✍ Las venas abiertas de América Latina [1971]

por Teoría de la historia

10517517_2_20081122_13_29_17En el curso de los últimos años se han escrito numerosos trabajos sobre la dependencia y explotación de América Latina. Algunos son sesudos análisis científicos, de difícil lectura; otros, pese a sus buenas intenciones, apenas pueden describirse como panfletos voluminosos. El libro de Eduardo Galeano pertenece a una categoría especial, digna de mención. Se trata de una obra que ha exigido a su autor un profundo conocimiento de la problemática latinoamericana -sólo posible mediante el acopio de experiencias recogidas a lo largo de sus viajes, y la lectura de una copiosa bibliografía-; sin embargo, ha sido escrita con un estilo brillante, magnético, que arrastra y apasiona al lector, aprisionándolo hasta concluir la obra. Cada página aporta dolorosos testimonios del sometimiento, las vejaciones, las humillaciones incontables sufridas por los habitantes del continente desde el momento mismo en que los primeros colonizadores pusieron sus pies en suelo latinoamericano. Por las 400 páginas de su obra hace desfilar Galeano la historia de la explotación implacable, cruel, y muchas veces cruenta de esta Patria grande atomizada por los intereses de los sucesivos imperios dominantes. Ningún latinoamericano puede leer imperturbado “Las venas abiertas de América Latina”. Porque se trata de un alegato apasionado, en el que si bien se deslizan algunos errores de información, y se incluyen opiniones sumamente discutibles, es necesario reconocer la hercúlea labor de un hombre que se siente íntimamente indignado por la multisecular operación de drenaje de la riqueza latinoamericana. Los títulos escogidos por este escritor uruguayo, no tienen desperdicio. El de la obra, es descriptivo, como pocos. América Latina es una región del mundo que, como otras del Tercer Mundo, viene siendo desangrada a lo largo de siglos por variadas potencias que, afectadas de un agudo vampirismo, se alimentaron y se alimentan aun con su sangre. En la introducción, habla de “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”. Y dice, en el párrafo inicial de la obra: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Este ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos”. Más adelante, incursionando en uno de los temas más polémicos de la actualidad demográfica continental, dice: “El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo182242 que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales, y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, tirabuzones, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños; porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol en estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan”. Y afirma, quizás con excesivo efectismo, que “en América Latina resulta mas higiénico y eficaz matar a los guerrilleros en los úteros que en las sierras o en las calles”. En la primera parte, que lleva un título bien descriptivo (“La pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra”), efectúa Galeano un relato estremecedor acerca de la grandeza y decadencia de Potosí, y otras zonas -como Villa Rica de Ouro Preto- que sufrieron los padecimientos originados en la incontrolada explotación de minerales preciosos, cuya búsqueda trajo, en buena medida, a los primeros europeos a tierra americana. Los párrafos que Eduardo Galeano dedica a la situación de los pobladores indígenas durante la conquista y colonización, despiertan aun hoy una indignación incontenible. La hecatombe demográfica, que provocó la desaparición de pueblos enteros, está descripta en párrafos escritos con una pasión que sólo iguala la que nace en el pecho de los lectores. Después de analizar la “fiebre del oro” y la “fiebre de la plata”, siempre dentro de la primera parte de su libro, entra a la consideración de otro tema central de la problemática latinoamericana del sometimiento. Bajo el título “El rey azúcar y otros monarcas agrícolas”, comenta los horrores de las plantaciones, y su efecto destructivo en las economías de muchos países latinoamericanos. Cañaverales en Brasil -en su nordeste indescriptible-, las islas del Caribe, parte del Perú y México, que hicieron estragos y causaron deformaciones que aún no han podido