✍ El capitalismo. Breve exposición de su historia, sus resortes, sus inconvenientes y sus ventajas [1948]

por Teoría de la historia

71ohc23sfaL._SL1500_Para François Perroux (1903-1987) “capitalismo es una palabra de combate”. Es con esta frase que el célebre economista francés comienza su pequeño gran libro dedicado al capitalismo. Esto es porque –según Perroux– “Karl Marx y los marxistas lo lanzaron a la arena política cargándolo de explosivos de los cuales nunca ha podido deshacerse completamente”. De ahí que durante mucho tiempo el término haya sido rechazado en los medios universitarios y científicos. Perroux va a contribuir a que este estado de cosas cambie empleando el término sin una intención previa de ataque o de defensa. El análisis perrouxiano del capitalismo se sitúa en la línea de Schumpeter, autor que el primer economista francés admitido en El Colegio de Francia conoce con profundidad. Para Perroux el capitalismo es ante todo “una economía de empresa”. La empresa, institución cardinal del capitalismo, no es una unidad de producción cualquiera. Se trata de una unidad de producción que combina factores de producción evaluados a sus precios y tiende a obtener un producto evaluado también a su precio. La combinación técnica sólo es un medio de la combinación económica. Los coeficientes técnicos de producción tienen una importancia que se desvanece a favor de los coeficientes económicos de producción. Lo que importa no es la maximización técnica sino el óptimo económico. La empresa combina factores de producción con el propósito de obtener un producto que se coloca en el mercado. No tiende inmediata y principalmente a satisfacer las necesidades de sus miembros. Lo que le interesa es vender su producto al costo o, aún mejor, por encima del costo. La empresa responde a las necesidades solventes del mercado y se conforma a la jerarquía de dicha solvencia y no a “la urgencia apreciada en términos de laboratorio o por referencia a la moral de un grupo”. La empresa se esfuerza por maximizar su ingreso monetario neto o beneficio, “la quinta esencia de la motivación capitalista”. Para subsistir debe al menos cubrir todos sus costos incluyendo el beneficio normal del empresario sin el cual no podría continuar su actividad. Según Perroux, los empresarios pueden dividirse en estáticos o dinámicos. El empresario estático es ciervo de las contabilidades pasadas, el empresario dinámico las transforma. El primero mintiendo a su función tiene una mentalidad de rentista y considera su negocio como una colocación segura. El segundo “se embarca” y acepta grandes pérdidas en su carrera incesante al beneficio excepcional. El empresario estático se conforma con el beneficio normal en tanto que el empresario dinámico busca el beneficio excepcional gracias a la introducción de innovaciones que trastornan los hábitos provocando cambios. El empresario dinámico innova económicamente haciendo pasar a la realidad del mercado la invención técnica o, de manera más general, la nueva combinación. El capitalismo está marcado en su funcionamiento, como en el curso de su historia, por el espíritu de la innovación y por la realidad de la innovación, individual o colectiva. El capitalismo es dinámico o cesa de existir. Las condiciones generales de su éxito sólo pueden obtenerse cuando se ha comprendido bien que en condiciones de estado estacionario el capitalismo perece. Para Perroux, la economía de empresa es una economía descentralizada. La empresa y el mercado están recíprocamente vinculados. No hay empresa sin mercado, ni mercado sin empresa. “Por más imperfecto que pueda ser, el mercado tiene el mérito de mantener algún contacto entre los productos y los gustos de compradores y consumidores. Por más desviado y orientado que esté, el compromiso de los precios salvaguarda de alguna manera la libertad de las partes. Por más criticable que sea económica y moralmente en casos particulares, el beneficio es aún la incitación y la sanción más práctica y menos costosa que haya podido ser implementada en una economía realizada”. En pocas palabras, para el profesor de El Colegio de Francia: “el mercado aunque muy imperfecto vale más que una planificación perfecta; un compromiso en el cual todos los participantes tienen derechos limitados de expresión y de acción vale más que un régimen donde por definición el Estado tiene sobre los ciudadanos poderes de disposición ilimitados”. Aunque tanto Schumpeter como Perroux le dan a los empresarios innovadores un papel central en la dinámica del capitalismo, Perroux considera que el Estado juega un papel primordial como coordinador y árbitro en dicha dinámica. El Estado da cuerpo y sentido al conjunto nacional en el cual se apoya cada capitalismo nacional cuando se trata de partir a la conquista del mundo enfrentando a otros capitalismos. Para el maestro Lyonés, el capitalismo es por naturaleza un sistema mixto: “Ni el capitalismo atomístico, ni el capitalismo de grandes unidades han funcionado nunca independientemente