✍ Faces of History. Historical Inquiry from Herodotus to Herder [1998]

por Teoría de la historia

9780300075588Donald Kelley no es un autor muy conocido en España. De hecho, sus obras no han sido traducidas salvo aportaciones a coloquios (1) y las referencias en obras generales son escasas. Y ello a pesar de sus trabajos en el desarrollo de la historia de la historiografía, como muestra el buen número de obras publicadas a este respecto, en general centradas en la Era Moderna y con una especial insistencia en la Francia de los siglos XVI y XVII y en su relación con el mundo legal. Además, impulsó la puesta en marcha de la “International Society for Intellectual History”, que publica desde 1996 Intellectual News, lo que no deja de tener su importancia por lo que luego comentaré. Por lo dicho, y como él mismo reconoce, es evidente que la reseñada en estas líneas es una obra de madurez, que viene a completar otro libro previo en la que se abordaba el acercamiento a la historia como disciplina desde la base de los textos más significativos (2), realizada a partir de una premisa que no deja de ser llamativa en el ámbito de la historiografía: considerar ésta no como el desarrollo de una serie de obras y autores aislados, sino más bien como la manifestación particular de movimientos más amplios, con conexiones hacia el derecho, la filosofía o el pensamiento de una época concreta. En definitiva una historia intelectual de la historia, una interpretación de las obras históricas, a las que hay que acercarse con perspectiva hermenéutica. Como lectores, indica Kelley, ninguno de nosotros estuvo presente en el momento de la escritura, ni podemos reproducir esa conjeturada condición de autor salvo a través de los recursos conceptuales y los elementos retóricos de esa misma tradición historiográfica en su estado presente. De ahí su afirmación de que este libro no es la crónica de un proceso literario, sino una interpretación de lo que aparece retrospectivamente como una tradición intelectual e incluso, para algunos lectores, como un canon (IX-X). El punto de partida esencial para este objetivo es dar cuenta del relato de un historiador a partir de la tradición de interrogación histórica sobre la base de textos unidos semánticamente a la idea de “historia” como “nosotros” la comprendemos en el presente. En el fondo, esta publicación es una forma de autorreflexión para historiadores, tal vez mejor valorada por éstos que por un público más amplio, pues se trata de insertar el presente historiográfico en un pasado disciplinar reconocible, en una tradición. La novedad se admite, se busca y se practica, pero desde el reconocimiento de un pasado que influye y participa en la elaboración del presente. Y todo ello encuadrado en el complejo contexto de cada época y período: “[I]t is one of the tasks of the historian of historiography to explore and to specify the cultural environments and moments which have situated historical works and their authors”. Hay, sin embargo, algunos ejes conductores, quizá el más evidente de todos la imagen que da título al libro: las dos caras de la historia, esa escultura con las cabezas de Heródoto y Tucídides enfrentadas y que representaría dos formas de concebir y practicar la historia presentes hasta el momento de la aparición de ésta como disciplina académicamente consolidada, profesionalizada y con pautas comunes a buena parte de la comunidad historiográfica. De ahí que el libro se detenga en el siglo XIX, cuando esas dos corrientes enfrentadas se reúnen y fundamentan la disciplina que marca el dominio de las ciencias humanas y sociales a partir de entonces. En cualquier caso, no deja de ser un recordatorio de la tradición que reside detrás de, incluso, nuestra propia práctica historiográfica que no es, en modo alguno, tan novedosa y radical como se pretende en muchas ocasiones. De hecho, termina el libro afirmando que Heródoto y tal vez Tucídides no podrían estar en desacuerdo con su remota progenie. De alguna manera, la tesis que Leopold von Ranke dedicó a Tucídides sería un refrendo a esta afirmación. ¿Estamos ante una especie de teleología historiográfica? ¿Ante una identificación abusiva de los rasgos de nuestro presente en el más remoto pasado? ¿Ante una especie de identificación del progreso ineludible de la disciplina en el mundo occidental a lo largo de los siglos? Creo que no es esa la intención del autor, preocupado por mostrar lo que la Historia tiene de construcción y legitimación, hasta el punto de considerarla como la última de las construcciones míticas del ser humano. Además, la Historia se construye a posteriori y la conciencia de progreso es simultánea al desarrollo de los hechos, hay conciencia de él conforme se produce, se constata y se alaba. En último término, el hecho de que haya estrategias historiográficas distintas e identificables desde los orígenes muestra hasta qué punto la unanimidad de visión que implica el progreso es difícil de aplicar a la Historia como disciplina. ¿Significa esto que la historia no ha “mejorado” desde Heródoto? Es evidente que la historia ha cambiado, se ha enriquecido, es distinta, pero también es evidente que muchos de los logros que dieron paso del mythos al logos siguen constituyendo la columna vertebral de nuestro oficio y de nuestra comprensión del mundo, a la espera de nuevas concepciones que aspiren a la sucesión en tan compleja tarea. Es de esos pasos de los que habla Kelley en el libro, pasos dinámicos y no estáticos. No es la descripción de fotografías historiográficas lo que aborda, sino el movimiento de las imágenes construidas sobre el pasado. Por ello, este libro no se agota en mero recuento de autores, obras y escuelas, sino que sugiere continuidades, plantea los elementos que caracterizan la tradición historiográfica occidental, introduce la necesidad de revisar la historia en lo sincrónico y en lo diacrónico, identifica las pautas de un modo de mirar concreto y sus variaciones a lo largo del tiempo, sujetos históricos también. En definitiva, como señala el autor, la Historia es no sólo un legado que recibir sino también una guerra que luchar. A partir de ahí, el repaso por los elementos centrales de esa tradición y esa lucha a lo largo de más de dos milenios en los que el hombre se ha asomado al pasado. En ese repaso, una especial insistencia a la época moderna, al período comprendido entre los siglos XIV-XV y XVIII, no sólo por la especialización del autor, sino también como el momento en el que de manera más acusada se desarrollan los principios que posteriormente han de conformar nuestra visión de la Historia. En ese sentido, es destacable una visión de la historiografía muy centrada en el ámbito francés, inglés y alemán (germánico), con menos papel italiano y ausencia casi completa del resto. No deja de ser un llamamiento sobre, primero, la ausencia de estudios que ofrecer a la síntesis desde otros países y, segundo, un indicativo de la propia situación internacional, de entonces y de ahora. En resumen, una obra altamente recomendable para descubrir dónde radican las raíces de nuestra propia tradición disciplinar y para profundizar en aquellos aspectos que, con diversos matices, siguen estando presentes en las preguntas que el historiador se plantea.

