✍ Vor aller Augen. Fotodokumente des nationalsozialistischen Terrors in der Provinz [2002]

por Teoría de la historia

20111202041331Hay libros buenos y malos y los hay que no importa si son buenos o malos, sino que sean sencillamente necesarios. “La cabaña del Tío Tom” puede ser un cabal ejemplo de libro malo pero necesario. Por suerte, el que les voy a comentar, además de muy necesario, es un libro excelente. Se titula “Vor aller Augen”, es decir “A la vista de todos” y contiene una documentación fotográfica implacable, inapelable, y que para sus protagonistas debiera, debería ser insoportable. Este libro alemán aparecido hace unas pocas semanas en la editorial Klartext, en la ciudad de Essen, en plena cuenca minera del Ruhr, el antaño corazón industrial del país, es un mentís rotundo y testimonial contra el “yo no sabía”, el “nunca vimos nada” y el “aquí no teníamos idea de eso”. Contra esas manos limpias de Poncio Pilatos lavándose en la jofaina que fueron las manos alemanas inmediatamente después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo es posible, nos hemos preguntado muchas veces, que el pueblo alemán no estuviese enterado, desde 1933 a 1945, de lo que fue la maquinaria criminal del régimen nazi? ¿Có­mo es posible que la gente sencilla, la gente como usted y como yo, no tuviese idea de lo que era la sádica persecución de los judíos, de los gitanos, de los homosexuales, de los trabajadores extranjeros y esclavizados, y por si todo eso fuese poco, de los alemanes que se compadecían de ellos? ¿Es que estaban todos ciegos, es que no salían nunca a la calle? Este libro, gracias a dios, es un libro alemán, demuestra inequívocamente que toda esa gente sencilla, esa gente como usted y como yo, sí sabía. Sus dos autores, Klaus Hesse y Philipp Springer, han llevado a cabo una paciente, insobornable labor de búsqueda de testimonios fotográficos de la persecución y el castigo nazis a quienes el régimen consideraba enemigos. Persecución que se efectuaba a la luz del día en cada ciudad, en cada pueblo, con asistencia documentada de sus habitantes. Castigos que se ejecutaban en público, en la plaza principal de cada ciudad, de cada pueblo, con asistencia documentada de sus habitantes. Persecución y castigos a la vista de todos —como justamente se titula el libro. Bastaría su portada para sentir vergüenza hasta en el último rincón del tuétano del alma. Son tres fotos fechadas el 7 de febrero de 1941. En la de arriba se ve a una ciudadana alemana llamada Martha, de 31 años, sentada en una silla, maniatada, y del cuello le cuelga un gran cartel donde puede leerse: He sido excluida de esta comunidad. En la segunda foto, la de enmedio, pueden verse esa misma silla y su ocupante arriba de una tarima y en el centro de un círculo de ciudadanos curiosos, en una plaza del lugar donde se la expone a la picota pública. Y en la tercera foto, abajo, un personaje que parece salido de las más tenebrosas imágenes del cine expresionista alemán (incluido el inevitable sombrero) le corta el pelo a esa mujer llamada Martha hasta dejarla completamente rapada, es decir: definitivamente marcada frente al resto de su pueblo, de sus conciudadanos. Tanto o más que si llevase marcada a fuego la A mayúscula de adulterio con que los puritanos de Nueva Inglaterra, o sea, el núcleo original de los actuales Estados Unidos, estigmatizaban a sus pecadoras. Nunca, dicho sea de paso, a sus pecadores. ¿Y cuál había sido el atroz delito de Martha, ese invierno del año 1941? Haber tenido relaciones íntimas con un polaco. 335 fotos integran el apabullante testimonio de este libro. Fueron hechas por particulares, por gente como usted y como yo, y en casi todas ellas están presentes los ciudadanos del lugar, una gente como usted y como yo, asistiendo sonrientes, o indiferentes, a la escritura en vivo de un nuevo capítulo de la historia universal de la infamia. Repasando a fondo las páginas de este libro revulsivo y necesario, acudió a mi recuerdo aquella frase cínica y ponciopilatesca de los argentinos como usted y como yo al enterarse de que alguien de su entorno había sido desaparecido por la dictadura: se limitaban a comentar “Por algo será”. Una década más tarde, cuando era absolutamente claro hasta qué abismos de degradación moral se había asomado, e incluso desplomado, la vesania de los Videlas, Masseras y Astizes, alguna vez apareció un elocuente graffiti en una pared de Buenos Aires, y en él podía leerse: “Vos sobreviviste: por algo será”. Sí, por algo será. Siempre debe ser por algo, que no sé lo que es, pero sí sé que me provoca náuseas, que los ciudadanos de a pie, la gente sencilla, como usted y como yo, nos quedamos tan tranquilos mientras a nuestro lado siguen escupiéndole y dándole patadas al honor del ser humano. Ese mamífero dizque superior… a condición de que sea ario. Y de ser posible, rubio.

[Ricardo BADA. “Historia visual de la infamia”, in El Malpensante (Bogotá), nº 38, 15 de junio de 2002]