✍ Bajtín y la historia de la cultura popular. Cuarenta años de debate [2008]

por Teoría de la historia

bajtin-y-la-historia-de-la-cultura-popular-9788481025002Este libro es el resultado del curso de verano de la Universidad de Cantabria, celebrado en Laredo en septiembre de 2005, con motivo del cumplimiento de los cuarenta años de la primera edición rusa, en 1965, del libro de Mijail Bajtín, La cultura popular en la Edad Media: El contexto de François Rabelais y del treinta aniversario de la muerte del intelectual ruso. A las aportaciones de los participantes en el curso (Carmen Sarasúa, Javier Antón, Máximo García, María de los Ángeles Pérez Samper, Alessandro Arcangeli, Francisco Lorenzo Pinar, María José del Río, Raquel Iglesias, Marina Torres y Tomás A. Mantecón) se han añadido en este volumen el prefacio de Peter Burke, un historiador que ha dedicado buena parte de sus trabajos a temáticas relacionadas con la historia de la cultura y la historia de la cultura popular; y una colaboración final, desde el mundo de la historia del Derecho, de Darío G. Barriera; se han añadido además los artículos de una nueva y joven generación: Julia Benito de la Gala, Leticia Agúndes y Blanca Llanes Parra. El conjunto es sugerente, interesante e irregular. Este último calificativo no sorprenderá sin duda a ningún lector porque es el resultado habitual de este tipo de publicaciones de aluvión, a pesar de los buenos oficios del director del curso y editor de este volumen, Tomás A. Mantecón, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cantabria. La oportunidad de este volumen está perfectamente justificada por Peter Burke en su prefacio. La cultura popular en la Edad Media se publicó por primera vez en ruso en 1965, en inglés en 1968, en francés dos años más tarde y en castellano en 1974, editado por Carlos Barral. Un año después murió el intelectual ruso, en 1975, tras una larga y tortuosa vida. En España, la obra polifacética de Bajtin ha tenido un amplio eco. En el ámbito literario y lingüístico, fue J. Huerta Calvo uno de sus principales impulsores (junto a Iris M. Zavala) con un artículo publicado en 1982 en el que ya exponía la teoría literaria de Bajtin [«La teoría literaria de Mijail Bajtin (Apuntes y textos para su introducción en España)», Dicenda: Cuadernos de filología hispánica, 1, 1982, págs. 143-158]. Pero Bajtín ha atraído a filósofos, lingüistas, psicólogos, historiadores de la literatura y el arte, antropólogos, pedagogos, sociólogos… e historiadores. Buena muestra de este interés interdisciplinar son los congresos internacionales que periódicamente se han organizado para discutir su obra desde diversas perspectivas, entre las cuales sólo quiero destacar el celebrado en Madrid en 1994 (Bajtín y la literatura, actas coordinadas por J. Romera et alii, 1995), y el volumen coordinado por Pedro Cátedra, Mijail Bajtin en la encrucijada de la hermenéutica y las ciencias humanas (2003). Desde el punto de vista historiográfico, sin embargo, tengo la impresión de que Bajtin ha sido más citado que leído. El libro se divide en cuatro partes que pretenden ofrecer, de manera estructurada, tanto una «reactualización» de temas presentes en el universo bajtiano a la luz de la reciente historiografía −sin excluir la crítica de los conceptos originales−, como una obertura de horizontes y perspectivas nuevas tomando a Bajtin como punto de partida o como excusa: «Género, cultura popular y vida cotidiana» (primera parte), «Morir para renacer, fiesta y cultura popular» (segunda parte), «Moral, cultura popular y tribunales» (tercera parte), «Lenguajes populares de la violencia y la justicia» (cuarta parte). El núcleo alrededor del que gira todo el libro es la cultura popular, concepto tan difícil de definir que ha acabado por levantarse sobre la contraimagen, es decir, sobre lo que no es cultura popular. Esta preocupación está bien presente a lo largo de todo el libro donde la mayoría de autores en un momento u otro de sus colaboraciones se esfuerzan por dar su propia definición para después poder construir el edificio de sus estudios. Está bien. El resultado es que hay tantas definiciones «precisas» como autores. Definir qué es «cultura» desde los presupuestos epistemológicos actuales parece una tarea asequible, definir qué es lo popular, quién es el pueblo y qué lo caracteriza de manera distinta y distintiva, ya es mucho más complejo. Y poner los dos términos juntos expresa una ecuación en la que, definitivamente, prima la incógnita. El propio Peter Burke afirma en el prefacio que cultura son las actitudes compartidas y expresadas por artefactos y actuaciones, y elimina de esta fórmula las prácticas culturales que, a su juicio, entran en el campo de la vida cotidiana. Y lo mismo podríamos decir sobre el concepto de: ¿Cultura oficial? ¿Letrada? ¿De élite? El editor de la obra, y los colaboradores, asumen un concepto más dilatado y de fronteras mucho más difusas. Parece acertado hacerlo así cuando se tienen en la mano trabajos heterogéneos que abordan la cultura popular desde ejes transversales: género, alimentación, usos de la cultura escrita, fiestas, justicia, moral sexual… Si se fijan, podríamos decir lo mismo al revés: se abordan todas esas temáticas desde el eje transversal de la cultura popular. El orden de factores, desde mi punto de vista, no altera el producto. Porque la célebre «circularidad cultural» de Mijaíl Bajtín partía de una clara distinción entre una cultura de élites y una cultura popular, y se construía sobre el estudio de los lenguajes, el carnaval o la risa, en los que se expresaba el pueblo iletrado. La gran distancia entre una y otra, sin embargo, hoy está en revisión y parece mucho menor. Los hombres y mujeres del Antiguo Régimen tejían diariamente —en palabras de Michel de Certeau— el patchwork de lo cotidiano: un tapiz en el que la fiesta, la risa, el carnaval, la transgresión en sus diversas intensidades, la norma, la negociación, los lenguajes corporales, jurídicos, emocionales… formaban parte de un patrimonio social y cultural que permeaba contextos, lugares, individuos. Ejemplar e inteligente me parece en esta dirección el texto de Darío G. Barriera sobre las culturas jurídicas de los legos en Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX. En este sentido, la historia cultural y la historia de la vida cotidiana se funden en un horizonte tan rico como prometedor al rescatar las diferentes voces del pasado, al estudiar sus gramáticas simbólicas en el día a día, al intentar detectar el color y el timbre de esas voces en los contextos más variados, al buscar el sentido profundo de la realidad más cotidiana, pero no por ello menos importante Tomás A. Mantecón cierra todas las colaboraciones con un interrogante final, «¿Hay vida para la historia de la cultura popular fuera del Rabelais de Bajtin?». En realidad, se trata de un interrogante retórico puesto que precisamente la conclusión que uno saca después de la lectura atenta de todas las aportaciones es que, efectivamente, hay mucha vida para la historia cultural más allá de Bajtin porque, como diría él mismo, nada hay absolutamente muerto y cada sentido tendrá su fiesta de resurrección.

[Adoración MORENO. “Mantecón Movellán, Tomás A. (ed.). Bajtín y la historia de la cultura popular. Santander, Universidad de Cantabria, 2008, 413 págs.” (reseña), in Hispania, vol. LXXI, nº 237, enero-abril de 2011, pp. 276-278]

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