✍ Las revoluciones de la cultura escrita. Diálogo e intervenciones [1997]

por Teoría de la historia

ariel1La historia de la cultura se ha estado ocupando, cada vez con mayor frecuencia, de un tema especialmente fascinante: la historia de la lectura. Uno de los principales protagonistas historiogràficos de este tipo de estudios es Roger Chartier, quien ha dedicado una buena parte de su obra a desentrañar los procesos históricos de la lectura. En este volumen se han reunido un diálogo con Jean Lebrun, dos entrevistas y tres conferencias en las que el historiador francés se ocupa de “las revoluciones que transformaron las técnicas de reproducción de los textos, las formas del libro y las maneras de leer.” En este caso, abordaremos solamente un aspecto del libro: el de las consecuencias que la revolución electrónica ha tenido sobre los textos impresos y la lectura. La parte central del libro es ocupada por el interesantísimo diálogo que sostienen Chartier y Lebrun. Invenciones que revolucionaron el libro y la lectura como la imprenta por Gutenberg, conviven con tradiciones que permanecieron a pesar de esa extraordinaria creación -por ejemplo, muchos libros, especialmente los textos prohibidos, se siguieron copiando a mano hasta bien entrado el siglo XIX o incluso el XX, o la encuadernación y estructuración de los volúmenes, la que había sido establecida desde los manuscritos-. En la actualidad estamos viviendo una tremenda revolución en la lectura por el auge de los medios audiovisuales, como lo han analizado, desde diferentes ópticas diversos autores -por ejemplo, los estudios de Simone acerca de las transformaciones en la tercera fase de nuestras formas de saber o los de Abraham Moles acerca de la imagen, por mencionar sólo dos-. Respecto a las consecuencias que para el libro y la lectura tiene tan grande transformación, dice el autor: “la posibilidad que tiene el lector de mezclar, entrecruzar, reunir textos que están inscriptos en la misma memoria electrónica: todas estas características indican que la revolución del texto electrónico es tanto una revolución de las estructuras del soporte material de lo escrito como de las maneras de leer.” Los nuevos medios electrónicos han hecho que la lectura se haya convertido en una actividad más distanciada, descorporizada, ya que el lector no tiene contacto físico con los textos, sino que establece una relación mediada por la computadora: ya no recorre manualmente las páginas del libro, sino que repasa los textos electrónicos mediante un teclado o un ratón. Ello le permite hacer cambios a esos textos, lo que no ocurre con el libro -que, en ese sentido, es un medio cerrado-. Pero la transformación tecnológica no sólo ha tenido efectos sobre el lector, sino con los diversos actores que hacen posible la creación y difusión de los textos. La velocidad con la que se puede difundir hoy una obra es mucho más rápida que nunca. Así, se puede hablar de nuevos conceptos en lo relativo al autor, al editor y difusor, actividades que se han acercado mucho. Dice Chartier: “El productor de un texto puede ser inmediatamente su propio editor, en el sentido que da una forma definitiva al texto y a la vez en el sentido del que lo difunde entre un público de lectores: gracias a la red electrónica, esta difusión es inmediata.” Esto no ocurre solamente con esas tareas, sino también con la de crítico, ya que en medios como la red electrónica es más fácil y rápido publicar opiniones acerca de textos que en ella se hallan. Por su parte, el lector está experimentando cambios violentos con las innovaciones electrónicas. Además de los ya señalados arriba, están, entre otros, los siguientes: el lector ya no depende del papel; se han desarrollado formas de escribir y de leer en los medios audiovisuales distintas a las tradicionales; el cuaderno de notas ya puede ser una lap top, los textos publicados y guardados en la red o en instrumentos como el disquete y el cd-rom ocupan mucho menos espacio y pueden reunir mayor cantidad de información a menor costo que el libro, etc. De alguna forma, el nuevo soporte de los textos han dado base para hacer realidad dos de los ideales de la Ilustración: universalidad e interactividad. Señala el autor: “Lo que soñaba Kant era que cada persona fuera a la vez lector y autor, que emitiera juicios sobre las instituciones de su época, independientemente del tipo de institución de que se tratara, y que al mismo tiempo pudiera reflexionar sobre los juicios emitidos por los demás. Lo que antes sólo permitían la comunicación la comunicación manuscrita o la circulación de textos impresos hoy encuentra un soporte mucho más poderoso en el texto electrónico.” Sin embargo, el proyecto ilustrado, pese a ser apoyado por las innovaciones tecnológicas, tiene dos obstáculos formidables: la gran diversidad de lenguas y una exacerbada privatización del acto lector, con lo que la lectura perdería sus dotes como forma de sociabilidad compartida. Como se ha advertido con en otros procesos sociales que llevan al aislamiento en tiempos de globalización, la lectura se está replegando hacia ámbitos privados, ya sea el hogar o la oficina. Así, se abandona la práctica de la lectura en espacios comunitarios, como lo son la bibliotecas. Aunque esta revolución facilita la rapidez y facilita el acceso a los textos, además de que es posible agregarles imagen y sonido, puede conducir a verdaderas tragedias culturales tales como el descuido y la devastación de la cultura libresca, lo que sería una pérdida inconmensurable. Como anota el autor, con la edición electrónica “ya es posible descuidar la conservación del objeto original, puesto que el texto de todos modos subsiste.” Remata: “A veces, la proliferación del universo textual pudo llevar al gesto de la destrucción, cuando debióle-livre-en-revolutions-244141-250-400 pensarse en la exigencia de la conservación.” A partir de sus reflexiones -llenas de ejemplos históricos- Chartier atisba una alternativa en el futuro: lo que está en juego con la revolución del texto electrónico es, pues, o bien un futuro en el que podría ser -que podrá ser, espero-, la encarnación del proyecto de la Ilustración, o bien un futuro de espacios compartimentados y de solipsismo.” Ante el presente que tiende a la concentración en unas cuantas poderosas empresas multimedia de las ofertas de lectura, comunicación, información y entretenimiento, hay dos caminos: el aumento de las tendencias monopólicas, o la apertura de espacios de expresión en el debate público de aquellos que estaban marginados en el limitado mundo de la imprenta. “Éste es uno de los principales desafíos de nuestro tiempo”, concluye el autor.

[Ariel RUIZ MONDRAGÓN. “Revolución electrónica y lectura” (reseña), in La Insignia. Diario independiente iberoamericano (Madrid), 30 de junio de 2002]

Anuncios