✍ América Latina en su literatura [1972]

por Teoría de la historia

Unknown-1Este volumen obedece a una resolución de la UNESCO (París, 1966) que autoriza a su Director a emprender el estudio de las culturas de América Latina en sus expresiones literarias y artísticas. Es parte de un proyecto más vasto referido al estudio y la difusión de las características de las grandes regiones culturales del mundo contemporáneo, a cargo de uno de los Departamentos de esa Institución en la persona de César Fernández Moreno. Este volumen cuenta con la colaboración de Julio Ortega (relator), Héctor L. Arena (revisor) y de una serie de personalidades relevantes en la crítica y la creación literarias latinoamricanas. Su realización comenzó en 1967 con una reunión de expertos en la ciudad de Lima, contó con el asesoramiento permanente de una vasta comisión interdisciplinaria a lo largo de sus distintas etapas, concretó las tareas dedicadas específicamente a la literatura en una reunión en la ciudad de San José de Costa Rica (1968), encargó los trabajos que se dan a conocer en el presente volumen a los más destacados críticos latinoamericanos y, finalmente, realizó su coordinación con la ayuda de otro equipo de expertos en el segundo semestre de 1970. La noticia que figura en el Prefacio de esta edición nos dice también que, a este tomo, seguirán otros sobre arquitectura, plástica, música, artes del espectáculo y, como síntesis final, una historia social y cultural de las ideas. Serán, en total, siete volúmenes que compondrán esta serie “América Latina en su Cultura”. César Fernández Moreno, como coordinador responsable presenta los trabajos en una introducción. Refiere el esfuerzo al proyecto general de la UNESCO que se empeñaría en suscitar “algo así como un anticipo del mundo futuro”, al que supone signado por las características de la integración y la síntesis “en un campo máximo de universalidad”. Su presupuesto fundamental es la evidencia del “impacto actual de esta gran región cultural sobre la cultura universal, así como la indeterminación concreta de los factores que la configuran como tal”. La UNESCO prestaría especial atención a esta paradoja, tratando de captarla, para definirla y darla a conocer (p. 12). No existen noticias que aclaren cómo se han diseñado los objetivos, la estrategia y los métodos de un proyecto tan ambicioso, excepto los que se especifican en esta insuficiente Introducción. La impresión general es que han faltado precisamente esas definiciones y, por lo tanto, los trabajos se han llevado a cabo con el lastre de una situación dependiente de un organismo pluralista, internacionalista y no especializado. De ser así, la tarea de organización debe haber consistido en la fijación de objetivos orientadores, pero lo suficientemente difusos como para no violentar posiciones disímiles y el esfuerzo fundamental en una paciente labor de articulación de diversas voluntades, una búsqueda de consenso genérico. donde la virtud no residía en la eficiencia, la racionalidad o la ejecutlvidad científica de un proyecto conjunto, sino en la convivencia y el estímulo individual de múltiples participantes. No se puede esperar mucho de este tipo de trabajos, a pesar del enorme costo operativo que consumen, por lo que sólo haremos algunas breves consideraciones sobre el proyecto como conjunto. Fernández Moreno pone de manifiesto una situación de perplejidad. Para él, tenemos una certeza intuitiva sobre qué es América Latina pero no un concepto claro que nos permita definirla. Su confusión tiene como contrapartida la ambigüedad de los criterios que emplea: unas veces parece aceptar -y otras rechazar- patrones lingüísticos, geográficos y culturales; en otras oportunidades, parece considerar como definitivos los niveles socioestructurales, insistiendo en una cierta homogeneidad interna, en la común situación de dependencia y en la inevitable pertenencia a los países del Tercer mundo; finalmente, parece resolverse por una descripción genérica y encomiástica de los valores del mestizaje y de la síntesis renovadora de los aportes autóctonos, africanos y europeos. A partir de esta indecisión, Fernández Moreno enuncia los objetivos de esta investigación, directamente orientada a superar esa situación de confusión y perplejidad. El estudio tendrá un carácter de autorreconocimiento de los mismos intelectuales de la región; su punto de partida será la contemporaneidad; y, su objeto, no será específicamente el nivel autónomo de la cultura (descripción de los estilos, inventarios de obras) sino la realidad de América Latina vista en o a través de sus manifestaciones culturales como un todo. Posteriormente indica una cierta estrategia que permitiría cumplir con aquellos objetivos: se determina el campo de la investigación (definición de la región y de las subregiones como momentos operativos); se realiza la búsqueda de expertos que la estudien; y