✍ Estructura interna de Occidente [1958]

por Teoría de la historia

estructura-interna-de-occidente-9788420626741El libro de Otto Brunner “Estructura interna de Occidente” que acaba de editar Alianza constituye uno de los textos que el historiador austríaco escribió en 1958 para la “Historia Mundi”, editada por el historiador austríaco Fritz Valjavec. El “leit-motiv” del libro es el análisis de las especificaciones de la identidad europea, formada a juicio de Brunner desde los siglos altomedievales hasta el siglo XVIII. Empezamos por decir que para Brunner no hay edad moderna en el sentido convencional de este período y la modernidad queda reducida en el libro a un breve capítulo en el que se recogen los factores de crisis del señorío y la escalada subsiguiente del Estado: sublevaciones campesinas surgidas en el marco del debilitamiento señorial con el reforzamiento del Estado administrativo y su capacidad de protección, progresivo control de los poderes locales por el aparato administrativo del monarca, planteamiento de una separación entre la esfera monárquica y la estamental que obliga a delimitar la noción de soberanía —¿quién tiene capacidad de decisión?— eliminando el concepto de autodefensa, conversión del Estado en el único sujeto de la comunidad de derecho de los pueblos, en convivencia con la Iglesia, progesivamente absorbida en la llamada “política religiosa de Estado”. Las auténticas señas de identidad de Occidente se vinculan al surgimiento y escalada del Estado moderno, el auténtico protagonista del libro. Brunner deja bien claro en el libro los ejes de su pensamiento: 1. Concepción estructuralista, tan lejos del marxismo como el positivismo factual. Critica la terminología clásica de la filosofía de la historia que a su juicio “se presenta como versión secularizada de la teología histórica cristiana, sustituyéndose aquí la providencia divina por la razón, el espíritu o la sociedad”. Considera que las contradicciones de clase no se han agudizado, que los pronósticos han errado y se niega a reconocer “la necesidad” en el análisis histórico (página 22). Su visión de la transmisión del feudalismo al capitalismo se fundamenta contra los principios de la dialéctica marxista, en la función del poder político en cada momento. El sistema feudal es definido como “derecho administrativo del Estado medieval” (página 55) para consolidar el poder real tradicional “siempre amenazado y debilitado por la estructura señorial del alodialismo, creando nexos más estrechos, en los cuales la dependencia personal y la material estuviesen ligadas entre sí”. Lo superestructural es muy primado por Brunner: la trascendencia de la educación escolástica, la importancia de la cultura caballeresco-cortesana, la ética del trabajo campesino (donde ciertamente defiende postulados antitéticos de Max Weber…). Su modelo de transición del feudalismo al capitalismo es radicalmente distinto del modelo marxista sobre el que discutieron los Dobb, Sweezy, Takahashi… en los años cincuenta y sesenta y que hemos consumido devotamente en nuestro país en las últimas décadas. 2. Europeísmo de raíz germánica y base cristiana. La cristiandad, para Brunner, es el núcleo aglutinante inicial de la identidad occidental. La historia de Occidente es la de la dialéctica Iglesia-mundo, poder religioso-poder secular. “Toda la estructura social, de constitución y el derecho en particular, son en todo Occidente un producto de origen en buena medida germánico” (página 32). El núcleo de ese derecho occidental es el concepto de protección, cuyo peso específico determinaba la relación de lealtad. La historia del Estado es la historia de la progresiva ampliación de la primitiva protección por parte del poder político, hasta conseguir “el monopolio de la fuerza legítima”, con la obligación del mantenimiento de la paz exterior y el derecho en el interior. En la obra de Brunner late una cierta nostalgia del viejo imperialismo europeo. Me recuerda en algunos puntos la tesis del “rapto de Europa” que popularizó en España Díaz del Corral por los mismos años en los que se escribió este libro. La imagen de una Europa raptada que ha perdido su hegemonía en el mundo flota permanentemente en el libro. 3. Discurso histórico fundamentado en la trayectoria del Estado, un Estado, primero feudal, luego administrativo y estamental. Brunner liquida las viejas dudas de Guenée acerca de si se pueda hablar de Estado en la Edad Media y apuesta por el concepto Ym4xMzcxgenérico de Estado como poder de decisión que supera el arbitrio y la autodefensa. La evolución del Estado a partir del siglo XII pasa por la dotación de un aparato burocrático-administrativo y la consecución de la representación popular. La discusión acerca de la naturaleza social del Estado moderno la zanja el historiador austríaco subrayando la función del Estado de “eliminar especificidades locales para dar vida a una unidad entre sus súbditos capaz de fraguar una nación en sentido moderno” (página 106). Para Brunner, lo que él llama “nación-Estado” y “nación-cultura” acaban coincidiendo (página 118), identificación ésta que discutió Vicens Vives en su póstuma ponencia del XI Congreso Internacional de Ciencias Históricas de 1960. El debate sobre la ecuación Estado-nación hoy, más que nunca, está abierto. En conclusión, estamos ante un libro corto de páginas pero pródigo en ideas y sugerencias que propician sustanciosas discusiones. Ciertamente, frente a la banalidad de la Historia como relato que hoy parece estar tan de moda, éste no es un libro fácil ni simple. Por ello, precisamente, consideramos que merece felicitación Alianza Editorial que, no sólo ha asumido el reto de publicar el primer libro de Brunner en castellano, sino también la introducción y apéndice de Julio A. Pardos.

[Ricardo GARCÍA CÁRCEL. “La formación de la identidad de Occidente”, in La Vanguardia (Barcelona), 24 de enero de 1992, p. 5]

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