✍ Entre Taine y Braudel. Itinerarios de la historiografía francesa contemporánea [1992]

por Teoría de la historia

41YYZ3BZYYLLa temática abordada por esta obra puede parecer ambiciosa para un contenido de 150 páginas apenas. El autor, Fernando Devoto, argentino, especialista en historia de la historiografía y profesor en las universidades de Buenos Aires y de Mar de la Plata, nos advierte al principio que son sólo algunas figuras representativas de la historiografía francesa del último siglo y medio las que serán estudiadas en este ensayo que compila una serie de conferencias dictadas en diversos eventos académicos. A pesar de esta aparente limitación, le damos toda la razón al autor cuando él pretende que los artículos presentados en este libro tienen una homogeneidad tanto temática como problemática. En pocas palabras, la reflexión de Devoto se sostiene sobre tres ideas pilares que son desarrolladas simultáneamente o por separado en cada uno de los ensayos de esta obra: la evolución de la historiografía francesa desde 1870 a partir de la oposición entre Escuela Metódica (positivismo) y la Nueva Historia, las expectativas decepcionantes por la renovación historiográfica planteada por la escuela de los Annales y, finalmente, la recepción de la historiografía francesa en Argentina. El primer ensayo “Taine y Les origines de la France contemporaine en dos historiografías finiseculares” (pp. 11-45) nos comenta el contexto de la elaboración, de la publicación y de los debates alrededor de la celebre obra del famoso historiador francés sobre la Revolución Francesa. Por las posiciones tomadas y las interpretaciones avanzadas por la obra de Taine, la cual defiende el Antiguo Régimen en plena III República, esta hace figura de símbolo para los partidarios de la derecha antirrepublicana. Además, es en el mismo contexto de lucha entre conservadurismo y liberalismo que la obra será publicada y recibida en Argentina al final del siglo XIX. El segundo ensayo, que tiene por título “Repensando [sic] una antigua polémica entre historiadores y sociólogos. El debate Simiand-Seignobos y algunos dilemas de la historiografía contemporánea” (pp. 47-13), nos muestra un ejemplo de polémica interdisciplinaria y de un choque generacional entre un joven sociólogo y un historiador representante de la “vieja guardia” positivista. Devoto utiliza en su análisis los términos (y galicismo) “repensar” y dilemas por el hecho de ver en esta polémica intenciones que al parecer van mucho más allá de las querellas de interpretaciones o de escuelas: para el historiador argentino se perfilaba en realidad una lucha para el poder, dicho en otras palabras, se trataba de las ambiciones de una nueva generación de historiadores acantonados en las universidades de provincia, los cuales tenían afán de ocupar las cátedras parisinas, todavía monopolizadas por sus maestros positivistas. Dos otros ensayos, “Espacio e historia: un recorrido a través de la historiografía contemporánea” (pp. 75-97) y “Acerca de Fernand Braudel y la longue durée, treinta y cinco años después” (pp. 117- 136), tienen en común de hacernos un balance de la evolución de los nuevos enfoques históricos que han sido propuestos a la sazón por historiadores innovadores: el diálogo con la geografía, planteado por Febvre, Bloch y, hasta un cierto punto, Pirenne, y las tres estructuras temporales, idea de Braudel. El último ensayo del libro, “Algunas imágenes de la Revolución Francesa en la historiografía argentina contemporánea” (pp. 99-115), que constituye el penúltimo artículo de este libro, nos indica cómo los diferentes debates y corrientes interpretativas franceses alrededor de la Revolución Francesa fueron reproducidos casi integralmente por la historiografía argentina, con la diferencia, sin embargo, de enfatizar en las cuestiones culturales e ideológicas, ello en relación con los grandes debates sociopolíticos en el país austral. Todos estos artículos, que parecen muy diversificados, giran sin embargo alrededor de preocupaciones que constituyen el hilo conductor del análisis de Devoto. En primer lugar, él resalta la importancia de ubicar el contexto socio-político dentro del cual se sitúa una obra, porque ello nos permite comprender no solamente su elaboración, sino también y sobre todo su soporte ideológico, el cual, según el historiador argentino, constituye un elemento importante en cuanto a su difusión. Tendríamos un ejemplo patente