✍ Pobreza voluntaria y economía de beneficio en la Europa medieval [1978]

por Teoría de la historia

219009El argumento central de este libró consiste en presentar el cambio de sistema económico y el desarrollo de nuevas fuerzas productivas en la que Marc Bloch llamó «segunda edad feudal» (1050-1275), para, a continuación, explicar por extenso las reacciones y respuestas de la práctica religiosa tendentes a crear nuevas formas de moral social inspiradas en el desarrollo de los ideales de «pobreza voluntaria». Se muestra la influencia entre los cambios económicos y el ámbito de las mentalidades y prácticas morales del mundo urbano europeo de los siglos XI al XIII. Hay cierto paralelismo con las tesis de Max Weber sobre el protestantismo y la génesis del capitalismo, pero con tres siglos de anticipación. El autor se pregunta a qué fue debido que los voluntariamente pobres desarrollaran una reflexión moral justificadora de las actividades lucrativas de los mercaderes y los profesionales urbanos salvando así la desconexión inicial entre cambio socioeconómico y resistencia a la adaptación en el plano moral. Para Lester K. Little, «el hecho de que los pauperes Christi hayan servido a la economía del beneficio en formas tan directas y elementales sigue siendo una paradoja», y lo ejemplifica indicando cómo en el siglo X se consideraba «luz del mundo» al modelo religioso, rural y monástico de los cluniacenses y, a mediados del siglo XIII, se hacía lo propio con el de los franciscanos, frailes de ciudad cuya «celda es la Tierra entera y su claustro el Océano» (Mateo París). Tal vez la paradoja disminuye si se opina que la misión de la Iglesia consistiría precisamente en hallar a cada tiempo la mejor manera de iluminar al mundo con la perspectiva religiosa, y no en dirigir concretamente su evolución histórica; así sería más sencillo diferenciar entre los aspectos superestructurales de la práctica religiosa y los sustanciales, ambos igualmente incardinados en la historia humana. Los movimientos de pobreza voluntaria no descubrieron la «revolución comercial»; se limitaron a constatarla, a menudo con escándalo, y a imaginar procedimientos para mantener y difundir en los medios sociales emergentes una verdad fija de la ética cristiana, la de que los bienes económicos tienen una función social y su uso una razón basada en los principios de caridad. En la primera parte («la crisis espiritual de la cultura urbana medieval») se expone el paso de una «economía del regalo» a una «economía del beneficio», con el desarrollo de la revolución comercial, de las primeras manufacturas, el uso creciente del dinero y el despliegue de la vida urbana y, en ella, de nuevas realidades y relaciones sociales. El reflejo moral del cambio es doble: por una parte, ciertos vicios pasan al primer plano de la crítica, en especial la avaricia, y, por otra, se exalta la pobreza como estado de virtud. Surgen, además, tensiones y estados de mala conciencia que se proyectan contra los únicos extraños insertos en aquel mundo de cristiandad: hubo una relación estrecha entre cambio del sistema económico y crecimiento del antisemitismo, aunque se ha de recordar que éste tuvo raíces y manifestaciones más amplias en la historia europea que las estudiadas por Little. Las partes segunda y tercera forman el núcleo del libro. En ellas se pasa revista a las diversas respuestas religiosas a la crisis moral desencadenada en aquellos procesos de transformación socioeconómica. Primero, la falta de respuesta del monacato cluniacense. Segundo, el eremitismo reformador, basado en la predicación itinerante y en el rechazo del mundo urbano, nacido desde comienzos del siglo XI en diversos puntos de Italia y Francia. El paso, en tercer lugar, a nuevas formas monásticas que desarrollan y amplían los principios de la renovación eremítica (cartujos, premonstratenses, cistercienses). Pero como la vida urbana crecía y era cada vez más necesario afrontar la crisis moral, mejor que negarse a participar de ella, surgieron movimientos de reforma en las mismas ciudades. El más antiguo son las diversas formas de vida canónica de los sacerdotes: se analiza el movimiento de canónigos regulares en sus