✍ ¿Hacia una civilización del ocio? [1962]

por Teoría de la historia

image.phpEl ocio es una realidad fundamentalmente ambigua, por lo que ha existido cierta tendencia a considerarlo como asunto no del todo serio, a pesar de reconocérsele una importancia decisiva. Sin embargo, es hoy cuando el ocio se plantea como un problema general dentro de la cultura contemporánea. Aparece en el corazón de la cultura vivida por millones de trabajadores y está ligado por relaciones sutiles y profundas con todos los grandes problemas del trabajo, de la familia o de la política, que bajo su influencia se plantean en otros términos. Efectivamente, en los últimos años el ocio se ha afirmado no solamente como un derecho, sino como un valor. Pero una primera cuestión se plantea cuando el ocio se afirma como un valor: ¿de qué ocio se trata? En tiempos pasados, y aún en plena era industrial, la jornada laboral se extendía de tal modo, que tras la cantidad de horas de trabajo diario no quedaba tiempo más que para el reposo. Hoy, el trabajo llega a ser racionalizado, con mayor o menor intensidad, y casi la totalidad de las actividades laborales tienen establecida y reglamentada una jornada legal de trabajo, lo que si bien no es óbice para que en muchos casos ésta se prolongue, las horas que la sobrepasan adquieren un carácter diferente con remuneraciones especiales, al menos dentro del aparato legal. Es decir, existe una defensa, teórica cuando menos, del hombre en cuanto trabajador, que trata de garantizarle la posibilidad de cierto tiempo libre, si se entiende como tal el comprendido fuera de las horas de trabajo. Así, éste viene a posibilitar un haz de actividades que aparecen como distintas de las productivas y sociales y constituyen un elemento revolucionario. para la cultura de la civllizac!ón actual […] Es, sin duda, la definición funcional que del ocio hace Joffre Dumazedier en “¿Hacia una civilización del ocio?” la más completa: «El ocio es un conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de manera completamente voluntaria, sea para descansar, sea para divertirse, sea para desarrollar su información o su formación desinteresada, su participación social voluntaria, tras haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales». Algunos autores piensan que es posible distinguir entre ocios «activos» y ocios «pasivos», los cuales -dicen- dependen menos de la elección particular de los41Rd8cJXZ4L._SL500_ individuos y de sus preferencias que de su situación social. En otras palabras, la pasividad o actividad de los ocios depende de la organización de la sociedad. Las nociones da actitud «pasiva» o «activa» del individuo en el ocio son ambiguas y difíciles de delimitar. Se puede decir que si el ocio es necesario, es preciso, por lo menos, que sea saludable, es decir, activo, creador, fuente de un bien visilble. ¿Qué es, por tanto, un ocio activo o un ocio pasivo? Según Joffre Dumazedier, lo que es activo o pasivo no es la actividad de ocio en sí misma considerada, sino la actitud de respecto a dichas actividades. «La actitud activa se nos presenta como un conjunto de disposiciones físicas y mentales susceptibles de asegurar la óptima eclosión de la personalidad en una participación óptima en la vida cultural y social». Pero uno de los graves problemas planteados por la sociología del ocio no es ya la búsqueda de los límites en la participación activa, sino la puesta en tela de juicio de los contenidos culturales de las actividades. Si se define el ocio como actividad fuera del trabajo es necesario englobar bajo ese nombre la mayor parte de los rasgos culturales de una sociedad, tanto la vida religiosa como los juegos, la actividad política como el deporte. Pero hoy la participación en los valores culturales de la sociedad ya no pueden fundarse sólo sobre el enraizamiento en la vida profesional o en los roles sociales tradicionales, sino también sobre el acceso al consumo. La estructura económica 504385_2841650prevalente en la mayoría de los países ha suministrado su marco a la industria del ocio: producir bienes de consumo en gran serie y sacar de ellos el máximo provecho posible lleva consigo la uniformización de la producción y del consumo. Esta uniformización puede acarrear la sumisión de los individuos a las normas culturales dictadas por la naturaleza de los productos que hay en el mercado. El ocio, pues, forma parte integrante de la civilización técnica, y no sólo cualquier modificación de ésta influye en aquél, sino que el ocio en sí es una creación de la civilización industrial. Según Dumazedier, tres son los determinantes fundamentales del ocio: la evolución técnica, las persistencias tradicionales y la organización economicosocial. Por consiguiente, una de las tareas más apremiantes para el estudio del ocio será hacer progresar el conocimiento exacto del conjunto de sus condicionamientos sociales, en relación con los efectos de éste sobre los diferentes públicos que integran la «masa».

[Fundación FOESSA. Estudios sociológicos sobre la situación social de España 1975. Madrid: Euramérica, 1976, pp. 1028-1029]