✍ La miseria del mundo [1993]

por Teoría de la historia

pierre-bourdieu-la-miseria-del-mundo-ed-fce-8568-MLA20005870643_112013-OComo se advierte en la portada del libro [Pierre Bourdieu (director), La Miseria del Mundo. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1999, 564 p.], Bourdieu ha sido el director de la presente publicación y el director de la investigación en que ella se basa. Se trata pues, en rigor, de una obra colectiva y, por el número y la calidad de los colaboradores y el tamaño de las colaboraciones, parece de justicia mencionarlos a todos ellos: Alain Accardo, Gabrielle Balazs, Stéphane Beaud, Philippe Bourgois, Sylvain Broccolochi, Patrick Champagne, Rosine Christin, Jean-Pierre Faguer, Sandrine García, Remi Lenoir, Francoise Euvarard, Michel Pialoux, Louis Pinto, Abdelmalek Sayad, Charles Soulié y Loïc J. D. Wacquant. El objetivo del libro La miseria del Mundo es el de ofrecernos una mirada comprensiva de los «nuevos problemas sociales» –algunos nuevos desde el punto de vista de la forma, más no del contenido; otros inéditos y de gran originalidad–. En síntesis se puede decir que son problemas relacionados con la pobreza, la marginalidad y la exclusión surgidas en el contexto de lo que muchos autores llaman el «nuevo capitalismo». Desde este punto de vista las reflexiones y análisis de Bourdieu y sus colaboradores se colocan en la misma línea de reflexión de muchos otros sociólogos europeos y norteamericanos que también han concentrado sus esfuerzos de desciframiento e inteligencia de la sociedad de hoy, fijando su atención en la lógica y las consecuencias de los cambios que se han ido imponiendo, sobre todo en el campo de las relaciones de trabajo, particularmente a partir de 1980. Sin embargo, el libro publicado por Bourdieu y sus colaboradores parece ir mucho más allá del campo de las relaciones de trabajo, aunque con justa razón les concede toda la centralidad que es necesaria para entender la transformación de todo orden que son inducidas por la modificación del trabajo y de las relaciones que lo envuelven, y que nos conducen a leer sus efectos en dimensiones más amplias de la vida social, aspecto que desde luego tampoco ha estado ausente por completo en las obras de los autores que antes hemos mencionado. Hay que advertir desde el principio, pues es una característica distintiva de este libro, que el texto se encuentra por completo soportado en testimonios de hombres y mujeres que de manera libre quisieron hablar con los investigadores sobre aspectos de sus vida que no siempre resultan fáciles de abordar. La Miseria del Mundo presenta los resultados de un trabajo de investigación adelantado por un grupo de dieciséis investigadores dirigidos por Bourdieu, como ya lo señalamos, pero en el que parece haberse subvertido la tradicional división del trabajo que es corriente en los grupos de investigación social, pues en este caso el conjunto del grupo participó tanto en las reflexiones teóricas, como en las metodológicas, lo mismo que en el proceso de recolección de la información a través de la realización de entrevistas. Desde este punto de vista el trabajo representa ya un estilo de trabajo diferente al habitual en ciencias sociales –seguramente con todos sus riesgos– y es la prueba de que a finales de los años 80s y principios de los 90s Bourdieu, sobre la base de años de trabajo que venían desde los primeros años 60s, ya había logrado consolidar lo que habitualmente se llama un «equipo». Posiblemente lo que constituya el aspecto más sui generis del libro publicado por Bourdieu y colaboradores sea la forma de presentar los resultados. El libro se encuentra organizado en nueve grandes temas, titulados de la siguiente manera: «el espacio de los puntos de vista», «la visión mediática», «efectos de lugar», «la dimisión del Estado», «la visión del Estado», «permanentes y temporarios», «el fin de un mundo», «los excluidos del interior» y «las contradicciones de la herencia». Cada uno de los temas o problemas a los que se refiere la parte correspondiente se encuentra introducido por una reflexión teórica inicial, breve, a la que se une enseguida una especie de ejemplificación de la situación considerada a través de la transcripción