✍ El populismo ruso [1952]

por Teoría de la historia

1300(1)El italiano Franco Venturi, nacido en 1914, profesor de Historia moderna en la Universidad de Turín, conocido por otras varias e importantes obras, entre ellas el Settecento riformatore. Da Muratori a Beccaria (1969), mantenía desde los años treinta, como una constante vital e intelectual, el deseo de estudiar la historia del movimiento revolucionario del XIX ruso. Una estancia de tres años en Moscú, entre 1947 y 1950, le dio la oportunidad de consultar los archivos de la Biblioteca Lenin, como base, no decisiva desde luego, dentro de la inmensa bibliografía manejada, para empezar a romper el silencio establecido y la profunda ruptura historiográfica entre populistas y marxistas. Populismo es la traducción de la palabra rusa narodnichestvo, que deriva de narod, pueblo. Cuando el movimiento adquirió fuerza se acuñó la palabra narodnik, populista, para designar a sus miembros y adalides. La ideología populista cristalizó en torno a la revolución europea de 1848, encarnada en la figura de Herzen y en sus intentos de dar vida a un germen socialista en la Rusia de Nicolás I. Todo el socialismo ruso es populista desde 1848 a 1881, y Venturi lo considera como el tronco común del que después, al cambiar las condiciones, llevó a la revolución de 1917. Gran parte del esfuerzo de Venturi está encaminado, con sus deslindes y acotaciones, a demostrar que el estudio minucioso de la aventura populista, sus conflictos y peripecias, como parte destacada de todo la rica tradición socialista europea -cuya complejidad es imposible monopolice una sola corriente, aun siendo la marxista-, «podía servir de llamamiento y de medida para los soviéticos que despertaban a la comprensión de los principios, de las raíces de la sociedad en que vivían». Los veinte años de luchas, derrotas y sacrificios de los populistas marcarían indeleblemente el destino de la Rusia moderna. Los populistas crearon el partido de los revolucionarios profesionales y una nueva relación entre la inteliguentsia y la revolución. Para un destacado crítico de la obra de Venturi, I. Berlin, retornar a la esencia del populismo, históricamente considerado, es importante porque los temores y las contradicciones de aquellos primeros revolucionarios rusos en torno a los problemas de la relación entre las élites y el pueblo, de la dictadura revolucionaria y de las masas trabajadoras, «volvían a presentarse con angustiosa inmediatez en la Union Soviética en el tránsito de los años 50 a los 60». El populismo ha atraído especialmente la atención de los historiadores soviéticos en estos últimos años, por sus connotaciones democráticas, aunque el problema inevitable del renovado interés es siempre la comparación histórica con e l marxismo. Dice Venturi: «A medida que la historiografía soviética se consagre, como es deseable, a reconsiderar las relaciones entre mencheviques, bolcheviques y socialistas revolucionarios, se encontrará cada vez más ante las cuestiones que ya están in nuce en la historia del populismo y de todo el movimiento revolucionario, de Herzen a la Narodnaya volia», Herzen como inspirador y la Narodnaya volia («La Voluntad del Pueblo ») como la revista integradora de los ideales de este partido. La temática del libro de Franco Venturi se expresa por la narración de las conjuras y las luchas provocadas por el populismo para destruir la autocracia zarista. La primera edición de El populismo ruso fue lanzada por Einaudi en 1952, y la segunda edición, también por Einaudi, veinte años después, en 1972. Estos veinte años de diferencia no gravitan excesivamente sobre la vigencia de la obra -por tratarse de una obra historia es, en cierta manera, de contenido intemporal-, mejor dicho, no gravitan de ninguna forma por la sencilla razón de que, aparte el citado valor intemporal, Franco Venturi ha escrito una extensa introducción a la segunda edición que por sí sola la introducción ya reúne cualidades sintéticas y valorativas de otro libro de plena actualidad, donde no solamente el autor se hace eco del ambiente crítico despertado por su obra sinoel-populismo-ruso-tomo-2-autor-venturi-alianza-editorial_MLA-O-59405730_4072 que acierta a