✍ Galileo cortesano. La práctica de la ciencia en la cultura del Absolutismo [1993]

por Teoría de la historia

UnknownEl libro de Mario Biagioli, Galileo cortesano. La práctica de la ciencia en la cultura del absolutismo, es una obra ineludible dentro de los actuales estudios históricos y sociales de la ciencia. El autor señala que el libro no es una biografía, pero sí un estudio de la carrera socioprofesional de Galileo que permite introducirse en las condiciones externas que determinan la práctica de la ciencia en Italia entre fines del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII. Biagioli organiza su análisis alrededor de la triple relación que establece entre las dinámicas sociales del mecenazgo, la cultura cortesana y la carrera de Galileo. Con esta propuesta el autor busca dejar atrás la torpe distinción entre ciencia preparadigmática y paradigmática evitando la crónica miopía sobre los factores sociales que participan en las dinámicas de elaboración del conocimiento científico. Para ello, Biagioli estructura el libro en siete apartados (“La autocronstrucción de Galileo”, “Los hallazgos y el protocolo”, “Anatomía de un debate en la corte”, “La antropología de la inconmensurabilidad”, “Intermezzo. Roma Theatrum Mundi, “Los cometas de la corte” y “Un marco para el juicio de Galileo”). Para el autor, el mecenazgo, como sistema social que sostiene la actividad científica de Galileo, es el elemento fundamental que estructuró el proceso de autoconstrucción socioprofesional del pisano. Siguiendo a Peter Dear, Biagioli señala que la modernidad temprana en Europa se caracteriza por la existencia de un vínculo estrecho entre la posición social y la credibilidad epistemológica (p. 32). Dicha credibilidad se refleja en el orden jerárquico que existe al interior de las disciplinas liberales. Las ciencias matemáticas combinadas (como la astronomía, la óptica y la mecánica) no podían equipararse a la posición social que ocupaba la filosofía natural, pues éstas ocupaban un espacio marginal en la filosofía aristotélica dominante en el siglo XVI y XVII. Valiéndose del estudio del epistolario de Galileo, Biagioli busca reconstruir el protocolo necesario para el ascenso social de Galileo en el marco de las relaciones de mecenazgo (“La autoconstrucción de Galileo”). En la microfísica del mecenazgo que desarrolla el autor, se aprecia como existen diferentes estatus dentro de los actores que articulan el sistema sociocultural de los mecenas. Para explicar este proceso, Biagioli se introduce en las estrategias que el científico pisano utiliza para ganarse el apoyo del joven Cosme a quien realizaba clases particulares en los veranos. Según la explicación que nos ofrece el autor del tipo de vínculos que establecen mecenas y beneficiarios, el don cumple una función de sondeo produciéndose un cruce entre la dimensión simbólica y la dimensión económica de los dones. La triple relación que establece Biagioli entre posición social, honor y credibilidad epistemológica modela la dinámica de las controversias científicas que en realidad se asemejan a verdaderos “duelos”. Por eso las polémicas eran parte de la actividad de los científicos en la modernidad temprana. El contrato de Galileo con Cosme II contemplaba como una clausula que señalaba que debía participar en este tipo de enfrentamientos. Como el honor y su estética pública era lo que rodeaba los fenómenos de credibilidad y divulgación de los descubrimientos científicos al interior del sistema de mecenazgo, los beneficiarios debían comprender los códigos culturales de la corte para tener éxito en sus aspiraciones socioprofesionales (“Los hallazgos y el protocolo”). No era suficiente tener los vínculos adecuados, sino también había que tener las aptitudes sociales adecuadas. Si bien no se daba por seguro que médicos y filósofos (los dos saberes superiores en la escala jerárquica de las disciplinas liberales) eran sinónimo de buen gusto y de tener aptitudes para la vida cortesana, los matemáticos eran considerados como sujetos vulgares y poco sofisticados. Por tanto, el libro muestra como Galileo alterna estas estrategias protocolares de legitimación sociocognitiva, lo que lleva a Biagioli a señalar que su ingreso a la corte de los Medici bajo el título de filósofo es posiblemente el resultado de la intersección de dos procesos históricos más generales: “la formación de una cultura de la corte asociada con el surgimiento del Estado absolutista, y el proceso de legitimación social de la ciencia” (p. 196). Como aporta el autor, el contrato de Galileo con los Medici no obliga a que trabaje en la corte, o que deba enseñar en Pisa, sino que su presencia (y actuación) se reclamaba sólo cuando el Gran Duque lo requiriera (“Anatomía de un debate en la corte”). Y su presencia no era reclamada en cualquier ceremonia: su