✍ Modernidad líquida [2000]

por Teoría de la historia

071201_JFari_a_ModernidadLiquidaHay libros que son como un mapa de lo que está por configurarse, libros que anticipan las coordenadas de un futuro que late en la incertidumbre del presente. Son libros que parecen eyectados de un volcán y caen en algún lugar de la sociedad, irradiando el calor de una verdad incandescente. Son libros de emergencia. En ambos sentidos y colores de la palabra: surgen y urgen. Emergen de un paradigma en erupción y requieren, urgentemente, una lectura plural y detenida. Suelen ser escritos -a pesar de los esfuerzos del marketing y las editoriales por lanzar autores jóvenes al estrellato- por pensadores que rondan los ochenta años, quienes, sin ser vistos y súbitamente, componen la realidad de una manera distinta, como si la inventaran, atravesándola. No se trata de ficciones. Todo lo contrario. Son palabras que pesan como el destino de lo irresuelto. Es el caso de Zygmunt Bauman, destacada figura de la sociología actual, cuya mirada ensayística no le teme a lo inasimilable de estos tiempos. En la década del noventa sus libros fueron traducidos a varios idiomas. Pregonan ideas que se enfrentan con los “conceptos zombis, los que viven en los dichos y mueren en los hechos”. La globalización. Consecuencias humanas (1999), En busca de la política (2001), La modernidad líquida (2002), La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones con Keith Tester (2003) y, de reciente publicación, La sociedad sitiada, plantean un vertiginoso itinerario por la inconsistencia de la actualidad. Bauman acude a la materia para explicar lo sustancial de nuestra existencia: “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”. Esta “modernidad líquida”, resabio de la posmodernidad irónica, plantea, a su vez, una velocidad distinta, que arrasa con las permanencias. Ya nada dura sino hasta la medida del cansancio. Pero el agotamiento al que se refiere Bauman no es similar al de las “localidades agotadas” de un teatro; en tal caso, advierte el sociólogo, uno elige irse a otra parte, ver otra cosa, vivir otro momento. Lo agotado de las localidades estaríaliquid-modernity indicando un sitio colmado. Bauman subvierte el término para hablar de lo vaciado. El mundo ha agotado sus sentidos y “no hay otra parte adonde ir”. ¿Qué hacer entonces? “Los individuos se ven condenados a buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas.” ¡Como si uno estuviera a salvo en su propia biografía! De todos modos, hay un resquicio para el intercambio, a pesar de la vertiente intelectual que ha decretado la desaparición de la sociedad. La alianza de subjetividades es una nueva forma de enlace, en la que “la confianza es la bisagra que une lo móvil (fugaz) a lo firme (y duradero)”. Y es en ese continuo donde se gesta la utopía, dado que, como concluye el autor, “hoy en día, la felicidad se asocia con la movilidad y no con un lugar”. A la contemplación de los ilustrados sucede la aceleración de los disueltos.

[Silvia HOPENHAYN. “Bauman y la modernidad líquida”, in La Nación (Buenos Aires), 10 de julio de 2004]

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