✍ Sotos contra Riquelmes. Regidores, inquisidores y criptojudíos [1992]

por Teoría de la historia

83048-sotos-contra-riquelmesEn el variado y abundante panorama de publicaciones históricas del pasado año de 1992, “Sotos contra Riquelmes” de Jaime Contreras merece una especial atención debido a sus propias características. Se trata de una obra de rigurosa investigación a conectar con un público amplio a través de la búsqueda deliberada de una forma narrativa más cuidada que sacrifica una buena parte del aparato crítico habitual para facilitar la lectura del propio texto. Es un estudio que intenta, también, apartarse deliberadamente de cualquier pretensión generalizadora y poner en primer plano a hombres y mujeres singulares y concretos, víctimas de sus propias pasiones y artífices, a su vez, de una sociedad tan opresiva como conflictiva que les condiciona constantemente. Su autor se propone y, desde luego, consigue, desprenderse de los viejos esquemas conceptuales de la historia social y servirse de la acotación del espacio de análisis que ofrece una de las formulaciones metodológicas más interesantes de los últimos años, la denominada microhistoria conocer las estructuras invisibles en cuyo interior se articulan las personas reales que viven en un momento determinado. El objeto sobre el que confluye este triple empeño es tan concreto como dramático: el proceso inquisitorial que conmovió, a mediados del siglo XVI, a las ciudades de Lorca y Murcia. Sus complejas derivaciones no sólo costaron la vida a un buen número de cristianos nuevos residentes en aquellas localidades, sino que produjeron una verdadera reacción en cadena, que implicó a nobles y plebeyos, a un buen número de eclesiásticos y a las propias autoridades. Una tragedia, individual en su origen, que se convirtió en colectiva como consecuencia de los enfrentamientos personales y del empleo de la denuncia como venganza o, quizá sea más exacto decir, como defensa de los débiles frente a la presión intolerable de los poderosos. El resultado fue que dos poblaciones, aparentemente tranquilas y prósperas, se vieron inmersas en un serio conflicto social, que desencadenó una lucha descarnada entre bandos y clientelas de uno y otro signo, cuyo objetivo último era asegurarse el poder, monopolizando oficios e incrementando influencias y patrimonios. Historia viva de represalias y prejuicios, que nos permite vislumbrar la realidad del tejido social podrido en cuyo interior se enquistan los problemas y los sentimientos contradictorios de acatamiento y rechazo que en la población producían los prejuicios sobre el origen familiar y la inflexibilidad de los juicios. Y todo ello desencadenado en origen por una enemistad personal, como consecuencia de una instrumentalización del oficio al servicio de un profundo antagonismo. Pero con ser el asunto importante en sí mismo, por sus implicaciones sociales, no es ésa la principal aportación de la obra, que acierta a insertar el problema en una trama mucho más amplia. Porque, aunque se presente como «pequeño libro de Historia», trasciende a la gran historia y, no sólo la Inquisición, sino el propio poder real, forman parte inseparable del relato, permitiendo comprobar en qué medida esa institución, como cualquier otra, fue un instrumento dócil a los intereses de los hombres. Es también, por tanto, una nueva forma de acercarse a la historia de aquel tribunal, que nos permite contemplarlo no como represor del delito, sino como inductor, o inventor, de una culpa inexistente que origina con sus propios procedimientos. El autor, profesor durante muchos años de la Universidad Autónoma de Madrid y, en la actualidad, catedrático en la de Alcalá de Henares, que ha dedicado varias monografías al estudio de la Inquisición, aunque desde un punto de vista muy distinto, ha logrado trascender un hecho documentado en un complejo relato que interesa al lector desde el primer momento. Y ha sabido percibir en qué medida el caso que estudia, temporal y localmente determinado, refleja la influencia de un ambiente y de otros centros de poder institucionalizados, que lo condicionan y lo multiplican al mismo tiempo. En el panorama historiográfico español, creo que esta obra tiene verdadera importancia porque supone un lúcido esfuerzo de intentar conectar con un público más amplio y porque acierta a trasmitir no sólo anécdotas más o menos curiosas, sino verdaderos problemas históricos.

[María Victoria LÓPEZ-CORDÓN. “La invención del delito”, in ABC Cultural (Madrid), 4 de junio de 1993, p. 21]

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