✍ Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas [1925]

por Teoría de la historia

ensayo-sobre-el-don (130 x 197)Los hombres generosos y valientes / tienen la mejor vida; / no tienen ningún temor. / Pero un cobarde le teme a todo; / el avaro siempre teme a los regalos.” Así reza Hávamál, uno de los poemas del Edda, la recopilación esencial de la mitología escandinava. Marcel Mauss cita este fragmento en las primeras páginas de Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, su obra clásica de 1925 que ha sido reeditada en la Argentina, y construye a partir de estas palabras su argumentación. La intención de Mauss, sobrino y discípulo de Emile Durkheim, es establecer el modo en que surgieron en diferentes comunidades los primeros intercambios y contratos. Para ello investiga el carácter que tuvieron los primeros canjes de ofrendas, regalos y rituales en algunas poblaciones de la Polinesia, la Melanesia y el noroeste de América del Norte. El planteo no se limita, sin embargo, a la mera curiosidad etnológica; al contrario, la tesis sostenida en el libro es que este tipo de comportamientos es particularmente relevante en la medida en que se encuentra en los orígenes de la economía, el derecho y la moralidad de las sociedades contemporáneas. “¿Cuál es la regla de derecho y de interés –se pregunta Mauss– que hace que, en las sociedades de tipo primitivo o arcaico, el presente recibido se devuelva obligatoriamente?” Y sostiene, más adelante: “Como observaremos que esa moral y esa economía aún funcionan en nuestras sociedades de manera constante y, por así decirlo, subyacente, como creemos haber hallado aquí una de las rocas humanas sobre las que están construidas nuestras sociedades, podremos deducir algunas conclusiones morales sobre algunos problemas planteados por la crisis de nuestro derecho y la crisis de nuestra economía”. Avanzando en el análisis, Mauss destaca el hecho de que, en las sociedades arcaicas, el intercambio siempre se produce entre clanes, tribus y familias, nunca entre individuos particulares y que, además, este acontecimiento del dar y recibir incorpora un universo de bienes que excede ampliamente al mundo de las cosas útiles: se intercambian, sí, bienes muebles e inmuebles, pero ante todo se intercambian cortesías, ritos, colaboración militar, danzas, fiestas, “ferias en las que el mercado no es más que uno de los momentos y la circulación de las riquezas no es más que uno de los términos de un contrato mucho más general y mucho más permanente”. Mauss llama a este complejo engranaje “sistema de prestaciones totales”. En apariencia, se trata de prestaciones y contraprestaciones voluntarias; en realidad, son rigurosamente obligatorias y su incumplimiento desataría fuertes conflictos entre los grupos, de allí que constituyan el sistema económico y de derecho más antiguo que se pueda constatar. “Gran parte de nuestra moral y de nuestra propia vida permanece en esa misma atmósfera donde se mezclan el don, la obligación y la libertad”, escribe Mauss. Inmediatamente, explicita cómo funciona prácticamente este sistema en las sociedades contemporáneas: “Toda nuestra legislación sobre la seguridad social, ese socialismo de Estado que ya existe, está inspirada en el siguiente principio: el trabajador ha dado su vida y su trabajo a la colectividad, por un lado, y a sus patrones, por el otro, y, si bien debe colaborar con el seguro, los que se han beneficiado de sus servicios no han saldado su deuda con él mediante el pago del salario, y el propio Estado, representante de la comunidad, debe ofrecerle, junto con sus patrones y su propia participación, cierta seguridad en la vida, contra el desempleo, contra la enfermedad, contra la vejez, contra la muerte”. Además, otro aspecto fundamental es señalado: estudiando el intercambio arcaico es posible establecer el origen religioso de la noción de valor económico. Las monedas empleadas tienen todavía un poder mágico y las diversas actividades económicas están impregnadas de ritos y de mitos. Nada dice Mauss sin embargo, a pesar de tener todos los elementos servidos sobre la mesa, acerca de cómo ese carácter religioso del intercambio y de la moneda pervive todavía en el capitalismo avanzado. Sí se detiene, inteligentemente, en la dimensión estética involucrada en estos procesos. Estos fenómenos e instituciones, sostiene, “tienen un lado estético importante del que hemos hecho abstracción de manera intencional en este estudio: pero las danzas que se ejecutan de manera sucesiva, los cantos y las exhibiciones de todo tipo, las representaciones dramáticas que se realizan de un campo a otro y de un socio a otro; los objetos de todo tipo que se fabrican, se usan, se ornan, se pulen, se recogen y se transmiten con amor, todo lo que se recibe con alegría y se presenta con éxito, los propios festines en los que todos participan: todo, alimentos, objetos y servicios, incluso el ‘respeto’, como dicen los tlingit, todo es causa de emoción estética y no sólo de emociones de orden moral o de interés”. Las ideas expuestas en este libro son, de este modo, particularmente relevantes en su contexto histórico. La gran mayoría de los círculos culturales del primer cuarto del siglo XX, desencantados por laslivre-mauss consecuencias de los procesos civilizatorios occidentales, sintió una profunda fascinación por la producción artística y religiosa de los pueblos “exóticos” de África y Oceanía. El rescate de la dimensión estética de los procesos de intercambio conduce directamente en esa dirección. Lo dice bien Fernando Giobellina Brumana en el estudio preliminar que precede a esta nueva edición del texto de Mauss: “La etnología en la segunda década del siglo se volvía mundana, basta ver las listas de invitados a las inauguraciones primero del Museo del Trocadero y más tarde del Musée de l’Homme: nobles, coleccionistas, gentes del mundo del arte. Posiblemente, este último elemento fue el que abrió la disciplina al aprecio social. Las vanguardias artísticas habían sido hechizadas por la plástica ‘primitiva’, las máscaras africanas ante todo, que les ofrecía un instrumento suplementario para apartarse de un Occidente que les resultaba cada vez más opresivo. La etnografía se convertía entonces para ellos en una disciplina que disponía para el conocimiento y el disfrute una especie de contra-mundo, y Mauss parecía tener la llave de la puerta que a él conducía”. Quizá sea este mismo interés el que explique la presencia de las ideas de Mauss en otros ámbitos de la cultura de su tiempo. Adorno y Horkheimer, por ejemplo, las aprovecharon profundamente en la construcción de su Dialéctica de la Ilustración. Allí, la noción de mana estudiada por Mauss y que significa indistintamente “poder de hechicero”, “cualidad mágica de una cosa”, “cosa mágica”, “ser mágico”, “tener poder mágico”, “ser encantado” o “actuar mágicamente”, sirve para explicar los orígenes del terror mítico, un terror que, como muestran los autores y de igual manera que el sistema de intercambios, se encuentra en la esencia misma de la racionalidad moderna.

[Fernando BRUNO. “El valor de las ofrendas”, in Revista Ñ (Buenos Aires), 29 de marzo de 2010]

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