se indican ciertas directivas para que trabajen en función de la región. Finalmente, se muestra un criterio para evaluar y organizar los estudios realizados: se supone que cada crítico podrá dar razón más acabada de su propia nación o subregión; pero la elección de representantes de doce naciones se funda en la expectativa de que este método permitirá acceder a la globalidad de la región, puesto que todos ellos ofrecerán una visión de conjunto balanceada por los puntos de vista y las concepciones propios de cada zona, cuya confrontación actuaría como una “cámara compensadora”. El final de esta “azarosa operación” como la llama Fernández Moreno, a la que define también como un ”matizado procedimiento”, es el procesamiento del material por parte de los expertos de la Secretaría y, en definitiva, por el Director del proyecto, lo que aseguraría la “objetividad y la unidad” de la obra. Fernández Moreno insiste en que han sido admitidos todos los métodos críticos pero que se ha preferido “la vía ensayística, con lo que el ensayo tiene de poético, esto es de intuitivo, de adivinatorio”, porque le parece el más adecuado para aprehender esta realidad “fluida, móvil que es hoy América Latina”. Por ello, al final, prefiere nombrar a todo el trabajo, no como una investigación, sino como una “tentativa de aprehensión existencial de América Latina” (p. 16) . La exposición del campo, los objetivos, la estrategia y los métodos de esta reflexión conjunta, llevada a lo largo de un lustro por un equipo de varias docenas de expertos, nos relevan de comentarlo. Deseo hacer notar, en cambio, la naturaleza de este trabajo: no es una investigación, es decir un discurso metódico con voluntad de conocimiento crítico, sino una antología de diversos ensayos; no tiene voluntad de descubrimiento sino de crear las condiciones de un diálogo franco e inmediato o de estimular a ciertas personalidades en una dirección; su estrategia no establece la posibilidad de ir más allá de lo que ya se sabe, no abre el camino a la superación de una situación reconocida de aislamiento, confusión conceptual y perplejidad, sino que las reitera, agudizando la conciencia de la necesidad de implementar nuevos mecanismos para superarlos. Todos estos trabajos, creo que sin excepción, básicamente ya han sido publicados. Este volumen los agrupa, pero esa tarea no tiene otro mérito que la recopilación indiscriminada de materiales de valor desparejo, repetitivos y no elaborados. A modo de simple referencia, aludo al modo en que han encarado una investigación similar K. H. Silvert y F. Bonilla, en la que participaron después un grupo de investigadores. A lo largo de un extenso periodo, prepararon una serie de definiciones, proposiciones e hipótesis consecuentes al tema que deseaban investigar, de manera que pudieran servir de planteo teórico básico para ser aplicado a cuatro naciones diferentes de América Latina. Sus propuestas sirvieron para indicar la complejidad del objeto, para permitir que cada investigador comprendiera cómo se articulaba su especialidad en el conjunto y para asegurar que la terminología y los procedimientos serían entendidos y empleados igualmente por todos los participantes. Una vez redactados los trabajos, éstos se discutieron y se procedió a una nueva redacción y, sobre todo, a la preparación de un informe final de conclusiones (K.H. Silvert ed., Expectant People. Nationalism and Development, New York. Random House. 1963). Sin juzgar acá los méritos de ese trabaJo, su ejemplo muestra cómo el proyecto de la UNESCO no favorece la discusión de los modelos de comprensión que hoy controlan las diversas interpretaciones de América Latina, no presenta un estado de la cuestión, no propicia el enunciado de hipótesis que puedan ser sometidas a verificación, no enuncia proyectos concretos que permitan realizar una tarea multinacional de recopilación y procesamiento de datos para averiguar, de manera comparada y con una matriz similar, cómo han sido las cosas en las diversas naciones o subregiones y poder así ganar algún conocimiento más cierto acerca de la región. Prácticamente, todos los autores, sin excepción, han utilizado el género ensayístico. Es decir, un discurso cuya virtud no consiste en la información, la discusión crítica o la verificación de una hipótesis sino en el diseño coherente de una imagen intuitiva que sirva como herramienta preliminar de comprensión de un fenómeno todavía no suficientemente investigado. Por otro lado, esta elección es comprensible pues en este estadio se encuentra la mayor parte de la crítica latinoamericana y, posiblemente, no existe ningún trabajo científico que intente aprehender el fenómeno en su totalidad y trascienda la investigación monográfica. Llama la atención, sin embargo, la falta de reconocimiento de esta situación y el hecho de que la gran mayoría de las exposiciones tenga un carácter afirmativo, cierto y cerrado y no un estilo problemático que intente señalar los estados de las cuestiones, los problemas, las aparentes contradicciones y, por lo tanto, las tareas de la crítica o de la reflexión sobre la cultura en América Latina. En general, estos discursos proceden a lo largo de tres reducciones. 