de uno o de varios de los testimonios recogidos en las 41 entrevistas realizadas, 38 en Francia y 3 en Estados Unidos, entre 1990 y 1992. A su vez, cada una de las entrevistas se introduce con una presentación, generalmente por el investigador que la realizó, en la que se describe el ambiente en que se llevó a cabo la entrevista, la cercanía con la persona entrevistada, las dificultades encontradas para los encuentros y para la realización de la «conversación», la disposición de las personas «interrogadas» frente a la experiencia de entrevista que se les proponía, algunos elementos notables para los fines de la investigación en las trayectorias de vida de los interrogados (características familiares, experiencias educativas y de trabajo) y, aún, algunos detalles sobre el vestuario y la imagen proyectada por los entrevistados, en un estilo en apariencia descriptivo que pudiera hacer pensar en un cuadro puramente pintoresco, pero que forma parte del estilo mismo de la obra y que es sin lugar a dudas una fuente de enriquecimiento del trabajo en sociología. Se trata de información diversa pero significativa brindada al lector para que haga enseguida el tránsito a los textos que a continuación se transcriben y que son los testimonios a través de los que hombres y mujeres narran la manera como viven, padecen y enfrentan ese mundo complejo y difícil que supone el llamado «nuevo capitalismo», para aquellos que no son exactamente sus victoriosos. Las personas seleccionadas para las entrevistas lo fueron con toda libertad, dentro de un grupo que presentaba la heterodoxa característica de ser personas conocidas por los investigadores o presentados a ellos por otro conocido. Esta decisión metodológica para realizar la investigación con personas de proximidad social y con cierta familiaridad trataba de asegurar lo que los autores llaman una comunicación ‘no violenta’, en un esfuerzo por tratar de obviar este aspecto en la entrevista que pocas veces se tiene en cuenta, pero que representaba un acuerdo metodológico para los investigadores: existe una violencia simbólica, en donde el encuestador es quien inicia el juego y quien establece las reglas, además de que en35443381_9419117 la entrevista generalmente hay siempre, por definición, una asimetría social, en especial en cuanto al capital cultural, entre el entrevistador y el entrevistado. Es por ello que este grupo se planteó establecer una relación activa pero metódica en la entrevista. Se buscó que el entrevistador se situara en el lugar que el entrevistado ocupa en el espacio social, para interrogarlo desde ese punto, y ponerse, en cierta forma, de su lado. Esta característica de método, que tanto le preocupó a este grupo de entrevistadores, se encuentra relacionada con la revisión que ellos mismos efectuaron de una serie de encuestas realizadas por la Misión Interministerial para la Investigación y el Plan urbano, en 1991 (Misión interministérielle pour la recherche y Plan urbain). En estas encuestas predominó lo que los autores llaman la «encuesta burocrática», el formulario aplicado con carácter inquisitorial, lo que llevaba al entrevistado a contestar con premura y desespero, pero también de manera errónea, por la presión que se ejercía durante lo que de manera estricta debe llamarse interrogatorio; una situación que a su vez llevaba al encuestador muchas veces a malinterpretar también las respuestas que ofrecían quienes debieron padecer precisamente ese tipo de interrogatorio. Lo que se buscaba ahora, tanto por razones de método, como por razones de respeto, era realizar unas entrevistas más cercanas y próximas, tratando de entender en lo posible la situación del entrevistado, pero sin dejar a un lado el método científico y sus exigencias de rigor. Esta reflexión y opción metodológica hace que el libro adquiera un significado grande en la investigación en ciencias sociales, porque vuelve a replantear de manera aguda el debate sobre el papel y los límites de la «subjetividad» en la investigación, sobre la propia la entrevista «participante», pero sobre todo sobre las formas de interrogar en sociología y sobre la necesaria consideración de la entrevista como una relación social, aspectos todos sobre los que