del Estado. Las iniciativas y la influencia de éste se revelan en su nacimiento, durante su crecimiento y en sus resultados. La historia nunca ha conocido un capitalismo entera y exclusivamente privado. La observación presente no nos revela ninguno”. La economía de doble sector (sector nacionalizado y sector privado) es un hecho en muchos países del mundo. Perroux está por una intervención liberal del Estado que respete la lógica interna de la economía de la empresa y el mercado. Se trata de intervenciones correctivas no destructoras de la economía que pueden clasificarse en dos tipos: 1) Los marcos institucionales y las “reglas del juego” son determinadas por el Estado cuyo deber e interés son restaurar las condiciones de una competencia practicable, de una empresa dinámica y de una inversión privada vigorosa. En este caso, el Estado no destruye los resortes del mercado, los protege o los refuerza mejorando las condiciones de distribución sin poner en peligro la productividad. El objetivo es influenciar la formación de los ingresos monetarios dejando al perceptor del ingreso la disposición de sus medios. 2) En el más liberal de los regímenes la producción y la inversión se establecen a partir de planes privados que contienen una dosis apreciable de apuestas a favor de estructuras nuevas. En un régimen sometido al intervencionismo liberal, el Estado expresará sus propias apuestas y corregirá eventualmente las de los grandes empresarios, gracias a un plan financiero y fiscal flexible que actúe a través del impuesto y la moneda en el consumo global, la inversión global y el ahorro global. Aunque la lógica del capitalismo es la de la más grande ganancia monetaria gracias a la innovación, para Perroux no hay ninguna sociedad que pueda construirse o mantenerse en pie gracias únicamente al espíritu de lucro. “Cualquier sociedad capitalista funciona regularmente gracias a sectores sociales que no están impregnados ni animados por el espíritu de ganancia y la búsqueda de la mayor ganancia. Cuando los altos funcionarios, el soldado, el magistrado, el cura, el artista, el sabio están dominados por este espíritu, la sociedad se desploma y toda forma de economía se encuentra amenazada. Los bienes más preciosos y más nobles en la vida de los hombres, como el honor, la alegría, el afecto, el respeto de los otros no deben llegar a ningún mercado…”. Perroux termina su reflexión sobre el capitalismo estableciendo una diferencia entre lo que él considera un capitalismo que “marcha bien” y “un capitalismo que termina bien”: “El capitalismo marcha bien, si lleva al máximo y de maneraLe-Capitalisme-Livre-933443546_ML continua el producto real disponible, y si además disminuye continuamente las tensiones sociales. Estas tensiones son definidas (y pueden ser a menudo medidas) como diferencias entre las cantidades deseadas y las estructuras deseadas por los individuos, los grupos sociales, las clases sociales y las cantidades y estructuras realizadas efectivamente. La maximización del producto real disponible supone que el máximo de innovación eficaz es realizado y se propaga al conjunto de la economía a una velocidad óptima. La reducción de las tensiones implica la de los costos humanos del progreso y supone que la economía adquiere un sentido, un significado inteligible para todos, especialmente para los más desfavorecidos”. Sin embargo, según Perroux para que el capitalismo que “marcha bien” se convierta en “un capitalismo que termina bien” la especificidad de las instituciones y de la lógica capitalista debe ser cambiada a varios niveles: “En la propiedad privada de los medios de producción: ésta es corregida, ciertamente, de manera vigorosa en las economías actuales gracias al control público. En la empresa privada y sus innovaciones: esta institución, sin duda alguna, está inserta actualmente en un aparato complejo de creación colectiva. En la de la ganancia monetaria más grande: este principio de la economía mercantil cede cada día más visiblemente a favor de la economía humana. En la explotación según el estilo capitalista del ‘trabajo libre’: esta explotación es contraatacada con la organización de las fuerzas de trabajo y con una conversión de las instituciones”. Para Perroux, sólo un conocimiento científico desmitificado gracias a las luchas sociales permitirá que “el capitalismo que marcha bien” se convierta en “un capitalismo que termina bien”, es decir, “en una economía completamente nueva en sus principios y reglas del juego, que tienda a realizar la plenitud de todos los hombres y de todo hombre”. Así como vemos, en los enfoques de Shumpeter y Perroux nos encontramos muy lejos del mercado y de su mano invisible. No es la competencia la que explica la dinámica del sistema, sino las firmas dominantes, gracias a la innovación (Schumpeter) y al Estado (Perroux).

[Héctor GUILLÉN ROMO. “Los grandes teóricos del capitalismo”, in Mundo Siglo XXI, nº 7, 2006-2007, pp. 18-20]

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