1) Frente al hecho de la heterogeneidad, multiplicidad y dependencia de estas literaturas. intentan reducirlas a una cierta unidad apelando al concepto de la síntesis y del mestizaje. 2) Frente al hecho de la diversidad de su proceso histórico de evolución, simplificarán los hechos a un tácito historicismo como un camino de lo complejo a lo sintético, de lo incipiente a lo maduro, de lo dependiente a lo autónomo, de lo irrelevante a lo valioso, de lo alienado a lo auténtico. De esta manera el discurso estará sostenido, más que por una voluntad de conocimiento, por una apología de todo lo contemporáneo que se ajuste a su esquema valorativo de evolución, con ausencia de crítica: no explicitan sus propios criterios de interpretación y valoración; proceden con una simplificación maniquea, oponiendo lo contemporáneo a lo anterior como a su prehistoria; suprimen de la actual literatura todo lo que no se ajuste a su modo de comprender el proceso y lo que no refleje los matices de la contemporaneidad; no distinguen tendencias y corrientes en la literatura contemporánea que les permita entenderla de manera dinámica y valorarla según diferentes modos de articulación. 3) Finalmente, casi sin excepción también, se encuentran tensionados por una contradicción. Por un lado, se ven obligados a buscar la unidad y la realidad de esta literatura en la de la sociedad latinoamericana; por otro, la mayoría de ellos reduce su tratamiento a los aspectos inmanentes, refiere la creación a la subjetividad individual, revela su autonomía frente a la sociedad, destaca los valores universales y trascendentes, intentando superponer de manera forzada y externa ciertas alusiones a la realidad social. Y tanto ellos, como algunos otros que tratan de articular directamente el fenómeno literario al fenómeno social, se ven carentes de una imagen crítica de la realidad social latinoamericana, excepto algunas alusiones genéricas al imperialismo o a la acumulación de razas y culturas. Mas aún, por la bibliografía empleada y por los esquemas propuestos, se puede hablar de una notable ignorancia de los críticos literarios que no pueden integrar su tarea dentro de las ciencias sociales desconociendo los aportes, planteos y autores más importantes para diseñar una imagen de la realidad social latinoamericana. Una alusión sumaria de los autores más citados puede dar un índice de las fuentes actuales de la crítica. El autor más citado, y cuyo trabajo es simultáneamente el más sugerente, es el de Antonio Cándido, aunque su especialidad sea la literatura brasileña, careciendo de información importante para el resto de la región. Alfonso Reyes, Pedro Henriquez Ureña, Anderson lmbert y Fernando Alegria siguen siendo fuentes obligadas, junto con E . Rodríguez Monegal, Angel Rama, Eduardo Núñez y Femández Retamar. Con algo menos de frecuencia, están citados Noé Jitrik y M. Morinigo; los trabajos de este último, igualmente que los de A. Prieto, de las Universidades de Tucumán y Rosario (Argentina) merecen una atención mayor de las que se les presta actualmente. Los teóricos extranjeros más citados son R . Barthes, M. McLuhan, M. Foucault, R. Jakobson, G. Lukács y, algo menos, J. Kristeva, U. Eco, T. Adorno y C. Lévi-Strauss. A pesar de ser sólo un juicio personal, señalaré como los trabajos más sugerentes a los de Antonio Cándido, José Guilherme Merquior y Noé Jitrik. Los estudios de Roberto Fernández Retamar y Mario Benedetti se destacan por su habitual capacidad de replantear problemáticamente las tareas de la literatura y la crítica latinoamericanas. Como ensayo expresionista, consciente del nivel discursivo en que se efectúa, deslumbrante por las relaciones y la audacia de algunas posiciones, es notable el trabajo de H. Valencia Goelkel. Los trabajos de R. Bareiro Saguier, E . Rodríguez Monegal, R. Xirau, R. E. Adoum, G. Sucre, J. J. Saer y J .M. Oviedo son de alguna manera intercambiables y aburridamente reiterativos, limitándose a repetir para la literatura contemporánea lo que yo se había afirmado más o menos para las literaturas de vanguardia, el fenómeno del surrealismo y la destrucción de los géneros y las formas en la década del veinte. De todos ellos, el trabajo más relevante es el del brasilero Haroldo de Campos, que junto con los demás críticos de su país, puede ser el aporte más útil del volumen para los países hispana. La monografía de Severo Sarduy sobre el Barroco no parece tener lugar en esta antología.

[A. L. G. “América Latina en su literatura by Fernández Moreno César” (reseña), in Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (Lima), Año I, nº 1, 1975, pp. 193-198]