✍ Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo [2000]

por Teoría de la historia

4fb6b1133872d_400x565En los tiempos que corren, “son los tiempos, señor”, diria Juan Rulfo en Pedro Paramo, hay una serie de fenómenos que se han convertido en objetos de estudio y reflexión a los que nadie que quiera seguirle la pista al mundo contemporáneo, como diría, a su vez, Anthony Giddens, “puede ignorar”. Uno de ellos es la globalización. Pese a que solamente se ha colocado sobre la mesa de la discusión a lo largo de la última década, muchas cosas se han dicho y circulan alrededor de este tema. Las posturas son diversas, múltiples, encontradas; las perspectivas son variadas y las ambiciones de dar cuenta de ella siempre parecen incompletas e inconclusas. Hay una serie de autores que a través de algunas obras o artículos se han venido convirtiendo en lectura obligada como referencia para realizar nuevas aproximaciones, pues al no haber un planteamiento unitario ni homogéneo, es necesario partir de un marco contextual sobre las mareas que la acompañan. De entre las obras que se han publicado en el entorno latinoamericano, destacan, desde mi punto de vista, los trabajos de Renato Ortiz, en particular su obra Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo, donde logra integrar varias de las reflexiones que había venido realizando a lo largo de la década de los noventa. Junto con investigadores como Néstor García Canclini, Jesús Martín Baibero, José Joaquín Brunner y otros, a Renato Ortiz se le ha ubicado dentro de un movimiento al que se le ha denominado “escuela latinoamericana de estudios culturales”. Si bien no son ajenos a críticas por sus posturas y sus propuestas, estas, a su vez, han sido fermento de críticas y observaciones fundamentales para los estudios culturales que se han dado alrededor del mundo desde hace algunas décadas. Su visión y el contexto de sus reflexiones, America Latina, han generado varias reacciones. Por un lado, han aportado rutas divergentes a los discursos y procedimientos que se han ido institucionalizando en los estudios culturales, los cuales, si bien son objeto también de severas críticas, se han ido evidenciando como un enfoque renovador y fructífero para comprender a las sociedades contemporáneas dentro de las ciencias sociales. Baste revisar la bibliografía internacional: podemos encontrar cómo han sido incorporadas sus propuestas en el debate internacional a través de conceptos como hibridación, negociación, poder, mediaciones. Por otro lado, han ingresado a ese debate internacional sobre la manera de entender y proceder de los estudios culturales. Si bien se reconocen algunos puntos de convergencia, de diálogo, de intercambio, también subrayan las zonas de diferencia; es desde ahí donde tejen e hilvanan su quehacer como intelectuales, el papel de sus indagaciones y los retos por asumir. Su visión de la modernidad en países como los nuestros y el papel que han desempeñado las industrias culturales, el pluralismo cultural, el desarrollo urbano cruzado por contradicciones y herencias del pasado que se suman a las nuevas dinámicas sociales, a la introducción de sistemas tecnológicos y económicos mundiales, las migraciones incesantes, la presencia de sujetos varios como los jóvenes, las mujeres, el narcotráfico, las etnias, dan un tinte espacial a los debates. Desde ahí se puede hacer una lectura del libro de Ortiz en cuestión, teniendo como detonador y eje articulador a la globalización. Muchos han observado la cantidad de metáforas que se han elaborado para intentar dar cuenta de los tiempos que vivimos a partir de la globalización. Si bien no hay que perder de vista las observaciones que ha realizado Aníbal Ford sobre los peligros de emplear metáforas, por su poder de dirigir, enfocar, parcializar, sedimentar y solidificar algunos de los sentidos que se le imprimen al emplearlas, así como el riesgo de su posible universalización, estas hablan de las posturas y de las rutas de acceder a este fenómeno de dimensiones y alcances planetarios. De esta manera, Renato Ortiz tiene su particular visión y la plasma en sus reflexiones, teniendo cuidado de no caer en esa trampa, mirando desde diferentes ángulos cada uno de los temas abordados. Así, se han venido dando varias posturas, puntos de vista y ángulos para abordar a la globalización. Ortiz, retomando a Norbert Elias, parte de que la globalización es un “proceso civilizatorio” y plantea, entre otros, dos elementos que me parecen fundamentales para seguirle la pista al desarrollo de sus planteamientos. Por un lado, expresa que el fenómeno de la globalización es un nuevo contexto de las sociedades contemporáneas que le imprime renovados o inéditos elementos, potencialidades y configuraciones del que no logra dar cuenta el pensamiento social tradicional, emanado y desarrollado desde el siglo XIX, o del que provoca visiones parciales y peligrosas. Es decir, el nivel de complejidad de la organización social se ha modificado, y el pensamiento social que surgió a partir de otro tipo de organización social se