diversas facetas, incluyendo su «ala radical» (Arnaldo de Brescia) y sus principales teóricos (lvo de Chartres, Pedro Damiano, Gerhoh de Reichersberg). Por su parte, los movimientos laicos de pobreza voluntaria conforman ya en la segunda mitad del siglo XII un «patrón geográfico que corresponde al mapa de las zonas comerciales e industriales más avanzadas de Europa». Humillados, valdenses, beguinas, cátaros, ortodoxos unos y heterodoxos otros, tuvieron en común su «rechazo del nuevo materialismo, especialmente monetario, concretamente el que se hallaba en las instituciones eclesiásticas». La síntesis de todos los intentos anteriores, y su superación, es obra de los franciscanos y dominicos durante los primeros decenios del siglo XIII: «los frailes combinaron las formas eficaces de sus predecesores en un programa espiritual coherente y practicable… Hicieron algo más que reemplazar a los humillados y valdenses. Sumaron y sintetizaron la reforma canónica y la nueva espiritualidad laica. Los franciscanos heredaron también la tradición eremítica… La vida apostólica, que durante muchas generaciones había estado fuera o en regiones remotas de la Iglesia, fue cuidadosamente devuelta al redil, fue recuperada de la marginalidad». Así se posibilitó «la formación de la espiritualidad urbana», tema al que se dedica la cuarta parte del libro, tal vez la mejor lograda. Los frailes crearon «nuevas formas de expresión religiosa específicas para el sector urbano de la sociedad que incluían una justificación ética de la sociedad urbana en sí misma, así como de las actividades características de sus miembros más influyentes; también incluían nuevas formas de culto, nuevas prácticas de devoción, nuevas estructuras para la participación laica en la caridad80140100743810L organizada y, sobre todo, un acrecentado sentido del valor espiritual», e incluso una ideología y reflexión sobre la ciudad. Pusieron a contribución instrumentos intelectuales, mediante su acceso a la Universidad, al desarrollar el método escolástico aplicado a problemas de teología moral y derecho: legitimidad de la propiedad privada, de los honorarios y beneficios, límites de la usura, papel del dinero. Pero aquellos ejercicios de razón se integraban en una concepción renovada de espiritualidad cristiana que incluía «un apostolado reformado» cuyos puntales eran la predicación y la confesión, vehículos inmejorables entonces para adaptar el mensaje al medio social, pues lo interesante es «la eficacia con que el mensaje llega a los laicos», por más que aquello implicara compromisos y contradicciones. La obra de Little es un amplio ensayo interpretativo y de síntesis, expuesto de manera brillante y clara. Más que por su originalidad investigadora, destaca por la nitidez del argumento expuesto y de la reflexión, que puede suscitar otras en los lectores, y por el buen uso de numerosas fuentes y de bibliografía muy abundante. El libro parece concluido hacia 1973, pues maneja muy poca bibliografía posterior, que apenas mencionaré; pero sí que hay ciertas ausencias de obras anteriores que no dejan de sorprender. Por ejemplo, la aparente falta de uso de las Settimane…, de Mendola, relativas al eremitismo, el monacato y los laicos en los siglos XI y XII; el libro de Lekai sobre el Císter o el de Delaruelle sobre la piedad popular, y también los de Manteuffel sobre la pobreza voluntaria y Cohn sobre los movimientos milenaristas, que tienen zonas comunes con el de Little, e incluso el volumen de los Cahiers de Fanjeaux dedicado a las órdenes mendicantes en Languedoc. Es lógico, sin embargo, que en una obra como ésta haya primado el principio de selección de lo más significativo o útil para el fin propuesto. La traducción es buena, a veces demasiado literal con respecto al original inglés, y la lectura del libro muy recomendable, así como su discusión en seminarios de historia económica e historia medieval.

[Miguel A. LADERO QUESADA. “Lester K. Little: Pobreza voluntaria y economía de beneficio en la Europa medieval, Madrid, Taurus, 1983, 286 pp.” (reseña), in Revista de Historia Económica (Madrid), vol. II, nº 2, 1984, pp. 185-188]

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