✍ El libro y sus poderes, siglos XV-XVIII [2009]

por Teoría de la historia

UnknownEl libro y sus poderes (L’imprimé et ses pouvoirs) es la primera edición en español de un breve ensayo presentado recientemente por su autor, Roger Chartier en un coloquio en Rennes, Francia. Con traducción del editor mexicano Jesús Anaya Rosique, se constituye en una reflexión propicia, cuando la Imprenta de la Universidad de Antioquia celebra sus 80 años de existencia, sobre la cultura del libro y las implicaciones de la materialidad de los libros impresos. En este breve e ilustrado texto, Chartier se pregunta por la relación entre libros impresos y no impresos, por la diferencia entre cultura escrita y cultura impresa, para encarar, al final del escrito, el tema de los retos que impone la cultura digital, o lo que él mismo denomina ‘la reorganización de la cultura del escrito’ y, por ende de los hábitos de los lectores.

[Fuente: Editorial Universidad de Antioquía]

El título de este ensayo invita a un doble cuestionamiento. Por una parte, ¿cómo pensar las relaciones entre la impresión, entendida como una técnica específica de reproducción de textos, y otras formas de publicación y de difusión de lo escrito -y, en particular, la copia manuscrita-? Por la otra, ¿cómo situar los poderes propios del libro en relación con otros objetos escritos, ya que si no todos los libros son impresos, no todos los impresos son libros? En un primer momento, hay que regresar a una oposición fundamental, heredad a de Elizabeth Einsenstein, entre “cultura impresa” y “cultura escrita”. Una primera revaluación concierne a la noción misma de “cultura impresa” y a uno de los efectos más fundamentales que Eisenstein asigna a la “revolución de la imprenta”, es decir, la diseminación de los textos en una escala desconocida en la época de los manuscritos. Esta constatación es discutible. Gracias a la invención de Gutenberg, más texto fueron puestos en circulación y cada lector ha podido encontrar un número mayor. ¿Pero cuáles son esos textos cuya presencia e multiplicada por la imprenta? Desde luego se trata de libros, pero como ha demostrado Donald Francis McKenzie, su impresión constituye una parte frecuentemente minoritaria, es más, muy minoritaria, de la actividad de los talleres tipográficos entre los siglos XV y XVIII. Su producción esencial consistía en libelos, panfletos, solicitudes, carteles, formularios, recibos, certificados y muchos otros documentos “efímeros” o “trabajos públicos” que aseguraban el más claro de los ingresos en esas empresas. Las consecuencias no fueron menores para la definición de “cultura impresa” y de sus efectos. La imprenta vuelve familiares objetos desconocidos o marginales en la edad del manuscrito. Por lo menos en las ciudades, los escritos impresos se apropian de los muros, se pueden leer en los espacios públicos, transforman las prácticas administrativas y comerciales. De ahí la necesidad de reformular la oposición entre “cultura escrita” (scribal culture) y “cultura impresa” (print culture), y de desplazar la atención sobre el manuscrito en la edad del impreso. Luego de las investigaciones consagradas a las publicaciones manuscritas en Inglaterra, en España y en Francia, no existe hoy quién sostenga que “esto” (la prensa tipográfica) eliminó “eso” (el manuscrito). Múltiples son los géneros (antologías poéticas, libelos políticos, instrucciones nobiliarias, noticias, textos libertinos y heterodoxos, partituras musicales, etc.) que fueron ampliamente difundidos en copias manuscritas. Las razones fueron diversas: menor costo, estrategias para eludir la censura, el deseo de una circulación limitada, o incluso, la maleabilidad de la forma manuscrita, que permite adiciones y revisiones. Así, la causa queda clara: con la imprenta, por lo menos en sus primeros cuatro siglos de existencia, no desaparecieron ni la comunicación ni la publicación manuscritas.

[Roger CHARTIER. El libro y sus poderes, siglos XV-XVIII. Antioquía: Editorial Universidad de Antioquía, 2009, pp. 1-4]