Donald R. Kelley es Profesor de Historia en la Universidad de Rutgers. Director ejecutivo de la revista Journal of the History of Ideas. Fellow del Institute for Advanced Study, de Princeton (1996-97). Es miembro de American Philosophical Society, American Academy of Arts and Sciences, American Historical Association, Renaissance Society of America, Medieval Academy e International Society for Intellectual History entre otras. De sus publicaciones cabe destacar Foundations of Modern Historical Scholarship (1970); The Beginning of Ideology (1981); History, Law and the Human Sciences (1984); Historians and the Law in Postrevolucionary Frunce (1984), The Human Measure (1990); Renaissance Humanism (1991); The Writing of History and the Study of Law (1997); History and the Disciplines: The Reclassification of Knowledge in Early Modern Europe (1997) y el reciente homenaje que se le ha tributado: Historians and ideologues: essays in honor of Donald R. Kelley (2001).

NOTAS. (1) “El giro cultural en la investigación histórica”, en: Ignacio Olábarri y Francisco Javier Caspistegui (eds.), La ‘nueva’ historia cultural: la influencia del postestructuralismo y el auge de la interdisciplinariedad (Madrid, Editorial Complutense, 1996), 35-48 y “La historia intelectual, desde dentro y desde fuera”, en: Valentín Vázquez de Prada, Ignacio Olábarri y Francisco Javier Caspistegui (eds.), En la encrucijada de la ciencia histórica hoy. El auge de la historia cultural (Pamplona, EUNSA, 1998), 35-53. (2) Versions of history from antiquity to the Enlightenment, New Haven, Yale University Press, 1991.

[Francisco Javier CASPISTEGUI. “Donald R. Kelley, Faces of History. Historical Inquiry from Herodotus to Herder, Yale University Press, New Haven, 1998. ISBN: 0-300-07308-9. XII+340pp.” (reseña), in Memoria y Sociedad (Navarra), nº 5, 2002, pp. 351-353]