formular sus tesis con la regularidad y precisión que la decantación comparativa -Venturi inspiró a la crítica y la crítica, a su vez, no dejó de brindarle algunas que otras nociones, hasta crear un cuerpo común de pensamiento reflejado positivamente en la mencionada introducción- le ha permitido en cuanto a posible perfeccionamiento del aparato bibliográfico y matización de las opciones en el estudio del tema. En esta segunda salida se basa la versión castellana realizada cuidadosamente por Esther Benítez y que ha editado en dos tomos la Biblioteca de la «Revista de Occidente» (Madrid, 1975; 1086 págs.), sección Ciencias Históricas. En el consejo asesor figuran Maravall, Artola, Caro Baroja, Anes, Terán y Varela Ortega. Me parece elogiable el esmero de la edición, libre de erratas, atractivo, con su útil índice onomástico -costumbre que, por desgracia, se va perdiendo entre los editores, no sé si por razones económicas o por simple negligencia (creemos que el índice onomástico en los libros de ensayo y pensamiento es imprescindible)-, pero no me gusta ni la creo útil la forma de insertar las notas al final de cada capítulo. Consultarlas plantea laboriosos manejos de paginación y búsqueda innecesarios. Las notas deben ir a pie de página o al final del libro correlativamente numeradas. El creador del movimiento populista ruso es Herzen, nacido a la vida política por la emoción y el horror que le inspiró la rebelión y represión de los llamados decembristas (1825), que era la salida final de un esfuerzo que ya duraba cien años. Entre Herzen y los escritores eslavófilos, por oposición, contribuyeron a convertir el socialismo ruso -de reflejo intelectual de problemas occidentales que era- en una fuerza ligada con la realidad campesina de su país. Otro de los populistas famosos, Bakunin, se inspira, antes que en Marx, el cual carecía del «instinto de la libertad», en Proudhon. Para buscar las raíces del movimiento populista, Venturi acomete la empresa de esclarecer el «cotidiano y creciente enfrentamiento entre campesinos, nobles y il-populismo-russo-vol1Estado en el imperio de Nicolás II y la lenta penetración de las ideas socialistas, así como la pugna de fuerzas que había convertido a Rusia en el último país de Europa que procedió a la liberación de los siervos y que tuvo como defensores, entre otros, a Ogarëv y Petrashevski. Si Herzen -quien, por cierto, odió intensamente durante su exilio en Londres a los alemanes que se congregaban en torno a Marx- fue el creador del movimiento populista, Chernyshevski fue el político y dio ideas y líneas de acción, ayudado por Dobroliúbov, cuya obra ha quedado como una vigorosa protesta contra «el amor platónico en la actividad social». Shapov acabó convenciéndose de la función dirigente de la inteliguentsia, pero antes creó el filón del populismo que miraba a la aldea con el ánimo de quien escucha y aprende reverente, no con el de quien enseña y predica. Venturi dedica hermosas páginas de la lucha por la libertad y las agitaciones campesinas. Antes de seguir sirviendo a los señores, los campesinos, frente a las tropas, estaban dispuestos a morir por «Dios y el zar». El movimiento estudiantil proporcionará al populismo sus mandos iniciales. Uno de los primeros grupos típicos populistas surgió en Moscú, años 1854-1855, integrados por lo que la autoridad denominaba estudiantes negros, es decir, los que no procedían de las clases elevadas. Respecto a la libertad de la mujer, problema no prioritario a juicio de Chernyshevski, pero integrante de las transformaciones que sufría la sociedad rusa, Mijailov transplantó las discusiones en torno al antifeminismo de los últimos libros de Proudhon. Observamos cómo los primeros grupos, las revueltas, los libelos, la prensa clandestina, las detenciones, las matanzas, las huelgas, las reivindicaciones sociales y el ancho cuerpo teórico de un país en ebullición va adquiriendo efectividad práctica. En la obra de Franco Venturi hay un valioso componente biográfico. Muchos personajes oscuros o esquemas de individuos, sombras de la historia, adquieren perfiles humanos, dentro de su excentricidad y a veces de su fanático heroísmo que, de otra manera, si no es por la voluntad del