✍ Hacia el ser humano. La singularidad del hombre y la evolución [1998]

por Teoría de la historia

36544044Una característica fundamental del ser humano parece ser su sed insaciable por saber sobre sí mismo, y en particular, por explicar su frecuente comportamiento aberrante. El profesor Ian Tattersall, curador de antropología del Museo Americano de Historia Natural, ha escrito un excelente, ameno y altamente informativo libro sobre la evolución de nuestra especie, que empieza a aplacar algo de esa sed. El Dr. Tattersall es una autoridad mundial en el tema, este es su décimo primer libro; además ha escrito un gran número de artículos en revista científicas sobre el tema. En unas cuantas páginas nos contesta la pregunta: ¿Qué nos diferencia del resto de los seres vivos, incluyendo otros homínidos extintos? ¿Y cómo pudo haber sucedido eso? Nos guía, con mano sabia, por los anales de la evolución del grupo de primates al que pertenecemos; una evolución que se ha caracterizado por largos períodos estáticos, punteados por cortas etapas en las que aparecen especies nuevas, relacionadas con cambios climáticos bruscos. El Dr. Tattersall nos indica que nuestra especie, Homo sapiens, con todo y lo extraordinaria que es, es tan solo una rama de muchas ramas del gran arbusto evolutivo; eso sí, la única sobreviviente de los homínidos. La historia de la familia humana demuestra que hay muchas formas de ser un homínido, y la nuestra es solo una de ellas. Pero, ¿qué nos separa del resto? Los antecesores nuestros hicieron herramientas; algunos, como los Neandertales, llegaron a enterrar a sus muertos, otros tenían la capacidad de anticipar los hechos con una habilidad sin precedente en la historia de la vida, pero ninguna de esas especies llegó a desarrollar comportamientos simbólicos que podamos asociar con la posesión de788845 un lenguaje. Casi todos los atributos cognositivos únicos que tan fuertemente caracterizan a nuestra especie están ligados de alguna manera al lenguaje. Usamos el lenguaje para explicarnos a nosotros mismos como también a los otros. Es por esta relación íntima entre símbolos lingüísticos y mentales, que se hace imposible visualizar el pensamiento en la ausencia del medio con el cual lo comunicamos. Ese brinco cognocitivo: el uso de un razonamiento simbólico complejo, es lo que nos separa del resto de los seres vivos. Esa capacidad nos permite tener conciencia de nuestra posición en la Tierra, y nos ha permitido modificarla como nunca. Aún así, nuestra especie es parte de la naturaleza, por esta razón, debemos encontrar como abandonar o por lo menos modificar nuestra arrogancia y nuestra actitud destructiva, que evidentemente atenta contra este mundo que nos rodea y nos mantiene.

[Jorge CORTÉS NÚÑEZ. “Tattersall, I. 1998. Becoming Human. Harcourt Brace, Nueva York. 258 p.” (reseña), in Revista de Biología Tropical (Costa Rica), vol. XLVII, nº 1, 1999, p. 283]

Anuncios