✍ Historia del capitalismo agrario pampeano (IV). La agricultura pampeana en la primera mitad del siglo XIX [2008]

por Teoría de la historia

165506La colección Historia del capitalismo agrario pampeano, que dirige Osvaldo Barsky, vuelve a ofrecernos un trabajo que condensa el conocimiento historiográfico, en este caso de la agricultura entre el período tardo colonial y mediados del siglo XIX. Pero no se trata meramente de un compendio de lo que se sabe hasta ahora, porque la amena y elegante escritura de Julio Djenderejian parte de la interesante pregunta acerca de los motivos por los cuales la agricultura pampeana pudo seguir el ritmo del crecimiento de la población durante la colonia, aunque tuvo dificultades para alimentar a la constante expansión urbana de la zona portuaria hasta mediados del siglo XIX, cuando empieza una escalada que durará el resto de la centuria. Los intentos de respuesta, apoyados en una profusa bibliografía y un minucioso rastreo de fuentes, nos conducirán por los caminos que se van adentrando en la pampa en tanto se extendía la zona productiva, las características de la producción y comercialización de cereales, las técnicas empleadas, las formas de explotación, para concluir en un muy útil cuadro de situación provincial comparado. En el primer capítulo el autor despliega el contexto geográfico y económico durante el período tardo colonial haciendo hincapié en la heterogeneidad del espacio, la discontinuidad de la ocupación en torno a algunas pocas ciudades y la escasez de población. En cuanto al desarrollo regional expone la respuesta diferencial de la producción y el comercio locales a la apertura del puerto de Buenos Aires en 1778 y la declinación de la ruta de la plata a Potosí. La circulación de bienes se encontraba limitada por un mercado consumidor pequeño y la escasa especialización productiva, en tanto que el transporte elevaba los costos debido a las largas distancias, los caminos en mal estado y la inseguridad, que hacían muy incierta la llegada de los productos a destino y a tiempo para aprovechar alguna ventaja en los mercados regionales. En conjunto, estas variables eran sorteadas por los altos márgenes de ganancia, en un mercado que se caracterizaba por el peso cada vez mayor de la exportación ultramarina y la proliferación de comerciantes que recorrían las diversas localidades habilitados por otros más poderosos, utilizando en el intercambio “monedas de la tierra”. Para ponderar el peso de la agricultura y la ganadería en el Río de la Plata, Djenderedjian expone claramente el debate en torno a las fuentes diezmales y la crítica de su utilización con el fin de estimar la producción y los precios. En cuanto a los actores, es muy cuidadoso en el uso de los conceptos, evaluando las posibilidades explicativas de “campesino”, “labrador” y “estanciero” (así los escribe, entre comillas, para dar cuenta de un problema aún no resuelto), asimismo, rebate el intento de ver en la campaña rioplatense relaciones sociales de tipo “feudal”. El erudito segundo capítulo del libro se ocupa de las técnicas agrícolas, prácticamente basado en una abundante producción de escritos editados durante el siglo XIX y que el autor va engarzando delicadamente en una mirada sincrónica y diacrónica convirtiendo a este libro en un trabajo sistemático imprescindible sobre un tema complejo y escasamente abordado por la historiografía. Tomando en cuenta características naturales, recursos disponibles, ubicación respecto de los mercados y orientación de la producción, Djenderedjian propone analizar tres grandes áreas que condensaban las técnicas agrícolas regionales: de roza al norte del litoral, irrigada en el interior y de secano en torno al Río de la Plata. El menor espacio dedicado a las dos primeras es indicativo también del menor conocimiento acumulado sobre ellas, pero el conjunto nos brinda un ameno panorama de las técnicas de labranza, los instrumentos utilizados y un detallado catálogo de los trigos sembrados. Corona el capítulo un apartado que estudia el impacto de los tratados europeos sobre agricultura en la cultura local, apreciando que los avances pioneros de los ingleses llegaban a España y al Río de la Plata mediados por los franceses, sin embargo, comparativamente con otras regiones como Estados Unidos, por ejemplo, tuvieron mayor impacto en los periódicos de la época y sus lectores citadinos que en una comunidad agrícola escasamente alfabetizada. La producción y comercialización de cereales del período independiente se estudia en el capítulo tercero, aunque está prácticamente dedicado al trigo en relación con Buenos Aires, en su papel de centro consumidor y de intercambio a través del puerto. Djenderedjian divide el período en tres etapas, la coyuntura de la independencia, el veinteno siguiente y los años 1840s. Reconoce los cambios desde el período anterior en la expansión de la agricultura hacia las tierras de frontera, en los nuevos actores en torno a la actividad: la diversificación de los pequeños y medianos labradores entre agricultura y ganadería del lanar, los nuevos arrendatarios, los grandes productores agrícolas que ahora arriendan a otros más pequeños, los grandes productores ganaderos que incorporan la agricultura. Estos actores