autor, se hubieran hundido para siempre en la confusión del tiempo. Emociona, por ejemplo, si cabe el termino, la vida de Nechaev, la mayor parte del tiempo en la cárcel o en el exilio y que hizo gala de una fiera dignidad invencible que ni los cepos en pies y manos pudieron mitigar. Constituye factor de elevado interés d aislamiento de las vías por las que se fueron incorporando al movimiento populista las ideas manistas: «El marxismo -escribe Venturi- actuaba ante todo dándoles una mayor confianza en el devenir histórico y suscitando el deseo de una investigación, de un estudio sociológico de conjunto». También, datos muy particulares de la época, silenciados por los grandes esquemas políticos yil-popularismo-russo-vol2 económicos, tales como la miseria del estudiantado. Anota Venturi que los estudiantes «llegaban de provincias lejanísimas, a veces a pie, para estudiar, dormían a veces dos en una alacena, y en el verano en los jardines públicos, si la policía se lo permitía», en una época en que el Gobierno, desordenadamente, amplió el acceso de las clases populares a las universidades. En general, el prototipo de revolucionario ruso se caracterizó por su apasionamiento casi místico, su anhelo cultural y por la trayectoria que comportaba la actividad clandestina política, el confinamiento, la cárcel, la emigración o la pena de muerte. La mayoría de los revolucionarios dio con sus huesos en la tristemente célebre -va como lugar común- fortaleza de Pedro y Pablo. La diáspora populista recalaba en la Europa occidental, y París, Londres y Zurich hervían con las polémicas de los emigrados rusos, detalladamente observadas por Venturi. En El populismo ruso se pasa revista a los grupos de presión que intentaron modificar el régimen de la Rusia feudalista y sirvieron de base a las ulteriores transformaciones que, acaecida la revolución del 17 y asentado Stalin, silenció esa etapa de la historiografía rusa. Venturi no ha dejado ninguna conspiración, conjura, personalismo rebelde, mitin, libelo, proclama, atentado u obra teórica de aliento sin su correspondiente acotación, con lo que ha demostrado tanto el rigor de su planteamiento como su enjundioso aire vocacional por el tema. La obra de Franco Venturi, por su riqueza en el dato y los temas que suscita -las características y el sentido del terrorismo (atentado mortal contra el zar Alejandro II), los fundamentos de la fe socialista, los conflictos de la relación élite-pueblo, los problemas agrarios, la importancia de las tradiciones campesinas, la evolución del feminismo eslavo, el «separatismo» siberiano, la penetración de las teorías marxistas, el componente biográfico y humanista, la idiosincrasia eslava occidentalizada, los modos de vida, el mecanismo de la censura, el negocio que supuso para el estado la «liberación» de los siervos, el aleteo de los últimos destellos «románticos» de la revolución y la confianza en las meras posibilidades de la «causa justa», etc.-, es ya una obra clásica en el contexto de la historiografía que hunde sus raíces en las motivaciones de la actual Rusia sovietizada. Pese a los sufrimientos de los activistas, a los grilletes, las condiciones infrahumanas de los presos y sus confinamientos a perpetuidad en Siberia, aún en esta época latía un cierto primitivismo de cierta inocencia, tanto en los rebeldes como en las técnicas represivas, hoy totalmente cambiado de signo en todo el mundo. Los revolucionarios actuaban, si no abiertamente, sin guardar grandes precauciones, con una confianza que ahora no tiene por menos que aparecérsenos inocente o demasiado noble. En contrapartida, la represión tampoco había alcanzado sus tácticas sutiles. Termino con una anécdota. Mijailov, condenado a muerte, a quien Alejandro III conmutó la pena por la de trabajos forzados, podía escribir desde la prisión y poco antes del proceso cartas a sus amigos en las que decía: «En Rusia no hay más que una teoría: conquistar la libertad para tener la tierra». Y agregaba: «Sólo hay un camino: disparar al centro».

[Eduardo TIJERAS. “Venturi: El populismo ruso”, in Tiempo de Historia (Salamanca), Año II, nº 17, 1 de abril de 1976, pp. 104-108]

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