➻ Gino Germani [1911-1979]

por Teoría de la historia

322067w300Gino Germani ha muerto, en Roma, un poco por culpa nuestra. Nació allá hace casi setenta años, y había desarrollado con esa ciudad una entrañable y contradictoria relación. Sus padres tenían la costumbre de mudarse de casa cada par de años, aunque siempre dentro de la ciudad: eso le dio una sensibilidad ecológica que lo acompañaría el resto de su vida. También se le generó en esa época su odio al deporte, resultado directo de los esfuerzos del gobiemo por orientar a la juventud en esa actividad, propia de los pueblos fuertes. Más tarde, como estudiante secundario y universitario, le tocó a Germani participar en esas marchas semimilitares que Mussolini imponía como parte de su estrategia educacional. Las columnas partían en cerrado orden, pero al rato, ganadas por el genio de la raza o el tráfico, se iban desperdigando. Entre los más rezagados siempre estaba Germani, que aprovechaba la confusión para escaparse, con otros compañeros, y perderse en el dédalo de plazas y calles. Era un muchacho, obviamente, con mal pronóstico. Efectivamente, andando el tiempo se metió en líos mayores, y el gobierno lo mandó a una isla, a meditar sobre la necesidad funcional de la autoridad en toda sociedad bien constituida. No es de extrañar que en ese ambiente, en la interacción con otros confinados, se le fuera madurando su vocación sociológica, que siempre estuvo matizada de un fuerte componente de responsabilidad por el destino de la polis. Cuando salió, de todos modos, consideró que más valía la pena continuar sus meditaciones del otro lado del Atlántico. No se sabe si llamado por unos parientes o por el destino de grandeza que vislumbraba para la Argentina, vino a estas playas y se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras, a complementar sus previos estudios de economía con otros de filosofía. Ahí hizo sus primeras armas como investigador, junto a Ricardo Levene, quien no consiguió inspirarle un excesivo respeto por nuestros historiadores clásicos. Pronto estalló la Segunda Guerra Mundial, con sus repercusiones económicas e ideológicas en la Argentina. En nuestro país, debido a la dificultad que tenían los partidos políticos en actuar como articuladores de intereses, los militares se vieron obligados a reemplazarlos en esta difícil tarea. A Germani esto no le gustó mucho, y menos aún cuando las masas populares se sumaron al proceso. Fue a la plaza el 17 de octubre, pero como curioso: ya entonces sostenía que el investigador científico puede actuar y opinar independientemente de las ideologías y los partidos. Viendo a la gente ahí congregada, se dijo a sí mismo: “Estos, a pesar de lo que dicen mis amigos, lumpen, realmente, no son”. A lo que luego agregaría: “Este gobierno, fascista, lo que se dice propiamente fascista, no es”. Años más tarde traduciría estas intuiciones en un artículo seminal, “La integración política de las masas y el totalitarismo”, basado en una conferencia dada en el Colegio Libre de Estudios Superiores en 1954. Este trabajo, luego ampliado y complementado en su libro “Política y sociedad en una época de transición”, fue prácticamente uno de los primeros intentos de “reinterpretar” o “entender” al peronismo desde lo que ampliamente puede llamarse la izquierda liberal a la cual pertenecía -con cada vez mayor convicción- su autor. Cuando la universidad se abrió en 1955, una constelación de factores -presión estudiantil, optimismo respecto a la disciplina entre los que orientaban a la universidad y el prestigio de Germani- produjo la creación del Departamento de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras. Germani hasta ese momento se había visto obligado, como tantos otros, a ganarse la vida en tareas extrasociológicas, que le dieron de todos modos una buena perspectiva de la industria editorial, de la contabilidad (su título italiano lo habilitaba como “ragioniere”, profesión que odiaba) y de las sutiles artes de cómo manejar una oficina. Durante esos años se las ingenió para encontrar tiempo para publicar su “Estructura social de la Argentina”, para dirigir colecciones que actualizaran en algo el alimento intelectual de sus nuevos conciudadanos, y para mantenerse al tanto de las diversas corrientes sociológicas mundiales. Se convirtió, a través de seminarios y grupos de estudio, en difusor del pensamiento de Weber, Parsons y Manheim, lo que siguió haciendo luego desde el Departamento de Sociología. Este último fue una creación típica de esa época, y brilló intensamente por diez años, produciendo escozores y malentendidos en los más diversos lugares. El tipo de estímulo intelectual y creatividad que existió en ese entonces es difícil de concebir hoy día. Quizás había algo de inmadurez en ese ambiente. Para muchos, “el departamento” era una mezcla de club, partido político, iglesia, laboratorio, barra de la esquina, café de barrio y muchas otras cosas más. Para Germani tenía que ser -y es lo que realmente fue en su tiempo, a pesar de amigos simplistas y adversarios mal informados- escuela de pensamiento crítico sin concesiones a las propias o las ajenas ilusiones. Muchos que pasaron por sus aulas dejaron ahí pedazos de sí mismos. Llevaba tiempo reponerse de un “No, no es así” de Germani. Pero las condiciones ambientes eran muy difíciles, y al final Germani decidió aceptar un ofrecimiento muy tentador de la Universidad de Harvard, no sin antes hacer una última contribución, al promover la creación del Centro de Sociología Comparada del Instituto Di Tella. A pesar de los vínculos de todo tipo que siempre mantuvo con el país, ausente su influencia directa desde 1966 y destrozado el Departamento por los acontecimientos de ese año, lo que allí ocurrió después poco o nada tiene que ver con las enseñanzas de quien fuera su creador. En los últimos años Germani se había trasladado a vivir a Roma, manteniendo sus tareas en Harvard por parte del año. Se interesó cada vez más en el estudio de la agitada historia política de esas dos duras madres que hemos tenido, España e Italia. Además siguió pensando y escribiendo sobre la Argentina, reactualizando sus análisis empíricos y teóricos sobre los orígenes del peronismo. Extrañaba al país, pero no sé si se puede decir que lo quiso. Eso sí, contribuyó materiales para crear su futuro, que a lo mejor llega a ser lo que él creyó de joven que podría ser.

[Torcuato DI TELLA. “Gino Germani (1911-1979)”, in Desarrollo Económico (Buenos Aires), vol. XIX, nº 74, julio-septiembre de 1979, pp. 275-277]

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