✍ La revolución cartográfica en Europa, 1400-1800. La representación de los nuevos mundos en la Europa del Renacimiento [2003]

por Teoría de la historia

UnknownPeter Sloterdijk, que ha dedicado parte del segundo volumen de su trilogía Esferas a establecer una correlación entre el concepto de globalización y la historia del mundo, manifiesta que la apertura al exterior de las sociedades europeas de comienzos de la Edad Moderna concedió al mapa un rango prioritarios entre los elementos materiales de la nueva mentalidad, al ser «el que les dice dónde se encuentran» y hacer desaparecer «las dimensiones reales ». Así «para el globo terrestre […], comienza una historia de éxitos que se alarga durante un período de tiempo de más de quinientos años». De esta generalización de los mapas, ayudada decisivamente por la aparición de la imprenta, habla la obra de David Buisseret La revolución cartográfica en Europa. 1400-1800. El logro europeo del Renacimiento no sólo fue técnico y científico, sino espacial y territorial, tanto por descubrir y conquistar territorios apenas imaginados antes de 1492, como por estructurarlos conscientemente y dar lugar, mediante la documentación cartográfica, a un nuevo orden mundial. Si la sociedad estadounidense fue una «sociedad de frontera », como defendió a fines del s. XIX Jackson Turner en su célebre The Significance of the Frontier in American History, es evidente que tal apelativo cabe otorgárselo en mayor medida a los Estados que, entre los siglos XV y XX (Portugal, España, Francia, Inglaterra y Holanda, principalmente) fueron constante y sucesivamente ampliando la frontera, no sólo de la civilización europea sino del mundo conocido y desarrollado. Esto es, en cierta medida, lo narrrado, desde una perspectiva cartográfica y centrada en algunos detalles concretos, la obra de Buisseret. Sin suponer, propiamente, una historia de la Cartografía, se acerca a determinados aspectos de la evolución y el desarrollo de esa técnica en relación con la propia historia de la sociedad europea de época moderna. A favor de la obra juega (junto a la buena edición de Paidós, con un formato acorde con su temática sin conllevar un alejamiento de los parámetros de manejabilidad necesarios para su difusión comercial) el conocimiento que el autor atesora del desarrollo de la Cartografía en el periodo analizado, así como lo interdisciplinar de los estudios aquí reunidos, que hace que estemos ante una obra no sólo de carácter histórico sino marcada también por novedosas aportaciones sociológicas y relativas a la historia del arte. La obra analiza diferentes aspectos cruciales en el desarrollo moderno de la Cartografía, como son el sustrato clásico a partir del cuál evoluciona dicha técnica desde el Renacimiento; la importancia que cobra para los Estados la representación espacial de los territorios (propios, conocidos, ajenos o ignotos) y el mecenazgo de la elaboración de este tipo de documentos; la relación con el arte militar, y el carácter y valor administrativo y catastral que los mapas comienzan a ejercer, así como la importancia que adquirirán los planos como testimonio del desarrollo de los burgos europeos de la época.Con el valor general de la obra, que se incrementa con numerosas ilustraciones a color y blanco y negro, y abundantes notas y referencias bibliográficas incluidas al final, merece destacarse el capítulo dos, junto con el DIGI1351392516-1d0b7898-d0eb-420a-93c0-782532977286sexto probablemente los más atractivos, por su puesta en relación de la cartografía de los ss. XV y XVI con los artistas e impresores de la época. Sin embargo, el avance de la cartografía contribuyó, además, a la estructuración de una conciencia global del planeta que no ha superado aún el pensamiento eurocentrista con y del que surgió.A pesar de que el título del libro alude al espacio y civilización europeos, ha de señalarse la omisión de alguna referencia (hecho quizás debido al carácter recopilatorio de la obra), siquiera brevemente, a la producción cartográfica islámica y la contribución de sus viajeros y cartógrafos al desarrollo de la materia, sobre todo teniendo en cuenta que se analizan también los precedentes clásicos griegos y romanos. Como manifestó a fines del pasado siglo Immanuel Wallerstein, «hemos de reconocer que Europa hizo algo especial entre los siglos XVI y XVIII que transformó el mundo, pero en una dirección cuyas consecuencias negativas estamos sufriendo ahora». Asumir los hechos y sus consecuencias de nuestra historia debe ser parte de la evolución hacia una sociedad multicultural y tolerante con el resto del planeta.

[Fernando Benito MARTÍN. “David Buisseret: La revolución cartográfica en Europa, 1400-1800. La representación de los nuevos mundos en la Europa del Renacimiento. Barcelona, Paidós Ibérica, 2004, 256 pp.” (reseña), in Pliegos de Yuste, nº 3, mayo de 2005, pp. 123-124]

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