➻ Jacqueline de Romilly [1913-2010]

por Teoría de la historia

Romilly-JacquelineJacqueline David había nacido en el seno de una familia judía en la localidad francesa de Chartres (Eureet-Loir) el 26 de marzo de 1913, pero en 1995 obtuvo la nacionalidad griega y en el 2000 fue nombrada embajadora mundial del helenismo. Hija de una novelista, Juana Maolvoisin, y de un filósofo, Maximiliano David, Jacqueline Worms de Romilly falleció el sábado a los 97 años en un hospital del suburbio parisino de Boulogne-Billancourt y con ella desapareció una de las autoridades mundiales en cultura clásica de la Antigua Grecia. Su cambio de nombre se debe a su matrimonio con Michel Worms de Romilly, del que luego se divorciaría sin llegar a tener hijos. La familia Worms había comprado durante la Revolución Francesa el castillo de Romilly, así que los lugareños adosaron el topónimo al apellido. Considerada una erudita, Jacqueline de Romilly fue la segunda mujer en ser admitida en la prestigiosa Academia Francesa (homóloga de la RAE en Francia), en 1988, antecedida sólo por Marguerite Yourcenar. Su especialidad era el siglo V a.C., una época donde ella solía decir que “brotaron de súbito” la filosofía, la historia, la tragedia, la comedia y los sofistas. Escribió varios tratados sobre el historiador Tucídides y a menudo bromeaba, como señaló en una entrevista a la revista Lire, con que los hombres con los que más tiempo había pasado en su vida eran Pericles y Esquilo. Dio clases en La Sorbona y la Universidad de Lille, antes de incorporarse, en 1973, al Colegio de Francia, donde también fue la primera mujer en impartir docencia. “Tuve la suerte de pertenecer a una generación de mujeres a la que le tocó subirse por primera vez a un podio para ser escuchadas, la generación que abrió las puertas”, señaló en una entrevista en el 2007. Durante toda su carrera, Jacqueline de Romilly defendió una educación basada en los valores y conocimientos clásicos y, en más de una ocasión, expresó sus pesares al ver que el estudio de la Antigüedad clásica era desplazado en los planes de estudio. “Una sociedad que olvida a Homero terminará por olvidar a Voltaire”, decía para resumir la importancia del conocimiento de las raíces de la democracia en la Grecia clásica, de la que siempre prestó más atención a su relación con la Europa contemporánea que al glamour de su mitología. Entre su profusa obra académica, Jacqueline de Romilly también tuvo tiempo para escribir una novela. Distinguida con la Legión de Honor, siempre plena de sentido del humor, De Romilly nunca se dejó llevar por la nostalgia, bien a pesar de que de la primera década del siglo XIX diría que era una época “inquietante y llena de peligros”, al tiempo que se mostraba plenamente confiada en que, con la sabiduría del pasado, el hombre encontraría nuevos caminos para vencer las incertidumbres y construir un futuro mejor. Ayer, el presidente Nicolas Sarkozy expresaba el pesar de toda Francia por la desaparición de esta humanista.

[Pedro VALLÍN. “Una destacada helenista”, in La Vanguardia (Barcelona), 20 de diciembre de 2010, p. 33]