con la obra de Taine, “obsoleta” el día mismo de su publicación, pero que conoció sin embargo el  éxito, porque si reflejaba una visión arcaica de la Revolución Francesa, era también la de una elite provincial, la cual era todavía profundamente antirrepublicana, y que hará de esta obra su libro fetiche. En segundo lugar, Devoto se junta con una cierta historiografía que hoy en día matiza las pretensiones de la Nueva Historia, de haber renovado, para no decir revolucionado, la práctica de la historia. Para Devoto, si es cierto que la Nueva Historia supo hacer nuevos planteamientos, nunca fueron más allá de las formulaciones. Sea que, como en el caso de los partidarios de una geohistoria, los planteamientos nuevos no tuvieron continuación, o sea que, como en la teoría de las tres estructuras del tiempo desarrolladas por Braudel, nunca, empezando por el mismo historiador francés, se ha podido articularlas en una obra más allá del Mediterráneo. Ello lleva a Devoto a la conclusión de que la Nueva Historia no se ha realmente liberado del positivismo, a pesar de sus ataques a veces violentos dirigidos contra él, como por ejemplo en la polémica Seignobos-Simiand. Esta constatación representa la tercera gran preocupación del autor quien se interroga sobre los juegos de poder que existieron detrás de estos debates, como por ejemplo las presiones ejercidas por la nueva generación de historiadores franceses que tenían afán de ocupar las cátedras de sus maestros parisinos… Sin embargo, este análisis no se limita solamente a la historiografía francesa. En efecto, Devoto hace a menudo en sus artículos un paralelo con Argentina, lo que fortalece su tesis del “soporte ideológico”, necesario, según él, en la difusión de una obra. El paralelo con Argentina es ahí particularmente interesante, por el hecho de que estamos en presencia de una sociedad americana que se cree por excelencia la prolongación de Europa. Así en el artículo sobre la recepción de las diferentes interpretaciones de la Revolución Francesa en la historiografía argentina, el autor muestra cómo estas sirven de caución a los grandes debates sociopolíticos que sacudieron la república austral durante este siglo. Es interesante así ver cómo, en la segunda mitad del siglo XIX, los elementos conservadores se apoyaron en las interpretaciones monárquicas mientras que los liberales hicieron lo mismo con la visión jacobina. Durante el siglo XX, son esta vez las interpretaciones liberales y marxistas que serán manejadas respectivamente por los partidarios del orden y de las ideologías progresistas. El análisis de Devoto demuestra un buen conocimiento de la historiografía francesa como lo testimonia las numerosas referencias citadas en cada uno de sus artículos. Su visión crítica de la Nueva Historia se apoya principalmente en los análisis de la historiografía italiana. En cuanto a esto, es interesante anotar que estos escritos críticos citados por Devoto son contemporáneos a menudo a los postulados avanzados por los diferentes teóricos de la Nueva Historia. Se trata ahí de uno de los numerosos aspectos innovadores de este libro, el cual refuta indirectamente el mito de paradigma incontestado que ocupa la Nueva Historia en el mundo latino (aliado del marxismo). Otro elemento positivo de la obra es las citaciones de trabajos de historiadores latinoamericanos, los cuales demuestran un dinamismo en el campo de la historiografía europea por parte de especialistas criollos, cuyos análisis no tienen nada que envidiar a los de los historiadores europeos. En conclusión, se puede decir que este pequeño libro de Devoto hace una lectura crítica interesante sobre las relaciones íntimas que existen entre la historia y la sociedad, sobre las pretensiones de una Nueva Historia que creyó liberarse con facilidad de la enseñanza de sus maestros positivistas y la asimilación que numerosos historiadores argentinos hicieron de ella, a veces tan integral que era caricaturesca. De otra parte, la reflexión de Devoto sobre las influencias europeas en la historiografía argentina sería interesante si fuese prolongada por parte de otros historiadores de otros países latinoamericanos en sus propias historiografías nacionales.

[Roch LITTLE. “Devoto, Fernando J., Entre Taine y Braudel. Itinerarios de la historiografía contemporánea, Buenos Aires, Biblos, 1992, 141 p.” (reseña), in Memoria y Sociedad (Bogotá), vol. III, nº 5, 1998, pp. 193-195]

Anuncios