Teoría de la historia

17975 copiaNo hay duda: con “Los campesinos de Languedoc”, estamos ante un libro de historia como hace décadas no se publicaba. Todo está allí: el marco geográfico, original y extenso, pero sin exceso; un fragmento del mundo mediterráneo; la duración de tres vastos siglos y un crecimiento en dos tiempos y dos declives; la riqueza de la información, sustentada, sobre todo, por los admirables “compoix” (catastros) y las largas contabilidades eclesiásticas del Midi; el soberano orden de la composición, naturalmente cronológico, y bien ensamblado y focalizado; una cultura tanto multidisciplinaria (de la meteorología y la pedología a los modelos económicos y la psiquiatría) como internacional que no tiene ningún equivalente notorio, en particular, cuando nos enteramos que el autor redactó su libro poco después de cumplir los 35 años; unas conclusiones acabadas y luminosas junto a un brote continuo de audaces hipótesis; el estilo de un gran escritor actual, familiar y elaborado, provocador y pintoresco que, en suma, aporta, entre los sombríos barbechos de las clásicas tesis francesas, un serie de flores muy raras: vivacidad y humor. Un libro principesco que sella una época y que marcará a toda una generación. La introducción cuenta, sobriamente, el periplo de una mente que comenzó sumando hectáreas y terminó descubriendo almas, que se desprendió, sin abandonarla, de la pura historia cuantitativa con el objetivo de afrontar “el formidable obstáculo de las mentalidades…, la crónica de las revueltas sin esperanza…, la sangrienta historia de las religiones rurales”. Lo que, a fin de cuentas, Emmanuel Le Roy Ladurie ha intentado llevar a cabo es una aventura, la historia total de una provincia y de tres siglos. Así pues, no encontraremos aquí ningún discurso sobre la diacronía y la sincronía, ninguna proclamación o defensa teórica, ni tampoco “estructuras” y “coyunturas”. La primera parte se titula “campos de fuerza”, un estudio de “antropología social” que no combate, ni vaticina, ni chapurrea. Un capítulo sobre las “sugestiones” del clima, contundente y breve, donde encontramos al autor de notables artículos que pronto ofrecerá amplios estudios de historia climática. Páginas llenas de vida sobre la17975 “civilización vegetal” y la “tecnología agraria” (como por ejemplo, los referidos a los huertos de Nîmes o del Comtat, o a los bieldos y los arados simples) que merecerían figurar en las mejores antologías; una poderosa evocación del “campo migratorio”, del descenso de los montañeses, de la “mendicidad” de Languedoc, del choque de influencias adversas entre el norte y el sur. Con el apoyo de estos cimientos, la sociedad rural del Languedoc comienza a cobrar movimiento. El primer marco de la segunda parte remite, ¡al fin!, al llamado renacimiento “malthusiano”. Conforme avanza un siglo devastado, el siglo del “hombre raro” -el XV-, la erupción demográfica se adueña del siglo XVI hasta 1570, provocando deforestaciones, plantaciones y luego la división de las tierras, la dispersión de las parcelas, el retroceso de los pobres -demasiado numerosos y muy mal pagados-, el inesperado estancamiento de la renta, pero el claro triunfo del beneficio. La expansión se frena ante la frontera económica malthusiana donde todo sigue igual, sobre todo, en lo referido a la productividad y la tecnología. No aparece ninguna otra forma de capitalismo y la sociedad se viene abajo. Tras este primer fresco, es el lector quien debe descubrir los tres siguientes: los retrocesos, las ofensivas, las revoluciones más o menos religiosas, las revueltas contra los diezmos, las luchas y los aquelarres de fines del siglo XVI. Luego se muestra (y demuestra rigurosamente) la victoriosa ofensiva de la renta en un “próspero” (para algunos) siglo XVII hasta los años 1670, es decir, mucho más tardía de lo que se creía y a contracorriente, ¡gracias a Dios!, de las viejas “opiniones” que recibimos por servilismo y pereza. Finalmente, el gran reflujo de la época de Luis XIV con sus desplazamientos humanos y de aquellos de donde surgen los hombres de tierra adentro. paysans-de-languedoc-de-emmanuel-le-roy-ladurie-livre-872911394_MLLuego, como relativa consecuencia y trágica apoteosis, las rebeliones histéricas y sagradas del campesinado de Cévennes. La conclusión termina con un himno a Malthus, finalmente leído y comprendido, aquel “profeta del pasado” que ha llegado para explicar un mundo en pleno movimiento, “un mundo demasiado nuevo”. Dan ganas de aplaudir. Esta obra que parece breve -no obstante sus 650 páginas sin los diagramas y los suplementos- ya ha sido muy bien recibida por la crítica internacional seria, incluida la británica, la más exigente. Se la lee y no cansa, se la lee con pasión, ¿como una novela? Tal vez… Tal vez conserve de la novela el exceso de talento, la magnificencia de los escorzos, los riesgos de la imaginación. Por momentos penetrante y excitante, falta, sin embargo, un decisivo arsenal de pruebas más numerosas y suficientemente sólidas que sean bien propias de Languedoc, a pesar de la riqueza de las cifras y los gráficos del tomo II, allí donde triunfan las impresionantes series de diezmos, como casi nadie lo había observado antes. ¿Resulta convincente la interpretación psicoanalítica de las rebeliones? La demografía catastral (otra falla, sobre todo, al principio, cuya calidad puede ser discutida), ¿expresa algo más que simples fluctuaciones de la propiedad (¿y los no propietarios de los que nos dice rápidamente que no cuentan?) o son realmente fluctuaciones de la cantidad de hombres? Las hábiles incursiones más9782080810076 allá de Languedoc (a veces demasiado alejadas, incluso, el célebre episodio del mismo delfinado, el carnaval de Romans…), ¿compensan que se hayan dejado en la sombra los abundantes archivos de todo el Alto Languedoc (el de Toulouse)? Pronto tendremos noticias sobre este punto que jóvenes investigadores ya están indagando. Tampoco discutamos el título general ni las cinco “partes” que lo conforman de las cuales se ha descartado -curiosamente- toda aproximación cronológica. Estas reservas, inquietudes, pedidos de precisión, de solidez o de ampliación no son, sin embargo, más que detalles menores. Demos la franca bienvenida a una gran obra que se sirve de los grandes archivos (que uno buscaría vanamente en la mitad norte del reino) y de una gran mente. Ahora correremos el riesgo de medir, de aquí en adelante, cualquier libro de historia social con aquellos campesinos, de cuya ardiente generación difícilmente podrá desprenderse.

[Pierre GOUBERT. “Le Roy-Ladurie (Emmanuel). Les paysans de Languedoc”, in Revue belge de philologie et d’histoire (Bruselas), vol. XLV, nº 3, 1967, pp. 957-959. Traducción del francés por Andrés G. Freijomil]