contrato contemplaba específicamente que las ceremonias en las que los Medici pretendían la participación de Galileo eran los “debates”. Estos debates públicos ofrecían, para matemáticos como Galileo, un espacio para el progreso social y científico de sus carreras, es decir, estatus y credibilidad. El problema de fondo que aquí el autor nos está presentando son las condicionantes y características de la comunicación científica (“La antropología de la incomensurabilidad”). En este apartado Biagioli desarrolla el vínculo entre algunas de las consideraciones sobre el sistema del mecenazgo y su influencia en la legitimación sociocognitiva del conocimiento. Para ello, el autor pone énfasis en que las asimetrías existentes en las manifestaciones de la inconmensurabilidad alrededor del proceso de cambio científico (proceso de selección de teorías) reflejan la capacidad y/o voluntad de comunicarse. En consecuencia, la legitimación de una cosmovisión nueva no podía llevarse a cabo si no se producía una revolución en la jerarquía social que gobernaba las disciplinas liberales junto al surgimiento de nuevas identidades socioprofesionales (p. 226). Lo anterior hace que el autor hace que se sumerja en los periplos que vivió Galileo para llegar al más espectacular de los lugares destinados al buen gusto y al mecenazgo: la corte romana (“Intermezzo”). Roma era el último destino de cualquier aspirante a ascender en su carrera socioporfesional. Para beneficiarios ambiciosos como Galileo lo más atractivo de Roma (ciudad que el pisano describió en el Diálogo como el “Teatro del Mundo”) era el “tipo” de mecenazgo que ofrecía. Una corte que a inicios del siglo XVII (en contraste con la decadencia de ciudades como Venecia, Ferrara o Milán) concentraba todo el poder, riqueza y buen gusto de la Italia. Como el propio Biagioli observa: “(…) el mecenazgo papal constituye la herramienta de autoconstrucción más potente a la que puede aspirar un beneficiario en la Italia de principios del siglo XVII” (p. 307). Por lo tanto, para Biagioli el inestable contexto social de la corte barroca y las academias romanas, con recurrentes cambios de personas y alianzas, con un Galileo-Courtier-9780226045603mercado laboral vertiginoso que ofrece muchas posibilidades a los cortesanos que migran, jugará un papel protagónico en la última etapa de la carrera de Galileo (“Los cometas de la corte”). Para el autor, Galileo no es ni un transgresor, ni el científico moderno y metódico que la imagen de historiografía clásica intenta recrear del pisano. En realidad, Galileo en esta última etapa de su carrera es algo mucho más sencillo: no es más que un buen cortesano. Por último, uno de los puntos más interesantes del estudio es el marco alternativo de interpretación que Biagioli hace del juicio de Galileo de 1633 basado en el análisis previo del sistema social del mecenazgo y la dinámica cultural de la corte (“Un marco para el juicio de Galileo”). El autor no se centra en la dimensión conceptual de la controversia y sostiene que los mismos procesos sociales que impulsaron la carrera profesional de Galileo y sus esfuerzos por legitimar la astronomía copernicana, también provocaron el fin de su ascenso en la corte de Urbano VIII. Según Biagioli, la caída de Galileo coincide con una práctica típica de las cortes absolutistas conocida como “la caída del favorito”. El autor explica que el juicio a Galileo es una relación entre la economía del poder del soberano, la cultura de la corte y la figura del mecenazgo (p. 428). El epílogo de libro de Biagioli concluye como lo suelen hacer los libros de profunda consistencia histórica: con una hipótesis de trabajo (“Del mecenazgo a las academias”). En unas pocas páginas el autor no hace más que proponernos un modelo de migración institucional desarrollado en la temprana edad moderna, que lleva a los científicos a viajar de la Universidad a la Corte y luego a la Academia en busca de espacios de legitimación sociocognitiva de sus descubrimientos e inventos. En síntesis, es un libro exquisitamente escrito por Mario Biagioli que refleja su extraordinario manejo de los acontecimientos y de la literatura de época. Esto trae como resultado que la propuesta de reconstrucción histórica y análisis cultural de Galileo cortesano esté apoyada sobre argumentos consistentes. De manera brillante, Biagioli nos entrega un relato histórico que nos permite comprender como surge y se consolida un discurso científico no dogmático en la segunda mitad del siglo XVII fruto de la interacción del absolutismo político y la nueva filosofía natural.

[Francisco ORREGO GONZÁLEZ. “Biagioli, Mario, Galileo cortesano. La práctica de la ciencia en la cultura del absolutismo, Buenos Aires, Katz Editores, 2008, 485 págs.” (reseña), in Cuadernos de Historia Moderna (Madrid), vol. XXXVI, 2011, pp. 246-248]