✍ Outsiders. Hacia una sociología de la desviación [1963]

por Teoría de la historia

Outsiders_hacia_una_socolog_a_de_la_desviaci_nPublicado originalmente en 1963 por Howard Becker, Outsiders se inscribe en la corriente sociológica denominada interaccionismo simbólico, que tiene en Georges H. Mead y Erving Goffman a algunos de sus principales exponentes. Para decirlo sencillamente, dicha tradición teórica tuvo vastos efectos en las ciencias sociales y se ocupó especialmente del individuo activo y creativo más que de otros enfoques teóricos. En igual sentido el interaccionismo se interesó en la naturaleza de las acciones de los individuos en la vida social cotidiana, centrándose especial y focalizadamente en los fenómenos sociales a pequeña escala. En este sentido la etnografía se reconoce subsidiaria de esta corriente. No casualmente encontramos a su principal antagonista teórico en las corrientes estructuralistas y funcional-estructuralistas menos preocupadas por el individuo como categoría de análisis. En materia criminológica, el interaccionismo dejó atrás el estudio del “delincuente” para abocarse a las instancias que “crean” y “administran” la delincuencia, dejando de lado la criminalidad para estudiar los procesos de criminalización. Nacía de este modo el denominado enfoque del etiquetamiento, que en un autor como Frank Tannenbaum y su idea de la “dramatización de lo malo” o en la noción de “rotulación”, estaría llamado a ejercer una fuerte influencia en la sociología de los sesenta. Esta elementalísima advertencia es necesaria para abordar la lectura del trabajo de Becker, que en sintonía con la corriente que mencionamos, desplaza el foco de atención de la conducta “desviada” y los motivos del individuo que delinque hacia el estudio de quienes hacen o proponen las leyes al considerar que es tan importante estudiar a quienes infringen la ley como a quienes definen qué es delito y qué no lo es. Tanto en Outsiders como en otros conocidos artículos del autor, la preocupación está centrada en la observación de los consumidores de marihuana y de los músicos de jazz y sus vicisitudes cotidianas al ser portadores de cierto estigma social o etiquetamiento. Uno de los más importantes libros de Goffman lleva ese título: Estigma. Al haber incursionado como músico de jazz –Becker fue pianista profesional–, el autor dispone de una vivencia que hace más interesante su trabajo, considerado en la actualidad como un verdadero clásico de la sociología. Vale recordar que Becker ha hecho importantes aportes en investigación cualitativa. Narrado de manera ágil y sencilla, aunque no carente de densidad teórica, el trabajo sostiene que se intenta llamar la atención, a propósito del drama de la desviación sobre “la imposición de definiciones –de situaciones, acciones y personas– a manos de quienes ostentan suficiente poder o legitimidad para hacerlo”, ya que “un estudio exhaustivo de estas definiciones, de su proceso de desarrollo y del modo en que se convierten en algo legítimo que se da por sentado”. Becker sostiene que “…al transformar a los cruzados de la moral (así como a aquellos que buscan el control) en objetos de estudio, el análisis interaccionista socava la jerarquía de credibilidad de la sociedad convencional. Cuestiona el monopolio de la verdad y de la ‘historia completa’ a manos de quienes ostentan poder y autoridad”. En igual sentido, continúa Becker “…el análisis interaccionista relativiza las definiciones de la desviación hechas por la gente respetable y las autoridades constituidas, considerándolas materia prima para ser analizada por las ciencias sociales y no manifestaciones incuestionables de verdades morales”. (El destacado es nuestro) En su monumental trabajo, Gabriel Anitua [Historia de los pensamientos criminológicos, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2006, 1ª reimpresión, pp. 363–371] sostiene que “la mayoría de los hechos analizados por estos autores –se refiere a los interaccionistas– no constituían realmente problemas sociales, y mucho menos para la nueva sociedad con nuevas valores que se estaba gestando en esos años. Téngase en cuenta qué tipo de ‘delitos’ analizaban, que iban desde la bohemia, el uso de estupefacientes, homosexualidad, aborto,9780029021408 hechos juveniles de menor importancia, emisión de cheques, hasta la brujería”. De igual modo, Anitua sostiene que “…el del etiquetamiento es un enfoque ‘micro’, que tiende a olvidar lo ‘macro’. Por ello, a la larga, este ‘enfoque’ –vale remarcarlo, pues nunca se definió como teoría – tendría que llegar a compromisos con otras explicaciones o verdaderas ‘teorías’ sobre la cuestión criminal. Que lo hiciera principalmente con una nueva criminología contestaria tiene bastante más que ver con el ambiente cultural de los años sesenta que con la naturaleza de los contenidos del etiquetamiento”. Finalmente, la importancia de la reedición de Outsiders, destinada a estudiosos de la historia de las ciencias sociales y la criminología, se expresa más en su condición de trabajo de época que en el aporte que puede hacerle al estado del arte en materia de avances teóricos en criminología.

[Alberto RODRÍGUEZ. “Outsiders Hacia una sociología de la desviación Howard Becker Siglo Veintiuno Editores. Buenos Aires, 2009” (reseña), in Cuadernos de Seguridad (Buenos Aires), nº 10, octubre de 2009, pp. 186-187]

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