en innumerables ocasiones Bourdieu insistido, pero en particular y de manera teórica, en El Oficio de Sociólogo. El punto es de primer orden para antropólogos y sociólogos, y desde luego constituye un desafío a muchas de las reglas canónicas del oficio de investigación en ciencias sociales, pero lo más interesante es que el desafío, de apariencia simplemente humanista o politicista, es lanzado por un investigador que a lo largo de su vida dio pruebas de ser capaz de asumir su trabajo con el máximo rigor metodológico y con el más exigente uso de la teoría, al punto que muchos de sus contradictores le lanzaban el insulto de «teoricista», desconociendo desde luego que toda su obra era una combinación de reflexión teórica y de investigación empírica, como efectivamente lo es La miseria del Mundo. Pasando al contenido del libro, digamos que en esos nuevos grandes temas de reflexión que organizan el libro se hace especial énfasis en las políticas sociales del Estado, en el actual sistema escolar, en el transformado sistema laboral (con particular referencia a sus dos extremos: los jóvenes que están por insertarse en algún tipo de trabajo y los que han salido o están saliendo del empleo por razones de edad), los nuevos sitios de habitación, y los problemas relacionados con la inseguridad y la violencia en el contexto urbano, la situación de los inmigrantes y los nuevos problemas surgidos en medios familiares, bastante transformados por relación con el pasado, fenómenos todos estudiados en su contemporaneidad (después de 1980). Las sociedades francesa y norteamericana, que para nosotros siempre aparecerán como los grandes referentes de sociedades de riqueza, de estabilidad en sus sistemas democráticos y viviendo bajo gobiernos que cumplen con el criterio de una mínima eficiencia, aparecen en este libro reflejadas bajo un ángulo que no deja de ser sorprendente, no porque no se conozca, sino ante todo porque siempre se olvida. En el libro nos encontramos con realidades sociales tensas, enmarañadas, confusas, problemáticas, frustrantes, trágicas, complejas y variadas, productoras permanentes de pobreza, pero no menos de angustia y frustración, crueles con los seres humanos que llegaron tarde a la meta o que no se empeñaron en correr, o que desconocían las reglas del sistema, o que se enfrentaron simplemente con el hecho de que el lugar de los victoriosos es estrecho y vigilado y exige sacrificios que pueden ser el camino mismo de la autodestrucción. Uno de los problemas más complejos de los que se ocupa el libro –un problema que veremos agudizarse en el «primer mundo» en los años próximos– es el de la inmigración, el de esos nuevos pobladores localizados en su mayoría en las urbanizaciones de las periferias de las ciudades más grandes, parte activa de la escuela (con la que continuamente se enfrentan) y presentes en los más disímiles empleos (pero siempre en los más flexibilizados y de peores salarios). Los inmigrantes entran a formar parte de una sociedad de la que todo los separa, y en donde se encontrarán con ese fenómeno de extrañeza y de pérdida misereRGde sentido que es producto de la incomprensión mutua, vivida esa incomprensión en el conflicto latente o explícito, con todos los sufrimientos que para cada uno de ellos resulta de la situación. Lo trágico de la situación del inmigrante nace de esa incomprensión y se concreta particularmente en las pequeñas violencias corrientes y permanentes en los lugares donde habitan y circulan. A su situación de inmigrantes se suma la desigualdad urbana, la xenofobia de los más afirmados patriotas (que son los peores ciudadanos), las limitadas alternativas y posibilidades con que se encuentran. Y son los jóvenes los que más sufren las frustraciones que produce la situación y los que más participan en las protestas y en los pequeños hechos violentos que van apoderándose de la vida cotidiana de las grandes urbes a donde llegan y en donde terminan confinados en barrios y viviendas en los que, como en un microcosmos, se reproduce de manera multiplicada su difícil situación. El nuevo sistema laboral impuesto por el nuevo capitalismo nos presenta las tensiones que van apareciendo entre los trabajadores cerca de la jubilación o