✍ La conquista de las vacaciones. Breve historia del turismo en la Argentina [2011]

por Teoría de la historia

la-conquista-de-las-vacaciones-elisa-pastoriza-5400-MLA4958623986_092013-FSin lugar a dudas, no hay mejor forma que comprender la evolución del turismo que adentrarse y discutir de fondo buenos trabajos en la materia, como ser el de la profesora Elisa Pastoriza, quien presenta una historia sintetizada pero elocuente del turismo como parte de un fenómeno mayor al cual denomina ocio. Inicialmente, E. Pastoriza (2011) recuerda en su trabajo La Conquista de las vacaciones la extraña tensión que se da en las primeras zonas de veraneo en la Argentina de fines de siglo XIX ya que uno de los mayores desafíos era adaptar las condiciones ambientales a los lugares de residencia de los viajeros con la suficiente familiaridad para no sentirse desguarnecidos, pero a la vez poder armonizar las costumbres las clases altas con respecto a un consumidor que comenzaba a perfilarse como masivo. De esta forma, el veraneo, costumbre propia de las clases más pudientes dio lugar a una forma menos estilizada producto de la cultura de masas, el turismo. La conquista de las vacaciones en la Francia de 1936, junto a los adelantos tecnológicos sentaron las bases para el advenimiento de una nueva forma de recreación que mediante el viaje generaba una gran expectativa. El proceso “democratizador” que implicó el turismo trajo beneficios ya que la cultura del veraneo (originalmente dada por 3 meses) se expandió por medio de un verdadero efecto demostración a otras clases, pero estas conquistas sociales trajeron ciertas fricciones y tensiones con otros grupos. Las antiguas pautas de distinción en el sentido de P. Bourdieu que antiguamente funcionaban como estrategias para mantener la propia identidad de clase, ahora estaban en disputa. Es decir, que en mayor o menor medida, desde su nacimiento el turismo parece haberse visto en una tendencia casi, si se quiere, contradictoria en la cual el encuentro entre visitantes y residentes cobra principal importancia. Según Pastoriza el turismo nace por dos aspectos constitutivos, el primero es la pérdida del temor al mar, visto como un lugar peligroso, por el cual se estructuraba la vida antes del siglo XIX o fines del XVIII con la corriente higienista. Ciertamente, los científicos recomendaban los beneficios del mar. Segundo, la fiebre amarilla y otras epidemias que asolaban las ciudades argentinas provocaron una rápida evasión a los barrios del norte de la ciudad de Buenos Aires y a las villas veraniegas. Siguiendo este razonamiento, entonces el veraneo se transformo en turismo solo cuando pudo ser democratizado. La tesis central del trabajo, en los siete capítulos que la constituyen es que la historia del turismo en Argentina “atravesó primero a las clases altas y muy aceleradamente involucró al conjunto de la sociedad en un proceso de democratización social, ya presente en los años veinte, que culminó con lo que José Luis Romero llamó la cultura de masas” (p. 30). En los capítulos primero y segundo Pastoriza analiza la evolución de las ciudades costeras como balnearios como así los aspectos socio-económicos que coadyuvaron en esa empresa. En el capítulo tercero, se toma el trabajo de visualizar la relación entre el montañismo y el higienismo como forma de cura para ciertas enfermedades. Pero dicha democratización generó tensiones entre las clases que se disputaban un espacio simbólico en la ciudad de Mar del Plata. El poder público por medio de la legislación y empresariado privado, mercado, combinaron esfuerzos no para dirimir esas diferencias sino para asignarle a cada grupo un territorio particular. En consecuencia, Pastoriza sugiere el turismo de masas pudo ser posible gracias al Peronismo por medio de la implementación de políticas sociales que posibilitaron una mayor influencia de viajeros. En los capítulos sucesivos, la historiadora explora otras formas de turismo que han prendido en Argentina como así también el proceso peronista donde se da una nueva reelaboración de la narrativa ligada al ocio, ya no para la