✍ Costureras, monjas y anarquistas. Trabajo femenino, Iglesia y lucha de clases en la industria del vestido. Buenos Aires, 1890-1940 [2007]

por Teoría de la historia

Tapa Costureras, monjas y anarquistasSilvina Pascucci es una activa integrante del CEICS, de Razón y Revolución y del periódico El Aromo. Allí, forma parte de un proyecto que busca profundizar el análisis del desarrollo del capitalismo argentino y su evolución. Costureras, monjas y anarquistas es una versión de su tesis de licenciatura en historia (UBA, 2005) en la que -enmarcada en aquel objetivo- analiza la forma de organización del trabajo, la mecanización de la producción y cómo ésta afecta a la formación de la clase obrera y la industria. Si bien el tema de la industrialización ha sido largamente transitado (1) la autora intenta visibilizar las vicisitudes de la producción textil, específicamente en la sastrería que, comparada con el resto de la rama es, según Pascucci, la menos estandarizada. Apegada a categorías marxistas, apela a una exhaustiva labor documental que le permite trazar las distintas etapas que atravesó este sector de la producción, desde fines del s. XIX y hasta la década del 1940, corte temporal abrupto que ha adquirido relieve en la historiografía. De manera minuciosa, en los primeros capítulos describe cada etapa de esta lenta evolución, combinando las tradicionales estadísticas con historias de vida y otras fuentes. Según describe, la primera etapa de la producción es caracterizada por la baja productividad, el trabajo manual y la alta calificación de la mano de obra. Un segundo momento en el que se produce el despegue del método artesanal, caracterizado por una mayor división del trabajo, la introducción de maquinaria (máquina de coser) y una mayor estandarización de la producción. Ello implicaría un aumento de la productividad y una menor calificación de la mano obra involucrada en el proceso. Esta forma de producción, la manufactura moderna, será la dominante durante las tres primeras décadas del s. XX para, luego, ceder lugar a los grandes talleres que concentrarán la producción hasta asemejarse a la gran industria. En este sentido, el trabajo discute la línea de interpretación que utiliza al Taylorismo como forma dominante durante este periodo de la historia (2). En el capítulo III, Iglesia, caridad y explotación, la observación de la evolución del capital privado en la industria textil, es trasladado a la producción en las instituciones caritativas. La autora diferencia dos períodos. El primero marcado por la baja mecanización y descentralización y el segundo iniciado a finales de la década del ’30 en el cual, al igual que para el capital privado, se evidencia un aumento de la centralización (Costurero Central) y mecanización de la producción así como intento de organizar la fuerza laboral. Además del aporte documental, el trabajo de Silvina Pascucci coloca el acento en las instituciones de la sociedad civil como puntales de producción importantísimos para la economía del periodo, cuestión poco analizada por la historiografía y que sólo ha sido señalada recientemente por Donna Guy en relación con el papel que las sociedades benéficas tuvieron en la implementación de las políticas sociales. Guy atribuye un papel fundamental a esas empresas en el empoderamiento femenino, pero habrían ido perdiéndolo conforme avanzaba el Estado en la asunción de la dirección de esas políticas, para finalmente atomizarse -aunque sin diluirse del todo- a partir de la obtención de los derechos políticos por parte de las mujeres (3). Pascucci, por el contrario, se posiciona en cómo en esos ámbitos se reprodujeron las relaciones de explotación del capitalismo. La autora ofrece un pantallazo de los debates sobre la mujer y el trabajo. El concepto de complementariedad salarial, la naturalización y descalificación de las tareas femeninas y el discurso de subyugación hacia sus capacidades y conocimientos son temas que han sido harto transitados y que aquí se apoyan exclusivamente en la obra fundamental de Marcela Nari (4). Finalmente, las características de esta fuerza laboral y su relación con el capital son el otro eje del trabajo. Pascucci ofrece una síntesis de los esfuerzos realizados para la organización de los trabajadores, enfatizando las singularidades que generó en la misma el carácter domiciliario de su tarea, de los conflictos entre éstos y el capital, las mediaciones del estado, las distintas tendencias que predominaron en sus sindicatos, de sus conflictos internos y de las resistencias que la organización de las mujeres proletarias representó para muchos de sus compañeros varones, línea en la que ya han avanzado algunas investigaciones (5). El trabajo de Silvina Pascucci visibiliza una rama industrial feminizada y las luchas de sus proletarias protagonistas. Ello aporta a la visibilización de las mujeres a la historia de la industrialización y, si bien es importante, apenas si conmueve los marcos interpretativos pues en el debate se pierde la especificidad de esa acción femenina. Ello, particularmente, debido a que esa visibilización está subordinada al objetivo general de la obra que apunta a marcar posiciones interpretativas marxistas en los debates teóricos e historiográficos sobre las temáticas abordadas, lo cual -en cierto modo- termina siendo un marco anticipatorio que le quita plasticidad a una investigación con muchísimo potencial documental apenas explorado.

[Gisela MONZONI. “Silvana Pascucci. Costureras, monjas y anarquistas. Trabajo femenino, iglesia y lucha de clases en la industria del vestido (Buenos Aires, 1890-1940), Buenos Aires, Ediciones RyR, 2007” (reseña), in Sociohistórica (La Plata), nº 21-22, 2007, pp. 257-260]

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