✍ Impensar las ciencias sociales. Límites de los paradigmas decimonónicos [1991]

por Teoría de la historia

impensar-las-ciencis-sociales98Para muchos, el conocimiento científico-social está en la actualidad en pleno apogeo. Viejas disputas se han superado -por ejemplo, la que enfrentó a los defensores de una paradigma “comprensivo” con los defensores del paradigma “explicativo”- y, por consiguiente, de lo que se trata es de respetar la especificidad de cada saber, sea natural o social, sin pretender hacer del primero el modelo del conocimiento científico o hacer del segundo algo tan singular que rompa con la racionalidad propia del discurso científico. Quienes se inscriben en esta tendencia harían gala de un “optimismo epistemológico” que, aunque discutible, constituye una las características del pensamiento occidental moderno, desde Descartes hasta Karl Popper. Hay quienes, por el contrario, no ven las cosas tan positivamente. Precisamente, Immanuel Wallerstein, en Impensar las ciencias sociales, esboza una sugerente crítica a esa epistemología optimista, tal como se ha expresado en las ciencias sociales desde el siglo XIX. La crítica de Wallerstein se dirige hacia lo que él considera una doble debilidad en las ciencias sociales. En primer lugar, el uso del engañoso concepto de desarrollo, que ha generado “falsas expectativas (tanto a nivel intelectual como político)” (p. 4). “El desarrollo como el logro de ‘más’ -dice el autor- es el mito de Prometeo. Es el cumplimiento de todos nuestros deseos libidinosos; es placer y poder combinados, o más bien, fusionados. Hay deseos dentro de todos nosotros; lo que la economía-mundo capitalista ha hecho3977707 como sistema histórico es hacer socialmente legítimos por primera vez esos deseos” (p. 118). En segundo lugar, la eliminación del Tiempo-Espacio del análisis sociohistórico. “Uno de los logros más notables de la epistemología de las ciencias sociales ha sido eliminar el Tiempo Espacio del análisis, lo que no significa que nunca se haya hablado de la geografía y la cronología. Claro que sí, y mucho, pero se las ha considerado constantes físicas y por lo tanto variables exógenas más que creaciones sociales fluidas y por ende variables no simplemente endógenas sino cruciales para comprender la estructura social y la transformación histórica” (p. 4). Esas dos graves limitaciones deben ser superadas, insiste Wallerstein. Y, a su juicio, hay dos pensadores que pueden ser de utilidad en esa tarea: Karl Marx y Fernand Braudel. El segundo contribuiría a la recuperación del Espacio-Tiempo en las ciencias sociales. “Me gustaría tomar los cuatro tiempos de Braudel -el tiempo episódico, el coyuntural, el estructural y el de los sabios- y afirmar que 864013cada uno tiene un espacio; también me gustaría declarar que eltiempo y el espacio no son categorías separadas, sino una sola: lo que yo denomino TiempoEspacio” (p. 153). Marx, el último economista clásico, en opinión de Wallerstein, ayudaría a repensar el concepto de subdesarrollo. “El subdesarrollo es un concepto que abre las puertas a análisis que por sí mismos podrán confirmar el impulso esencial de la perspicacia de Marx sobre el desarrollo histórico mundial, y de manera específica sobre los procesos históricos del método de producción capitalista” (p. 168). “Impensar las ciencias sociales con la ayuda de Marx y Braudel”. Este parece ser el desafío que Wallerstein quiere lanzar a los científicos sociales de nuestro tiempo. Hay que impensarlas porque sus presuntos logros se sustentan en bases débiles. Quizás habría que hacerse cargo del desafío lanzado por Wallerstein, para lo cual la lectura de su libro es un paso obligado.

[Luis Armando GONZÁLEZ. “Impensar las ciencias sociales, por Immanuel Wallerstein” (noticia bibliográfica), in Realidad. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades (El Salvador), nº 80, marzo-abril de 2001, pp. 237-238]