ciudad de Mar del Plata sino para todo el país. La fuerza de los sindicatos junto a otros actores sociales, antes relegados, sugiere y confluye en la reconfiguración de un nuevo entramado social cuya función en el turismo encuentra una amplia legitimación. El trabajo de Pastoriza, huelga decir, enfatiza en una evolución histórica de las diferentes formas turísticas en Argentina (pero siempre haciendo énfasis en los productos turísticos). El asenso social posibilitó el turismo se expandiera a otras clases sociales. Los Medios de transporte, cada vez más veloces, generaron una propensión para los traslados. De esta forma, Pastoriza se queja de los abordajes en la materia al punto de “los estudios de historia social adolecen de no haber desarrollado un debate acerca del rol y el significado de los entretenimiento populares en la democracia. En este sentido, el recorrido del turismo y la historia de las vacaciones a lo largo de los setenta años buscan iluminar dichas ausencias” (p. 258). La autora se da cuenta que el turismo, en tanto fenómeno derivado del ocio, tiene raíces sociales cambiantes dependiendo de las fuerzas de organización territorial que lo fundamentan, condicionan pero a la vez donde se plasman las expresiones culturales de las personas. Desde esta perspectiva el trabajo de Pastoriza se presenta como un serio intento, aunque fallido de comprender por medio del devenir de la historia la función del turismo. Incluso las buenas investigaciones, a veces, descansan en la lógica del “como sí” por lo cual es deber de la crítica señalarlos o por lo menos, ponerlos bajo la lupa crítica. En las siguientes líneas desarrollaremos los errores en tratamiento de Pastoriza: 1) Parece problemático aceptar que sólo después del siglo XVIII, con el higienismo, el hombre europeo se despojara de su temor al mar. El mundo mediterráneo antiguo de los siglos III al I A.C tenían una imagen positiva del mar. Cuenta Suetonio los Emperadores romanos se alejaban a su residencia en Capri para disfrutar el majestuoso paisaje que sólo el mar podía darles. Con el advenimiento de la Edad Media se cortaron las comunicaciones entre los feudos, y años de guerra frenaron con la movilidad que había nacido del Imperio Romano. El temor al mar había sido parte de ese tabú cultural impuesto por la descentralización de los feudos medievales. En otras palabras, se abandona el sistema político de Patronato romano para volver a la hospitalidad antigua. 2) Concebir al turismo, como estrictamente, circunscripto a una ciudad o a la atractividad de un lugar no solo no se condice con la realidad del fenómeno, en tanto que institución social arcaica como dice Paoli, presente incluso (con sus matices) en el alto imperio romano, sino que conlleva a la idea de comprender al turismo como un producto. Esta posición, nacida del Management europeo, concibe erróneamente que el turismo no ha existido desde siempre, sino que es una construcción moderna cuyas raíces sobrevienen de la segunda gran guerra. Las sociedades elaboran mecanismos discursivos para nivelar las contradicciones propias de la interacción cotidiana; el ocio es uno de ellos. De diferentes formas, no existe un turismo, sino varios turismo(s) cuya significancia lo ubica subordinado al subsistema onírico de cada grupo humano. Afirmar que sólo existe turismo cuando hay democratización es un error conceptual grave. Muñoz- Escalona ha hecho un trabajo más que convincente sobre la posición de la academia a considerar al turismo como un producto de la demanda en vez de un fenómeno social total. Esta perspectiva ilustra la forma en que los expertos han trivializado e ignorado antiguas formas de turismo ya sea occidentales como en caso grecorromano, como no occidentales para converger en una idea euro-céntrica del mismo. 