jubilados contratados bajo un sistema de seguridad social y los jóvenes dispuestos a someterse a cualquier vinculación laboral, a cualquier jornada de trabajo, y en donde la lucha sindical se va desvaneciendo con su beligerancia. Las nuevas reglas defraudan las expectativas de los ‘viejos’, pero también las de los jóvenes e imponen un nuevo sistema en el cual todavía son más evidentes las tensiones, las incertidumbres y las ambigüedades que las certezas o la tranquilidad que debería ofrecer el tener un empleo. El nuevo sistema escolar, por su parte, parece que es la institución que se postula como una de las formas posibles de integración social, e intenta ampliar su cobertura y darles la oportunidad a todos aquellos para quienes antes la escuela resultaba un sueño imposible. Esa nueva escuela, de cupos ampliados y reformada varias veces en los últimos años, ha creado esperanzas inmensas de promoción que la sociedad después no logra ofrecer realizar, produciendo más pronto que tarde un terrible efecto de desilusión, tanto los estudiantes como los maestros, quienes fácilmente tienen oportunidad de comprobar las limitaciones de la institución que se postula como el eje de la promoción social y el instrumento de superación de las barreras que encuentra la integración social. Lo que ocurre en verdad, al tenor de los análisis que se presentan en La miseria del mundo, es que el sistema escolar, que se convirtió en un pasaje obligatorio para todos los ciudadanos en estas sociedades y que representa el símbolo por excelencia de abrir posibilidades, debe reconocer que su acción no puede ser más que limitada, porque las oportunidades de mejora y cambio social se encuentran inscritas en condiciones familiares y sociales anteriores y acumuladas, frente a las cuales es muy poco lo que la escuela puede hacer. Así la educación, si bien puede brindar las posibilidades de «promoción social» a algunos miembros de la sociedad, termina convirtiéndose en una institución que produce grandes frustraciones y decepciones, para los jóvenes particularmente, multiplicando a su vez las tensiones en la familia, que el grupo que debe asimilar el fracaso escolar o el hecho de que los títulos y certificados de la escuela no conduzcan a ninguna parte. Los establecimientos de educación primaria y secundaria recientemente construidos, sobre todo los ubicados en las zonas de la periferia de las grandes ciudades, en donde viven las gentes pobres y los inmigrantes, han conocido con frecuencia hechos de violencia y vandalismo, en el lugar mismo o en sus alrededores, y donde la participación de sus estudiantes es habitual. La sensación de inseguridad para los que trabajan en estos sitios y para los que viven en sus alrededores se ha convertido en una realidad cotidiana. La búsqueda de alternativas que motiven a los jóvenes se ha convertido en una parte vital de la actividad docente, junto con el apoyo de control policial, transformando en esos lugares por completo el papel del maestro, que antes que enseñar tiene que persuadir y controlar, con auxilio de supervisores y policías. En el caso particular de los inmigrantes, sin embargo, la exploración de opciones de vida y trabajo diferentes y nuevas, resulta compleja, porque se trata de encontrar la forma más acertada de lograr incluir en una sociedad y una cultura, como las francesas, a gentes que provienen de lugares culturalmente muy diversos, cargando con el peso de situaciones generalmente angustiosas (un país africano en guerra, una excolonia de gran pobreza, etc.), rastreando y persiguiendo cualquier oportunidad nueva que se pueda encontrar en un sociedad en la que no sólo se desconoce todo, sino una sociedad que desde hace bastante tiempo definió un proyecto de integración social para el inmigrante (al que sabe que necesita) que se caracteriza por la renuncia a sus propias tradiciones y la asimilación consiguiente a las nuevas formas de vida y cultura, un dilema difícil de enfrentar por haber sido planteado precisamente como dilema. Otro aspecto que se ilustra en el libro de Bourdieu y sus colaboradores, es el que tiene que ver con el funcionamiento del Estado, visto éste a través del ángulo parcial de los funcionarios que por sus tareas se