superarse sino parcialmente. Y agrega: “No sólo el azúcar. Esta es también la historia del cacao, que alumbró la fortuna de la oligarquía de Caracas; del algodón de Maranhao, de súbito esplendor y súbita caída; de las plantaciones de caucho en el Amazonas, convertidas en cementerios para los obreros nordestinos reclutados a cambio de moneditas; de los arrasados bosques de quebracho del norte argentino y del Paraguay; de las fincas de Henequén, en Yucatán, donde los indios yanquis fueron enviados al exterminio. Es también la historia del café, que avanza abandonando desiertos a sus espaldas, y de las plantaciones de frutas en Brasil, en Colombia, en Ecuador y en los desdichados países centroamericanos”. Completando la primera parte, habla de las “fuentes subterráneas del poder”. Allí encontramos el cobre, el estaño, la bauxita, el hierro, el petróleo … Historia de Eduardo_Galeano_Las_venas_abiertas_de_Am_rica_LAtinaviolencias increíbles ejercidas para controlar esas “fuentes subterráneas del poder”. Chile, Bolivia, Venezuela y casi todos los países de América Latina se hacen presentes en esta parte de la obra, aportando ejemplos donde el orgullo y la vergüenza están siempre presentes. Latinoamericanos dignos, ejemplares, junto a traidores que vendieron partes substanciales de los patrimonios de sus respectivos países a cambio de “comisiones” y prebendas. En la segunda parte, Galeano dice que “El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes”. Describe los avatares del proteccionismo y el libre cambio en el continente, y hace una encendida defensa de la experiencia realizada por el Paraguay de López. En esta parte de su libro emite algunos juicios erróneos acerca del papel desempeñado por Juan Manuel de Rosas, que exigirían – para que los rebatiéramos de la manera que nos parece que el tema merece, una extensión que excede con mucho la de un comentario bibliográfico como el actual. Culmina su obra refiriéndose a “la estructura contemporánea del despojo”, descripta con brillantez y claridad idénticas a las que caracterizan las restantes partes de la misma. “Las venas abiertas de América Latina” es un libro que merece ser leído. No es necesario coincidir con todos los juicios emitidos por Galeano para afirmar, como lo hacemos, que constituye un aporte valioso a la toma de conciencia latinoamericana acerca de la necesidad de unir fuerzas para romper los lazos de la dependencia y la explotación. Hay muy interesantes comentarios sobre la experiencia cubana, sobre el modelo brasileño, sobre la revolución peruana, y sobre otros fenómenos de esta cambiante y prometedora América Latina de nuestra época, cuya vitalidad y perspectivas se evidencian a través de síntomas palpables, como es este libro que Siglo XXI, una editorial que está a la vanguardia de las de habla castellana, ha reeditado con buen criterio. La unidad latinoamericana debe ser la respuesta a la explotación. Esa unidad pasa por la integración. Queremos concluir con el párrafo final insertado por el autor: “El actual proceso de integración no nos reencuentra con nuestro origen ni nos aproxima a nuestras metas. Ya Bolívar había afirmado, certera profecía, que los Estados Unidos parecían destinados por la Providencia para plagar América de miserias en nombre de la libertad. Notumblr_mjlrynwakj1qm7amgo1_1280 han de ser la General Motors y la IBM las que tendrán la gentileza de levantar, en lugar de nosotros, las viejas banderas de unidad y emancipación caídas en la pelea, ni han de ser los traidores contemporáneos quienes realicen, hoy, la redención de los héroes ayer traicionados. Es mucha la podredumbre para arrojar al fondo del mar en el camino de la reconstrucción de América Latina. Los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos sí, en sus manos, la tarea. La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio. Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre la conciencia de los hombres”. Que sepamos diseñar el destino que aspiramos, y luchar por convertirlo en realidad, para concretar la liberación nacional y social de América Latina. Obras como la de Galeano nos estimulan a intentarlo.

[Luis A. CARELLO. “Las venas abiertas de América Latina”, in Nueva Sociedad (Buenos Aires), nº 8-9, septiembre-diciembre de 1973, pp. 182-184]