3) Por desgracia, no puede visualizarse con claridad (en el trabajo de Pastoriza) un desarrollo exhaustivo de la palabra democratización y las implicancias que ella tiene. La gran contradicción de la democratización es que vuelva a la exclusión. Si “Democratizar” implica extender a otros grupos humanos un valor o práctica, entonces las aristocracias para mantener la distinción alteraran sus formas de relación para mantener la “diferencia”. Dadas estas condiciones, una democratización conlleva hacia una aristocracia. Uno debería asumir, como dice Castoriadis, la Democracia no implica extensión de derechos, ni mucho menos, sino simplemente que una asamblea pueda derogar una ley si la concebía injusta. Por lo expuesto, precisamente es la extensión de derechos que caracteriza al mundo espartano lo que homogeniza la dictadura, con piel de democracia. En consecuencia, no se puede hablar de democratización del turismo sino de masividad cuya función fue extender la hegemonía de las clases altas sobre el resto de la población, ya sea por efecto demostración u resistencia. Ha sido la tergiversación anglosajona de la democracia la que la ha llevado a una falsa utopia de la igualdad que nada tiene que ver con la democracia griega. 4) Aún hay disputas dentro de los especialistas respecto a que haya sido la fiebre amarilla (riesgo) aquella que promovió la migración de las clases privilegiadas hacia el norte de la ciudad de Buenos Aires. Por desgracia, el tema ha sido harto complejo y se debió a un conjunto de factores entre los que se combinaban la posibilidad de edificar mejores infraestructuras a las coloniales pre-existentes. Lo que provocó la mudanza de las familias aristocráticas fue, entre otras, la búsqueda de una mejora edilicia. La fiebre se expandía tanto en las calles como por el agua hecho por el cual la migración hubiera sido una medida sanitaria en vano. Al igual que el dengue, la fiebre amarilla se transmite en zonas de rivera. En tanto que zoonosis, dicha enfermedad se contiene por la reproducción de mosquitos. Hablando mal y pronto, irse de San Telmo a Belgrano hubiera diarios y testimonios de la época hablan de la fiebre amarilla como un factor de la migración, y eso llevo al malentendido, pero esos recortes esconden parte del problema edilicio que estaban sufriendo las casonas de La Boca, San Telmo y Barracas. Este hecho se explica mejor por la tesis de la gentrificación y la especulación inmobiliaria que por la fiebre amarilla. 5) Por momentos existe cierta sobre-valorización, si bien ha sido importante pero no decisivo, del peronismo como fenómeno de expansión del turismo, o de reconversión del veraneo al turismo, o de mistificación de Mar del plata como cuna del turismo nacional. Existe en Pastoriza como en otros autores, una tendencia a marplatearizar al turismo olvidando dos cuestiones importantes, el turismo europeo surge con T. Cook como una forma de ayuda al avance del alcoholismo en la Inglaterra industrial. Es decir, el turismo moderno se desarrolla en paralelo al abuso de sustancias y al agobio del trabajo propio del avance del capitalismo (Filho-Santos, 2008) (lógica de la burocratización weberiana). Ello sugiere a la actividad como válvula de escape y no como movimiento estético vinculado a la naturaleza in facto esse. Segundo, en Latinoamérica el turismo es importando por medio de un efecto demostración de las verdaderas clases aristocráticas que visitaban Europa (Mármora, 2004). Mezcla de evasión y de efecto demostración el turismo europeo anglosajón finalmente desembarca en el Río de la Plata como lo hace en todo el mundo consolidándose finalmente junto del fordismo y al imperialismo estadounidense. 6) Pastoriza no reconoce el poder hegemónico del turismo, como forma estereotipada del ocio, en tanto que en el exacerbo de la movilidad, paradójicamente inmoviliza y crea subordinación económica (Korstanje y Busby, 2010). Nuestra teoría del turismo, por el contrario, aborda al fenómeno desde una perspectiva holística permitiendo así una mayor comprensión del mismo. El sistema social se construye por medio de 5 subsistemas interconectados entre sí pero cuyas funciones difieren, político (acumula y dispersa poder), económico (regula la escasez), míticoreligioso (explica las incongruencias cosmogónicas por medio de la búsqueda de conocimiento), geográfico (mantiene la identidad, la seguridad y regula la permisividad de las fronteras) y