✍ Las clases obreras argentinas a principios de siglo [1974]

por Teoría de la historia

bialet-masse-las-clases-obreras-argentinas-cap-1-2-y3-5061-MLA4138192058_042013-FEn 1904, en el barrio obrero de la Boca, en la pujante ciudad de Buenos Aires, el joven abogado Alfredo L. Palacios fue elegido primer diputado socialista de América, reivindicando los derechos de la creciente población trabajadora de la capital argentina. El 1° de mayo de ese mismo año, se convirtió en sangrante símbolo represivo, que costó la vida de obreros que manifestaban en defensa de sus legítimos reclamos. La voz de Palacios se alzó entonces en el Congreso para reclamar la presencia, en el recinto, del entonces ministro del Interior, Joaquín V. González, integrante del gabinete de Julio A. Roca. A comienzos también de 1904, en el mes de enero, el interpelado ministro y ciudadano meritorio por otras razones, enconmendó a su amigo español, republicano ferviente, de ideas sociales progresistas, la realización de un estudio sobre la situación de los trabajadores argentinos. El 30 de abril, después de haber viajado por distintos lugares del país, y condensando experiencias anteriores, Bialet Massé dio a conocer su informe sobre “Las clases obreras argentinas”. Es menester aclarar que, al referirse a las “clases obreras”, no consideraba en tal concepto Juan Bialet Massé al proletariado industrial propiamente dicho, por lo menos en forma exclusiva, sino que extendía la designación a las clases populares en su conjunto, a los trabajadores. La mayor parte de las consideraciones que formula sobre la forma de vida y trabajo descritas en su informe, se refieren a los peones rurales y a los indios que constituían la mano de obra abundante de los ingenios y obrajes del Norte argentino. La situación de las tolderías merece una atenta lectura, y enseña de qué modo fueron exterminadas razas enteras para apoderarse de sus tierras. No pocas veces trasciende el informe el rol que podía esperarse que desempeñara un investigador “oficial”. Algunas observaciones agudas van acompañadas por referencias concretas a abusos y desbordes, muchas veces constatados personalmente por el viajero en su recorrido de indagación, donde trató de hablar, en forma directa y personal, con los trabajadores, sin la comprometedora presencia de sus obligados anfitriones. El conocido informe de Bialet Massé, tanto tiempo agotado e imposible de conseguir en su versión completa, debe recibir el reconocimiento que merece su carácter pionero. En una Argentina “oficial” que hacía oídos sordos a las reclamaciones, y que atribuía todo reclamo o protesta a la disociadora acción de agitadores extranjeros, el republicano español, amigo de Joaquín V. González, vino a dar el espaldarazo a muchas de las afirmaciones que se efectuaban en las columnas de “La Vanguardia” o la prensa anarquista. El tono empleado por Bialet Massé es algunas veces paternalista; otras admirativo frente al elemento humano que componía la masa obrera objeto de su informe. Pero siempre de una honestidad que merece el mayor de los respetos. La reedición de estos “clásicos” de la historia social argentina es de gran utilidad, no solamente para quienes se dedican al estudio de los problemas sociológicos, sino para todos los ciudadanos que aspiran a conocer de manera directa el origen de muchos conflictos que tienen, en el pasado nacional, honda raigambre.

[L.A.C. “Las clases obreras argentinas a principios de siglo, por Juan Bialet Massé, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1974”, in Nueva Sociedad (Bogotá), nº 17, marzo-abril de 1975, pp. 102-103]

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