encuentran en contacto directo con el común de las personas. Funcionarios medios, que reciben unos programas o tareas a ejecutar y sometidos a los lineamientos del programa para llevar a cabo sus tareas. Figuras tristes cuya complejidad y buena voluntad a veces se ha ignorado, en ellos encontramos las contradicciones vivas entre los ideales de servicios o de los objetivos planteados por los gobiernos, y las posibilidades reales de llevar a cabo lo que se ha propuesto o lo que se quiere. Entre otras cosas por el funcionamiento mismo de las estructuras burocráticas y porque la eficiencia no es necesariamente el aspecto más presente y más premiado en el funcionamiento del Estado moderno. Dentro del funcionamiento del Estado y de la realización de sus programas, la ineficiencia es un elemento distintivo, hasta el punto de que parece que formara parte de su naturaleza, lo que produce el efecto de que los funcionarios se sientan impotentes frentes a sus responsabilidades. En los aparatos encargados de la administración y la aplicación de la justicia, son particularmente evidentes las tensiones. La delincuencia crece todos los años y alcanza la forma de un problema social enorme y sin aparente solución, la «miseria de la justicia» hace que el servicio público se encuentre con permanentes dificultades para su más elemental funcionamiento. Como bien lo expresa una joven inspectora de policía, «la gente no asume lo que hace». La desfachatez de los delincuentes, la negligencia de las víctimas que no denuncian, la poca firmeza demisere-43dfe los magistrados, el cinismo de los abogados y la apatía de algunos de sus colegas, son mencionados como elementos distintivos del funcionamiento errático de un sector básico de la Administración estatal. El problema es imposible de comprender, según los autores del libro, sin tener en cuenta el contexto de la conversión colectiva del Estado al Neoliberalismo, en los ochenta, conversión que es definida en el libro como «dimisión del Estado», recordándonos de esta manera que «la miseria del mundo», más allá de los testimonios de los que la padecen, y de una forma que permite aun entender mucho mejor esos testimonios, conoce causas, hechos que la han acelerado en estos años, procesos todos que pueden ser explicados de una manera global y comprensiva, que vuelve de nuevo a enriquecerse con testimonios como los que este libro aporta. En resumen, el libro nos presenta un mundo complejo, mundo en donde tanto los cambios de finales del siglo XX, como sus consecuencias, todavía no parecen estar perfectamente claros ni definidos para la sociedad. Es posible pues que una de las grandes enseñanzas de este libro sea la de mostrarnos ese mundo en transición, ese mundo en cambio hacia nuevas realidades sociales, que todavía no atisbamos por completo, cambios que no alcanzamos a comprender de manera total, pero que sin embargo son ya, por muchos motivos, las nuevas realidades sociales, contradictorias, de contornos difíciles de imaginar, pero donde las desigualdades sociales se han acentuado y donde la marginalidad y la exclusión se manifiestan cada vez más en diversos lugares, en diferentes momentos del ciclo vital y en distintos contextos sociales, afectando íntimamente la vida de gentes de la más diversa condición social y cultural.

NOTA BENE DE LA AUTORA. Los editores del libro advierten que se trata de una edición abreviada, aunque no ofrecen ninguna indicación acerca de las razones de tal decisión ni acerca de los criterios con los que se realizó la «abreviación» (¿resumen, supresión de parágrafos, de capítulos?), como tampoco acerca de la extensión del libro en su edición original francesa, para que cuando menos pudiera el lector de lengua castellana saber ante qué producto editorial se encuentra. No hay, por lo tanto, ninguna indicación acerca del acuerdo del autor con los criterios con que la editorial ha abordado la publicación del libro. No se encuentra tampoco ninguna observación del traductor –Horacio Pons– al respecto.

[Beatriz CASTRO C. “Pierre Bourdieu y La miseria del mundo”, in Revista Sociedad y Economía (Universidad del Valle, Colombia), nº 4, abril de 2003, pp. 53-59]

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