onírico (absorbe las tensiones y conflictos generados por los otros cuatro subsistemas, y los sublima en forma de discurso unificado y hegemónico el cual nadie pone en duda). El ocio, precisamente, es parte del sub-sistema onírico y a la vez el turismo es una de las tantas formas de ocio pero su poder es aún mayor genera un discurso regulador de las voluntades individuales. La función principal del sistema onírico es la recreación como forma revitalizadora. Pero, como la ideología, su poder radica en la falta de oposición. Por ejemplo, nadie cuestionaría la movilidad de las sociedades occidentales como un derecho adquirido por medio de la fuerza y la expropiación; la movilidad como valor supremo cultural de Occidente se transmite a los niños en los diferentes canales de socialización desde pequeños y en las vacaciones (como espacio sagrado dado para la práctica del turismo) con fines de reproducción económica, e intereses políticos específicos. Asimismo, el subsistema geográfico juega un rol más que importante en la fijación de circuitos o canales donde viajar para recrearse se torna seguro o inseguro. El entretenimiento, propio de todo viaje el cual alterna distensión con riesgo contenido y moderado, es la base del turismo como fenómeno total y aplicable a todas las culturas del planeta. Cuando existen inconsistencias ya sea generadas por el propio sistema o por un sistema o sociedad externo (es decir por un encuentro entre dos etnias), el ocio y el turismo no solo seguirán al discurso de la sociedad dominante, y con él al subsistema político, sino crearan una cosmovisión (gaze) con el poder simbólico suficiente para justificar el acto de expropiación. Cuando el sistema onírico no puede regular las bases de la homeostasis del sistema, deviene el cambio social. Por otro lado, el subsistema mito-religioso (donde entran aquellos sectores preservadores del saber como sacerdotes, científicos y periodistas entre otros) necesita de una fábula o historia para darle sentido al mundo y a los eventos que en él se suceden. La mito-poiesis, o proceso de construcción mitológica, funda los valores culturales que van a dar sustento a la sociedad y alrededor de los cuales se van a crear los diferentes ritos, héroes y prácticas culturales. El vínculo entre el subsistema mito-religioso y el onírico es de una elevada complejidad. Valores culturales que se presentan como incuestionables, a saber el descanso, la movilidad, el retorno, son esencialmente transmitidos por medio de los mitos de origen (génesis) y observables en las diferentes doctrinas religiosas del mundo. El viaje temporal por lo tanto requiere de una dislocación psíquica del viajero quien experimenta (en su fantasía) la necesidad de un cambio fabulado (dislocación identitaria) y posterior retorno a su matriz de origen. Por último y no por ello menos importante, la palabra vacaciones viene de un antiguo vocablo, feriae, similar al sentido de la licencia (hoy ferias es sinónimo de vacaciones en la mayoría de los lenguajes indo-arios) por medio de la cual millones de romanos que ocupaban funciones administrativas en la península regresaban a sus hogares temporalmente durante 3 meses situados en las diferentes provincias que conformaban el Imperio. Similares instituciones se observaban en el mundo Egipcio, Fenicio y hasta Sumerio. Luego de la crítica subrayada, consideramos que el texto de Pastoriza es un buen trabajo que trabaja con diferentes fuentes primarias y/o secundarias de una forma convincente hecho por el cual nos lleva a recomendar la obra. Creo en lo personal, que el trabajo se vería, enriquecido con un marco conceptual dedicado a la historia antigua y al poder e influencia del mediterráneo en la formación del viaje, elemento esencial del turismo, y la aventura como mecanismos de jerarquización y evasión.

[Maximiliano E. KORSTANJE. “La conquista de las vacaciones. Breve historia del turismo en la Argentina, por Elisa Pastoriza. Buenos Aires, Edhasa. 2011” (reseña), in Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural (Universidad de La Laguna), vol. X, nº 1, 2012, pp. 217-220]