✍ Faut-il vraiment découper l’histoire en tranches? [2014]

por Teoría de la historia

front_cover_largeJacques Le Goff (1924), el decano de los historiadores franceses, acaba de publicar un libro (París, Seuil, 2014) cuyo título, traducido, sería algo así como “¿De veras hay que cortar la historia en rebanadas?” El ensayo se ocupa de las distintas formas de concebir la periodización del tiempo: las continuidades, las rupturas, las maneras de pensar la memoria. Fragmentar el tiempo, inventar épocas, es cambiar el modo de ver la historia, pero también el presente. Debería ser reflexión obligatoria para los historiadores cómo se han ido fijando ciertos criterios: habría que leer sobre gente como Dionisio el Exiguo, y caer en la cuenta, por ejemplo, de la ausencia de la noción de año cero hasta tiempos relativamente recientes. El medievalista que es Le Goff escudriña la fábrica de su objeto de estudio. La Edad Media es una idea que fue creciendo poco a poco a la sombra del Renacimiento. Los pensadores italianos del siglo XV concibieron su siglo como un regreso al espíritu de Grecia y Roma y, en consecuencia, delimitaron la “zona gris” que los separaba de aquellos focos de luz. Pero Le Goff tiene muchos argumentos para mostrar cómo entre la época medieval y la moderna hay más continuidades que rupturas, y que el medioevo no es un bloque parejo. El autor, por supuesto, considera que por razones prácticas hay que conservar la periodización histórica, pero aboga por una mayor flexibilidad para poder observar subdivisiones y variaciones, diferencias geográficas o culturales que hacen revisar los contenidos y los conceptos. Recortar una época (o una región, o un género, o establecer cualquier clasificación) no es más que un ejercicio mental arbitrario, que responde al interés de quien lo hace para facilitarse el estudio empezando por determinar su objeto. Le Goff no observa el proceso del “rebanamiento” de la historia, sino que narra cómo se dio. La Edad Media como separación entre los Antiguos y los Modernos habría sido inventada (en 1469) por el bibliotecario pontificio Giovanni Andrea Bussi, notable humanista y editor, y precisada en 1688 por Cristóbal Cellarius como “el periodo que va desde el emperador Constantino hasta la toma de Constantinopla por los turcos” (aunque hoy en día se favorece más la fecha del descubrimiento de América como hito de ese cambio temporal). El autor también hace notar que los términos para designar los hechos del pasado se tardan más o menos en fijarse. Si el padrino de bautismo de la Antigüedad (en el sentido en que la palabra se emplea actualmente) fue Montaigne, allá por 1580, el del Renacimiento habría sido Michelet en 1840; es éste a quien Le Goff acusa de haber sumido al medioevo en el pesimismo al describirlo como una larguísima sucesión de siglos en que Europa habría estado hundida en las tinieblas y el primitivismo. Le Goff ha dedicado su trabajo de historiador a demostrar la falsedad de esta visión, que sin sentido crítico fue adoptada por muchos y que sigue apareciendo en la versión barata de la historia.

[María PALOMAR. “La historia en rebanadas”, in El Informador (Guadalajara), 9 de febrero de 2014]

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