✍ La independencia y la cultura política peruana, 1808-1821 [2010]

por Teoría de la historia

PeraltaHan pasado poco más de doscientos años desde el inicio de la crisis política que sacudió la Península Ibérica en el siglo XIX, y es probable que en el curso de la próxima década veamos un sinnúmero de artículos, colecciones documentales y hasta libros sobre la independencia del Perú. Víctor Peralta pertenece a una generación de historiadores que desde hace años investiga el problema de la emancipación de las colonias de América. Por más de una década, ha estudiado la historia de lo que él llama «la cultura política», o sea el concepto del Estado y las relaciones de poder en las sociedades modernas, y el libro ofrece mucho al respecto. Esta obra es una continuación de su historia del gobierno del virrey José Fernando de Abascal, aparecida en el 2002, y forma parte de un proyecto que propone explicar los orígenes del liberalismo político en el Perú en los preámbulos de la independencia en 1821. Varios de sus capítulos han sido publicados anteriormente, bajo la forma de artículos, en colecciones y revistas, pero reunidos aquí, constituyen un todo más que un conjunto de elementos aislados. Cada capítulo contribuye a afianzar la hipótesis del autor, que propone que las ideas del liberalismo hispánico fueron llevadas al virreinato del Perú como parte de los eventos de la crisis política que estalló en 1808 en la Península Ibérica y que terminó con la separación de los territorios americanos del dominio español. Peralta rechaza una disputa que ha dominado las discusiones del origen y proceso de la independencia desde hace más de treinta años: por un lado, los que afirman la tesis de la «independencia concedida», o sea el argumento de que la emancipación del Perú se debió a los ejércitos extranjeros, primero de Chile, liderado por José de San Martín, y después de la Gran Colombia, al mando del general Simón Bolívar. Del otro lado, tenemos los que sostienen la tesis tradicional de la «independencia concebida», que se aferran a la idea de que la emancipación fue producto de los esfuerzos de patriotas criollos cuya conciencia nacional se fue desarrollando en el curso de las décadas previas a la separación formal de España. La disputa sigue sin resolución y se parece más a las discusiones entre partidarios de uno u otro equipo de fútbol que debates serios que ofrezcan nuevos datos sobre el tema. Peralta, junto con otros estudiosos en Europa y América, propone dar un paso al lado en busca de un nuevo enfoque al problema de los orígenes y el proceso de la emancipación. Desde esta nueva posición, se modifica la tesis de la «independencia concebida», dejando atrás la búsqueda de una idea de nación en los Andes antes de la crisis que derrumbó la monarquía española en 1808. Peralta sostiene que una nueva cultura política se fue formando en Hispanoamérica entre ese año y 1825, originalmente fundada en la lealtad al rey ausente para modificarse después frente al vacío de poder y la anarquía política que siguieron a la desaparición de la monarquía borbónica. Deja de lado la historia basada en los ejércitos y los líderes por temas como la representación, las elecciones y la libertad de imprenta, elementos de una incipiente cultura política que iba tomando forma en el Perú más allá de los esfuerzos de las autoridades coloniales por preservar el fidelismo a pesar del vacío de poder en España. Los diez capítulos del libro están organizados en cuatro secciones cronológicas que van desde el derrumbe de la monarquía en 1808 hasta la restauración absolutista y la posterior ruptura política con la madre patria. En la primera parte, el autor ofrece un resumen de la crisis de la Corona en dicho año y las repercusiones de los enfrentamientos entre los representantes del gobierno metropolitano —la Junta Suprema de Sevilla, la Junta Central e incluso los que se habían alineado con José Bonaparte—, que reclamaban para sí el derecho de actuar en nombre de los territorios americanos. Los tres capítulos de la segunda parte están dedicados a los acontecimientos de 1808 a 1810 en el Perú, con particular atención a las obras del absolutismo ilustrado en Lima y su abandono después del primero de los años mencionados, con la consecuente necesidad del gobierno colonial de enfrentar la crisis política de la monarquía hispánica. El virrey Abascal emerge como el arquitecto del esfuerzo de mantener la lealtad de la elite criolla a Fernando VII y de organizar las cuantiosas contribuciones financieras a la causa del príncipe ausente. La tercera parte, que trata sobre los orígenes de los conceptos de propaganda política y libertad de imprenta en la época de las Cortes de Cádiz, examina las campañas de las autoridades virreinales para mantener la obediencia a la autoridad de turno. La cuarta y última parte estudia el fin de la credibilidad del absolutismo, y concluye con la biografía de una de las figuras representativas del liberalismo criollo, Manuel Lorenzo de Vidaurre, que mantuvo su defensa férrea de la monarquía hispánica hasta casi el último momento, convencido de que América no estaba preparada para la emancipación y que requería de un centralismo ilustrado para evitar caer en guerras civiles. La visión de la etapa de la independencia propuesta por Peralta no ofrece mayores cambios a la sostenida hace algunos años por investigadores como Timothy Anna, Carlos Contreras y Scarlett O’Phelan, pero su análisis detallado de la crisis política iniciada por los ejércitos napoleónicos y su impacto en América ilumina muchos aspectos del origen y trayectoria de la independencia de las colonias hispanas. Así, resalta la enorme labor del virrey Abascal, un ilustrado transformado por la necesidad política en defensor férreo de un autoritarismo centralista. En sus esfuerzos por mantener la fidelidad absoluta de los criollos limeños a Fernando VII, Abascal se vio forzado a actuar contra sus propios superiores en España para tratar de crear una sensación de tranquilidad en el Perú; pero a la larga, la opción que eligió de falsear la realidad y ocultar la verdadera situación de la Península, que era crítica, ayudó a aumentar el nivel de desconfianza en la retórica fidelista y facilitó la penetración del discurso liberal como un lenguaje político alternativo tanto en las elites como en los sectores populares. La imagen de la aristocracia criolla que surge del análisis de la prensa y las redes de comunicación en el Perú en la época de las Cortes de Cádiz no ofrece ninguna indicación de la emergencia de ideas separatistas: la elite de Lima mantuvo su fidelismo y su antagonismo a las posiciones liberales hasta casi el fin, convencida de la necesidad del autoritarismo, el centralismo y las diferencias sociales para evitar el caos. Aun cuando empezaba a penetrar el concepto del autonomismo hispanoamericano con las Cortes de Cádiz, la noción de separatismo estaba todavía ausente del escenario político. En el Perú, el fidelismo patrocinado por el virrey Abascal dominó prácticamente toda la coyuntura política, haciendo del país el baluarte de la lealtad hacia el rey. De acuerdo con un lindo capítulo sobre las redes de comunicación en el virreinato (cap. 6), la debilidad de estas y de la prensa en el Perú es sorprendente. Los periódicos se destacan por su sumisión al virrey, su escasa circulación y su corta vida. Se dirigieron mayormente a la elite y a las autoridades, restringiendo el debate a temas menores. Frente a la expansión del proceso autonomista en los territorios colindantes al Perú y las noticias cada vez más obvias de la debilidad de la resistencia española en la Península, por un lado, y la invención de conspiraciones por las autoridades para mantener la ilusión del absolutismo, por otro, la elite criolla parece haber afrontado la llegada del republicanismo sin la experiencia política necesaria.

[Karen SPALDING. “Peralta Ruiz, Víctor. La independencia y la cultura política peruana (1808-1821). Lima: Fundación M. J. Bustamante de la Fuente, Instituto de Estudios Peruanos, 2010, 385 pp.” (reseña), in Histórica (Lima), vol. XXXIV, nº 1, 2010, pp. 154-157]

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