✍ Historia del Mundo Antiguo. Una introducción crítica [1994]

por Teoría de la historia

historia-del-mundo-antiguo-gonzalo-bravo-oferta-1647-MLU30321151_9856-FGonzalo Bravo es Profesor Titular de Historia Antigua en la Universidad Complutense de Madrid. En los últimos años se ha dado a conocer al gran público con sus estudios monográficos sobre diversos aspectos del Bajo Imperio Romano (Diocleciano y las reformas administrativas del Imperio, El colonato bajoimperial, Revueltas internas y penetraciones bárbaras en el Imperio), todos ellos publicados en Madrid (Akal), en el año 1991. De hecho, esas tres breves monografias inciden en dos de las principales vías de investigación del autor: Diocleciano y la estructura social de la economía bajoimperial (objeto de su magnífica tesis doctoral “Coyuntura sociopolítica y estructura social de la producción en la época de Diocleciano”, Salamanca, Universidad, 1980); y las revueltas internas del Imperio en los siglos IV-V (con artículos en Klio 65, 1983 y Gerión 2, 1984). La versatilidad de los intereses del Prof. Bravo y la profundidad que alcanza en sus aproximaciones son fruto de su notable interés por la reflexión teórica y metodológica, que le ha llevado a convertirse en un excelente historiador «social» y prosopógrafo. Dentro de su inquietud crítica y reflexiva sobre el mundo antiguo aparece ahora su libro Historia del mundo antiguo. Una introducción crítica. Su título hace pensar en un manual de estudiantes. Nada más lejano de la realidad y es que, como anotaba el Prof. Blázquez en su reseña del libro Poder político y desarrollo social en la Roma Antigua (en Gerión 10, 1992), Bravo es «demasiado denso para los estudiantes universitarios». Nos encontramos, pues, ante un libro con formato de manual, pero que ha de ser leído con atención, dada su previsible «densidad». Lo primero que sorprende del nuevo libro del Prof. Bravo es su estructura. En efecto, fiel a la tradición, el autor ha «dividido» la historia antigua universal en cuatro partes: Oriente, Grecia, Helenismo y Roma. Pero, lejos de presentar estas cuatro «partes», como compartimientos estancos, lo hace como bloques «homogéneos analíticamente, gracias a la subordinación del orden sincrónico al diacrónico». Esta perspectiva se observa bien en la primera parte, la dedicada a los Estados, pueblos y sociedades próximo-orientales, bloque en que el autor estudia la evolución histórica de Egipto y el Próximo Oriente asiático de manera integrada, hallando nexos de evidente unión temática entre las evoluciones de ambas realidades históricas, separadas en muchos manuales de una forma artificial por mor de necesidades académicas. Para el Prof. Bravo, el II milenio es, en lo fundamental, una época de grandes transformaciones en el mundo próximo-oriental, con una dinámica imperialista claramente enfrentada a la irrupción de nuevos pueblos y nuevas organizaciones sociales. La dinámica imperialista queda ejemplificada por tres grandes modelos asiáticos y otros dos egipcios: un imperio hegemónico (el Babilonio de Hammurabi), un imperio territorial (el Asirio), y un imperio económico (el hitita); y, en Egipto, uno débil, enfrentado a sus propias contradicciones internas y a la irrupción/sublevación de los hicsos, el Reino Medio, y otro territorial y doble, el Imperio Nuevo. La segunda parte, dedicada a Grecia y el Egeo, es, a todas luces, una de las más logradas. El autor pasa revista en uno de sus capítulos a todos los problemas asociados al nacimiento de la polis, tanto en lo relativo al propio concepto de polis, cuanto en sus elementos horizontales (tipos de poleis) y verticales (elementos dinamizadores como el desarrollo del comercio y el uso de la moneda, o como los cambios políticos asociados al desarrollo del ejército hoplítico). Los siguientes capítulos versan sobre distintos aspectos dc la evolución de este mundo de poleis, como los elementos sociopolíticos y económicos de las tiranías y el auge del colonialismo griego, y como la configuración de dos modelos distintos de ciudades: Esparta y Atenas. Es en este capítulo donde, quizá, se muestre más incisiva la pluma del autor para analizar, por ejemplo, el porqué de la perduración de la monarquía espartana, o el significado de las reformas atenienses de Dracón y Solón. La tercera parte del libro versa sobre el mundo helenístico. Quizá sea una parte excesivamente breve ya que, en definitiva, se desarrolla en poco más de 50 páginas de las casi 700 del libro. En todo caso, los capítulos dedicados a analizar los distintos tipos de Estado coexistentes en este complejo mundo helenístico, y a explicar los diversos elementos económicos y sociales de esos Estados, creo que contienen la suficiente información y, lo que es mejor aún, crítica como para que sean entendibles por el gran público. Así, por ejemplo, el excelente subcapítulo sobre la cuestión social helenística, con un análisis muy del gusto del autor sobre las revueltas sociales helenísticas y sobre sus tipologías. Por fin llegamos a la cuarta parte, la dedicada a Roma y su Imperio, y dividida en seis capítulos. Los dos primeros están dedicados a la época republicana. Así, se estudia someramente el proceso de creación del Estado romano de época arcaica, así como los aspectos más importantes del ordenamiento social y jurídico de ese Estado. De los demás capítulos, es de destacar el cuarto, que trata sobre la polémica crisis del siglo III, la sucesión de emperadores y dinastías y el alcance de esa crisis, que el autor cree más bien proceso de cambio o de creación dc una situación coyuntural favorable a las reformas de Diocleciano. Son los dos últimos capítulos del libro los que merecen, sin duda, mayor atención al referirse a la época en la que el autor es experto. El primero de esos capítulos trata sobre el Dominado, una época de transición hacia el Bajo Imperio y sus reformas administrativas (ejército, provincias, administración central), y económicas (precios, moneda, sistema fiscal); reformas que desembocarían en una sociedad bajoimperial dividida verticalmente por consideraciones económicas entre honestiores y humiliores, y horizontalmente por consideraciones sociales entre habitantes de las ciudades y habitantes del campo. Tratamiento aparte, en fin, merece en estos comentarios sociales del Bajo Imperio la situación del colono romano, tema bien conocido por el autor. El último capítulo del libro versa sobre la descomposición del Imperio Romano y el final del mundo antiguo, en el que el autor analiza las diferentes hipótesis actuales para, tras incorporar los avances de algunas de ellas a las suyas propias, concluir con su conocida hipótesis social de la rebelión interna, ya avanzada en sus estudios previos sobre la bagauda hispana. El libro se cierra con diversos índices, todos útiles y agradecibles. Pero lo que llama inmediatamente la atención del lector es la utilísima bibliografía final, de más de 50 páginas, con un número aproximado de títulos de 1.300, lo cual la hace imprescindible para cualquier estudioso, generalista o especializado. En definitiva, y para concluir esta ya larga reseña, el libro de Gonzalo Bravo me parece importante en la biblioteca de cualquier persona culta de nuestro país; cuánto más en la de todo interesado en el mundo antiguo, sea o no profesional de la materia. A pesar de que se le ha achacado superficialidad e, incluso, falta de actualidad en algunos de sus argumentos -sobre todo, en lo referente a las partes no romanas-, yo encuentro que todo lo que se analiza en, no se olvide, esta «introducción crítica» debe estar en ella, y que no sobra ningún asunto tratado. Y todo ello, además, en una espléndida prosa. ¿Demasiado denso para los estudiantes universitarios? Pues si lo es, que se dediquen a otra cosa.

[Juan-Luis POSADAS. “Bravo, Gonzalo. Historia del mundo antiguo. Una introducción crítica. Madrid, Alianza Editorial, 1994, 744 pp. + mapas y cuadros” (reseña), in Emerita. Revista de Lingüística y Filología clásica (Madrid), vol. LXIV, nº 2, 1996, pp. 196-198]

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