queda en las orillas sin llegar a cruzar y atravesar los nuevos mares sociales. Esto no implica hacer tabula rasa de dicho pensamiento, sino hacer una revisión del mismo y cambiar los enfoques, las miradas y los procedimientos analíticos. El pensamiento social surgió en un tipo de sociedad y creció con ella, pero esta ha dado un giro radical que reta al pensamiento social a sufrir un giro de parecidas proporciones. De esta manera, una serie de conceptos como nación, identidad, masa, cultura popular, territorio, se han estrechado y han mostrado sus límites ante las emergencias de nuevas dinámicas sociales. Es el paso de un pensamiento que buscaba lo estable, el orden, la certeza, lo homogéneo, a uno que piensa el flujo, el descentramiento, la simultáneo, lo diverso. Uno de los retos es ver como estos conceptos se convirtieron en “conceptos comprometidos” para desplegar una nueva “imaginación sociológica”. En mi opinión, una pregunta flota alrededor de sus reflexiones: ¿qué significa hacer investigación, qué investigar y cómo hacerlo en el mundo contemporáneo? Ortiz, a lo largo de sus ensayos, por un lado, da sus puntos de vista de algunas implicaciones reflexivas y metodológicas, y por el otro, deconstruye la configuración de algunos de los “conceptos comprometidos” para colocarlos en situaciones límite, aquellas donde dejan de tener pertinencia y sentido en una sociedad mundial, incita y provoca a pensar las cosas desde otra dimensión, aquella que nos permita observar objetos atravesados e imantados por la mundialización; señala algunas de las rutas posibles, así como sus trampas, para pensarlas. Una de sus preocupaciones es el concepto de espacio, que, a su manera de entender, y la de varios pensadores, es de los conceptos más impactados por la globalización. Es el paso necesario de pensar en los términos de un territorio al de pensar desde la desterritorialización y reterritorialización, de las identidades nacionales a las identidades internacionales, por decir algunos. Por otro lado, la preocupación de Ortiz es la dimensión cultural, y para ello, hace la diferenciación entre globalización y mundialización. La globalización, dirá, hace referencia a un proceso económico y tecnológico que busca permear de manera homogénea a las sociedades, mientras que la mundialización habla de la manera en la que este fenómeno se arraiga en un contexto particular, cargado de determinaciones y configuraciones históricas y simbólicas específicas y diferenciadas. De esta manera, es posible observar la transversalidad de la globalización que interconecta varios niveles de la vida social: lo individual, lo local, lo nacional y lo mundial. Esto conlleva algunas implicaciones metodológicas para el estudio de la mundialización. La primera, es la necesaria referencia histórica que9788585428235 da cuenta de cómo una región, un objeto, una práctica, un sujeto, un medio de comunicación tiene una particular manera de entrar al proceso de mundialización. La segunda es su contextualización social particular. La mirada de la contextualización sociohistórica es, pues, fundamental, como lo han apuntado otros investigadores. La tercera es la de no perder de vista la articulación entre lo global, lo nacional y lo local, así como las zonas aquellas donde no encuentran espacios de contacto y articulación. Esto último es importante para alguien que trabaja desde una dimensión local, pues invita a repensar algunas concepciones sobre la forma en la que se han concebido las investigaciones regionales y da pistas metodológicas para nuevas incursiones. La propuesta de partir de “objetos mundializados” en lo local es muy sugerente, y actores sociales como los jóvenes y las mujeres, o la presencia de medios de comunicación como el cine son una prueba de ello. Finalmente, esta la consideración de que el libro se conforma a través de ensayos. En otro lugar, Renato Ortiz habla de la modernidad no sólo como un tipo de organización social, sino, también, como un lenguaje, una narrativa, una visión del mundo que se articula a nuestra realidad, plural, y diferenciada, con visiones y estilos de vida policromáticas, girando alrededor de una órbita central que históricamente se conformó y lo hizo con una serie de contradicciones que se vienen disolviendo y reconfigurando, como observan algunos intelectuales latinoamericanos. De esta manera, podemos comprender la presencia del ensayo en América Latina como un instrumento para tomar consciencia de su circunstancia y los cambios a los que son impulsados. También, podemos observar al ensayo como una estrategia narrativa que permite articular, subrayar y separar los diversos escenarios que aparecen, cruzan, desaparecen en nuestras realidades y en nuestros distintos ámbitos desde donde vivimos. Son los tiempos los que nos impulsan a pensamos y repensar los instrumentos con los que nos hemos pensado.

[Héctor GÓMEZ. “Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo de Renato Ortiz” (reseña), in Estudios sobre las Culturas Contemporáneas (Colima), vol. VII, nº 13, junio de 2001, pp. 153-156]