✍ Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los países américo-hispanos [1879]

por Teoría de la historia

historiadelaesclavitudHace poco más de un siglo la isla de Cuba estaba poblada por un millón cuatrocientas mil personas. Pero no todas estas personas eran reconocidas como tales. Alrededor de seiscientas mil eran de raza negra y buena parte de ellas vivían en régimen de esclavitud. Es en este medio esclavista (el esclavo era elemento básico en el ingenio azucarero) donde nace (Bayamo, 1797) José Antonio Saco y López, estudiante de filosofía que comenzará por una breve etapa esclavista para ser luego ardoroso defensor de la abolición de toda servidumbre. Sus ideas le llevaron al destierro en Trinidad. Más tarde vivirá en España y aquí, por vaivenes de la política, acabará siendo uno de los representantes de Cuba en las Cortes, junto a Escovedo y Montalvo. Pero en 1837 la política de asimilación se rompe y Cuba vuelve a tener consideración colonial. Saco se va y viaja por Europa y luego será en su país campeón de un reformismo -heredero directo del dieciochesco despotismo ilustrado- muy arraigado en sectores de la clase media y en la burguesía mercantil de los puertos. Este reformismo postulaba para la isla una autonomía administrativa, pero no un rompimiento con la metrópoli. Saco fue intérprete de estos grupos moderados y enemigo de la corriente que propugnaba la unión con los Estados Unidos. De su preocupación abolicionista es fruto un libro en cuatro volúmenes que la muerte interrumpió y que acabaría Vidal Morales. Es la “Historia de la esclavitud” reeditada ahora en España por Júcar. Más general que el interesante libro de Daniel P. Mannix y M. Cowley [Historia de la trata de negros, Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo. Madrid, 1968], la “Historia” de Saco pretende ser totalizadora, casi una historia de la humanidad. Porque, como al inicio del libro escribe el autor, “todas las naciones bárbaras o civilizadas, grandes o pequeñas, poderosas o débiles, pacíficas o guerreras, bajo las más diversas formas de gobierno, profesando las religiones más contrarias, y sin distinción de climas y edades, han conocido la esclavitud”. Y como primero de esos países Saco toma a Egipto, que usó los prisioneros de guerra como esclavos en la construcción de canales, caminos y pirámides, de tal manera que Ramsés II pudo organizar una inscripción que dijera: ”Aquí no se ha fatigado ningún indígena”… No se remonta Saco más atrás, como lo hiciera Bouillé, quien señaló que la esclavitud fue en eso que se llama “noche de los tiempos” un verdadero progreso. Y así era. Al principio los prisioneros servían de banquete. Luego alguien estimó más práctico ponerlos a trabajar que merendárselos y suprimió el canibalismo. La pereza había vencido a la gula y así nació la esclavitud. A egipcios siguen etíopes, fenicios, cartagineses, indios, chinos… Son quizá escasos los dos capítulos dedicados a Grecia y en ellos falta la conocida justificación de la esclavitud dada por Aristóteles en la Política: “Esta es también la ley general que debe necesariamente regir entre los hombres. Cuando es uno inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza”. Por supuesto que no era solamente Aristóteles quien pensaba así, y Saco sí que cita los testimonios posteriores de santos fundacionales del cristianismo justificando la esclavitud. San Pedro y San Pablo, por ejemplo, exhortan al esclavo para que sea fiel y respetuoso con su amo, porque ello es grato a Dios y de esa manera exaltan su doctrina. En Roma, dentro de una sociedad clasista, había también clases entre los esclavos, y encontramos la triste figura del esclavo vicario, que es esclavo de otro esclavo. Roma fue una de las sociedades más esclavistas de la antigüedad, lo que no significa que fuera la más dura con los esclavos… Los mercados no funcionaban en la urbe mensualmente, como en Atenas, sino todos los días y en diversos lugares a la vez. Se produjo una cierta especialización. En el templo de Venus, por ejemplo, se vendían cortesanas. Las transacciones de efebos se hacían en lugares más reservados, donde sólo entraban los expertos en tan delicada mercancía; claro que a juzgar por el “Satiricón”, los expertos no escaseaban. La segunda mitad del libro se dedica a la esclavitud de negros e indios en América, que el autor conoció mejor por motivos geográficos y personales. Por luchar contra el dominio de unos hombres sobre otros se vio “privado del auxilio poderoso de la imprenta y expuesto a las más violentas persecuciones”. Y ello era coherente con el sistema, porque la entrada de negros en Cuba fue no sólo un recurso para la economía, sino también un modo de perpetuar la dominación en la isla. Los esclavos fueron allí “no tanto como brazos para la agricultura, sino como instrumentos de dominación”. Saco no llegó a ver el fin de esa dominación. Murió el año 1879, en Barcelona, cuando iba a representar a Cuba en el Parlamento español.

[Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO. “Historia de una dominación”, in Tiempo de Historia (Salamanca), Año I, nº 6, mayo de 1975, pp. 122-123]