✍ Historias de conceptos. Estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y social [2006]

por Teoría de la historia

historias-de-conceptos-reinhart-koselleck-4711-MLA3869744183_022013-FPoco a poco se va poniendo a disposición del lector en castellano la obra de Reinhart Koselleck, incluso aquella que sin formar un volumen específico ―o una agrupación de entradas de su monumental diccionario Conceptos históricos fundamentales― y ser textos sueltos de diversa procedencia, eran susceptibles de presentarse en un volumen unitario. Es el caso de Historias de conceptos. Estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y social, que recopila catorce textos diferentes del profesor alemán, abarcando un periodo comprendido entre 1985 y 2005, un año antes de su muerte. Por sus propias características, los textos escogidos para la recopilación original alemana son bastante diferentes entre sí en cuanto a enfoque, extensión y estructura, pero en todos se encuentran el rigor y el particular enfoque aplicado por Koselleck al lenguaje de la modernidad, así como gran parte de las características de su obra. En el primero de los artículos, titulado inequívocamente Historia social e historia de los conceptos, el autor traza las líneas básicas que distinguen el campo de actuación de la historia de los conceptos respecto de su prima hermana la historia social, las cuales “se encuentran en una tensión condicionada por la materia histórica que hace que ambas se remitan una a otra sin que esa reciprocidad pueda ser superada en algún momento”. Sin embargo, es el estudio del lenguaje y los conceptos lo que interesa a este campo disciplinario, incluso superando “la aporía que afecta a todos los historiadores, es decir, la necesidad de describir primero lingüísticamente el objeto de estudio del que se disponen a hablar”. Es en este aspecto donde Koselleck pone más énfasis, porque “para poder obtener de la historia pasada proposiciones a largo plazo es necesario un trabajo teórico previo, el uso de una terminología científica específica, único modo de poder detectar relaciones e interacciones de las cuales las personas implicadas en ese momento no podían ser conscientes”. Este es el asunto fundamental de la obra de Koselleck, y gran parte de los ensayos contenidos en el libro son el desarrollo particular de un concepto a partir de esas premisas. Esa “terminología científica específica” se plasma en una serie de términos en alemán que recorren toda la obra y que se relacionan unos con otros hasta crear un propio universo conceptual muy definido, como se puede apreciar en el capítulo “Innovaciones conceptuales del lenguaje de la Ilustración”. Con las herramientas de concepto epocal, concepto reflexivo y concepto institucional acota el origen del término Ilustración, ya usado por los coetáneos a diferencia, por ejemplo, de Renacimiento ―que tardó tres siglos― o Reforma ―que se demoró un siglo―, y cuyo “potencial de innovación semántico y pragmático” hizo que se utilizase de forma habitual. Como explica Koselleck en el segundo capítulo, “el significado de las palabras y su uso nunca tienen una relación de uno a uno con lo que llamamos realidad (…) a veces es la conceptualización de la realidad la que va por delante de esta [como en el caso de Ilustración] y otras veces es la realidad la que va por delante de la conceptualización”. No en vano el texto está orientado a diferenciar la historia de los conceptos de los conceptos de Historia, algo que desarrolla magistralmente en el cuarto capítulo en torno al concepto de “Bildung” ―que el traductor ha considerado dejar en el original alemán, de manera muy acertada―, un término polisémico, un “metaconcepto que constantemente incorpora en sí mismo las condiciones empíricas que lo hacen posible”. Esa continua imbricación entre Historia y lenguaje queda muy clara en el quinto capítulo, en torno a los conceptos de progreso y decadencia, donde el primero es una categoría moderna “cuyo contenido de experiencia y excedente de expectativas no existía antes del siglo XVIII”, hasta el punto de dar lugar a un “concepto específicamente calibrado para enfrentarse a las experiencias modernas” o, dicho de otra manera, “las experiencias tradicionales se ven superadas por otras nuevas con una rapidez sorprendente”. En un mundo cambiante, progreso se convierte en un singular colectivo “que aglutina numerosas experiencias en una expresión”, al haberse formado en tres fases sucesivas: primero se universalizó (se pasa de los progresos en campos específicos al progreso de la historia como tal); segundo, se convierte en “agente histórico”; y en una última fase, se convierte en “sujeto de sí mismo”, el “progreso en sí”, el concepto político clave que conocemos. En este sentido, es uno de los capítulos más afortunados y mejor expuestos de todo el libro. Posteriormente205 analiza los conceptos de emancipación, crisis (un clásico del autor), patriotismo, burgués o revolución en diferentes aspectos concretos, donde destacan especialmente ―en relación con lo anterior― las observaciones de Koselleck sobre utopía: “Von Braun estaba tan fascinado por sus éxitos que opinaba que la utopía debía darse prisa para alcanzar una realidad que cambiaba con rapidez”. Se trata de algo más que “el progreso en sí”, y la frase, dada su autoría por el inventor de los cohetes que acabaron llevando al hombre a la Luna (o cabezas nucleares a miles de kilómetros), adquiere una sorprendente pertinencia. El volumen se completa con un epílogo donde se explican las vicisitudes del original alemán ―publicado tras la muerte de Koselleck, que apenas pudo dar un ligero esbozo de la agrupación de los textos― y un utilísimo índice analítico que convierten la obra en una referencia obligada no solo para los interesados en la historia de los conceptos, sino en el propio lenguaje que utilizamos hoy en día, su origen y evolución histórica.

[Sergio ARGUL ARIAS. “Una buena ración de Koselleck en platos pequeños”, in Ariadna histórica. Lenguajes, conceptos, metáforas (Bizkaia), nº 2, 2013, pp. 141-143]

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