deben tomar decisiones en una economía agraria caracterizada por las luchas de independencia y las civiles, los problemas de financiamiento, la recurrente escasez de mano de obra agravada por el fin de la esclavitud, la aparición de las harinas y trigos extranjeros, las oscilaciones del clima, y el aumento del consumo debido al crecimiento de la población. En el capítulo cuarto el autor se enfrenta al desafío de explicar el surgimiento temprano de la idea de que la colonización era una respuesta eficiente a los problemas de la agricultura y analizar su fracaso en la primera mitad del siglo XIX. Repasa los proyectos y limitaciones de la política borbónica de radicación de pobladores en las fronteras, tanto como las ideas prevalecientes luego de la revolución, con mayor aceptación de la necesidad de recurrir a la inmigración para poblar el territorio. Asimismo, dedica un apartado a la oferta de tierras públicas en el que podría haber sacando mejor provecho de la profusa producción historiográfica sobre el tema (si bien es cierto que en otro libro de la colección se trata el tema más extensamente). Más amplio y bien documentado es el estudio de la inmigración y su influencia en la producción agropecuaria. Realiza luego un detallado análisis de los intentos de colonización con aporte extranjero durante los años 1820s y las razones del fracaso, que se resumen en las condiciones productivas locales, sobre todo el gasto en mano de obra, los altos costos de mantener la cultura y modos de vida europeos, la falta de instituciones e infraestructura. En los años siguientes, en todas las provincias estudiadas hubo un movimiento importante en torno a la fundación de pueblos, siendo el proceso de colonización más destacado el de Azul, durante la hegemonía rosista. El quinto capítulo es la continuación del segundo, pero el autor hace más complejo el análisis diferenciando entre avances técnicos (desde el período colonial) y tecnológicos (éstos sólo posibles a partir del siglo XIX). Si bien estas innovaciones estaban condicionadas por los mayores rendimientos iniciales de las tierras nuevas puestas en producción y los altos costos del transporte, analiza los manuales que integraban los saberes de la época que se proponían optimizar los recursos tanto como organizar más eficientemente la producción y la introducción de instrumentos de labranza de mejor calidad, especialmente arados (que implicó cambios en la utilización de animales de tiro y en la profundidad de la labranza) y rastra de púas triangular; asimismo, fomentaban la difusión de la siembra del maíz como cultivo anterior al trigo. Además, realiza un interesante análisis del impacto inmigratorio temprano y su aporte con la importación del trigo Barletta y su aclimatación. Otros cambios detallados son la ampliación de la superficie de siembra, las nuevas condiciones de contratación para los segadores que permitieron bajar costos. Finalmente, analiza la introducción de maquinaria para limpiar y trillar el trigo, los molinos de viento y a vapor, las bolsas de tela para conservar y trasladar la semilla, el balde volcador para la obtención de agua. Destinado a dar cuenta de los rasgos fundamentales de los actores y estimar la superficie sembrada en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, el más breve capítulo final funciona a la vez como corolario del período y puerta de entrada a lo que vendrá. El autor expone la situación en cada provincia, si bien se preocupa por aclarar que la producción histórica para cada una es muy disímil. No obstante, puede apreciarse que los rasgos comunes consisten en la gran diferencia entre escasa superficie destinada a la agricultura y las grandes extensiones ganaderas. Aunque Buenos Aires supera a las otras provincia sumadas, en todas la producción no alcanza para satisfacer la demanda. En Buenos Aires se destacan dos zonas productivas, la de antigua producción cerealera del norte de la ciudad, con parcelas reducidas y predominio de propietarios; las más alejadas del puerto junto a las de frontera, de más reciente ocupación y de menor productividad. Las provincias que comenzaron una política de expansión de las fronteras con los indígenas verán hacia el final de la década los primeros resultados y posibilitarán el importante salto cuantitativo y cualitativo en la producción cerealera del período siguiente. Djenderedjian ha logrado combinar economía e historia, aprovechando el conocimiento acumulado por los especialistas (entre quienes se cuenta con sus trabajos sobre Entre Ríos colonial), apoyándose en fuentes manuscritas y editadas como así también en un recorrido minucioso por obras de época. El resultado es un texto que ofrece una mirada distinta, menos rústica, del mundo agrícola pampeano de la primera mitad del siglo XIX, despliega sus argumentos con profunda densidad conceptual, sin olvidar el aspecto didáctico, y que será de obligada consulta para quienes exploren la historia agraria pampeana decimonónica, como los libros que caracterizan a la colección de la que forma parte.

[Guillermo BANZATO. “Historia del capitalismo agrario pampeano: la agricultura pampeana en la primera mitad del siglo XIX” de Julio Djenderedjian” (reseña), in Mundo Agrario (La Plata), vol. X, nº 19, 2009]