✍ Relations, échanges, transferts en Occident au cours des derniers siècles du Moyen Âge. Hommage à Werner Paravicini [2010]

por Teoría de la historia

9782877542579FSWerner Paravicini ha sido uno de los medievalistas alemanes que más ha despuntado por la fructífera actividad académica desarrollada dentro y fuera de Alemania, y que por consiguiente más ha contribuido a reforzar los vínculos culturales entre los principales países de la Europa Occidental, desde su ámbito profesional de la investigación histórica. Muy en particular, gracias a su nombramiento como director del instituto histórico alemán en París, pudo realizar una importante contribución al reforzamiento de las relaciones académicas entre Francia y Alemania, que, una vez concluido el período de desempeño del cargo, obtuvo un merecido reconocimiento en un coloquio homenaje organizado en la capital francesa en diciembre de 2008. Participaron en él prestigiosos medievalistas franceses y alemanes con muy diversas aportaciones relacionadas con las grandes cuestiones a las que había dedicado de forma preferente su labor investigadora el homenajeado, entre las que cabe destacar el estudio de la cultura caballeresca y cortesana en la Europa bajomedieval, la organización de la casa y Corte de los duques de Borgoña, y la participación de caballeros de orígenes muy diversos en la empresa militar de conquista de Prusia y otros territorios del Báltico. Las contribuciones presentadas a este coloquio fueron después objeto de publicación en el libro que reseñamos, que, por consiguiente, nos ofrece una muy variada muestra de las líneas de investigación actualmente en curso entre los especialistas de la Baja Edad Media de Francia y Alemania, en unos casos autores plenamente consagrados, y en otros jóvenes promesas que cuentan, no obstante, ya con sólidas monografías que les avalan. Dada la diversidad de cuestiones por ellos abordadas, consideramos pertinente ofrecer breve noticia particularizada de cada uno de los trabajos reunidos. Jacques Verger reconstruye a grandes trazos la evolución de la universidad de París durante el período bajomedieval, destacando su progresiva conversión en una institución cada vez más dependiente del rey de Francia, aunque sin perder del todo su capacidad de irradiación hacia el conjunto de la Cristiandad latina, pese a lo limitada que esta fue; incluso en sus primeros momentos de máximo prestigio fue también limitada. Françoise Autrand estudia algunos aspectos del pensamiento político de Christine de Pizan, una veneciana que pasó casi toda su vida en Francia a caballo entre los siglos XIV y XV, que le dan pie para reflexionar sobre la compleja problemática de la forja de las identidades nacionales en la Europa bajomedieval. Para el lector español este trabajo puede resultar de interés porque da a conocer una personalidad de notorio relieve, en especial desde la perspectiva de la hoy tan valorada “historia de las mujeres”, y que, sin embargo, permanece casi ignorada para amplios sectores de la historiografía de nuestro país. Y, concluyendo el primer bloque de estudios, el profesor Moeglin aborda la problemática de la cuestión de la identidad de las tierras de habla románica que formaban parte del Imperio en época bajomedieval, crucial para el devenir histórico europeo hasta el siglo XX, puesto que ha constituido uno de los factores que más ha contribuido a generar conflictividad y a envenenar las relaciones entre Francia y Alemania. En el segundo bloque Klaus Oschema reflexiona sobre el papel que el concepto de Europa jugó en los discursos sobre la Cruzada en época medieval, constatando que fue decididamente marginal, pues era más habitual entonces que, en este contexto, en lugar de Europa se hablase de “Cristiandad”. No obstante, matiza que, aunque no fue un concepto clave, sí hay testimonios de su utilización desde el siglo XI, y en el siglo XV llegó a ser un concepto muy importante para ciertos autores como Eneas Silvio Piccolomini. Heribert Müller reconstruye la carrera eclesiástica de una destacada figura de la Iglesia europea de las primeras décadas del siglo XV, el cardenal Juan de Rocatallada, hombre de orígenes sociales humildes que por su condición no noble tuvo vetado el acceso al cabildo de Lyon, pero que en contrapartida alcanzó posiciones de gran influencia en la Iglesia, gracias a su notable capacidad intelectual, y también a su talento político y diplomático, que se tradujo en su capacidad de tejer redes de relaciones que favorecieron el logro de sus objetivos más ambiciosos. Stephane Pequignot analiza con sumo detalle, basándose en la abundante documentación cancilleresca del Archivo de la Corona de Aragón, el viaje que realizó a Roma el monarca aragonés Jaime II para entrevistarse con el papa Bonifacio VIII en 1297, en el que se escenificó su reconciliación con el Papado, después de haber estado abiertamente enfrentado al mismo durante su etapa como rey de Sicilia. Rolf Grosse analiza la política puesta en práctica por el rey Luis IX de Francia en sus relaciones con el emperador Federico II, para demostrar que nunca actuó de forma desinteresada, sino siempre con la mira puesta en la consecución de algún objetivo de interés para Francia. Matthieu Olivier estudia los proyectos de renovación de las Órdenes religioso- militares que abrigó el emperador Maximiliano I, dando cuenta en particular del que presuntamente buscaba la unificación de las de San Juan del Hospital, Teutónica y San Jorge, fundada por iniciativa de Federico III en 1469. Desde esta perspectiva dedica particular atención al análisis de las relaciones de este monarca con la Orden Teutónica, que, a su juicio, marcarían el inicio de una política crecientemente intervencionista de los Habsburgo en dicha Orden, a la que en concreto Maximiliano habría tratado de reorientar hacia la tarea de la defensa del Imperio frente a los turcos. Jean-Philippe Genet presta atención al fenómeno de la circulación de libros en la Inglaterra bajomedieval, para comprobar hasta qué punto este reino,image_preview como consecuencia de su condición insular, estuvo entonces aislado respecto al continente desde el punto de vista cultural. Llega a la conclusión, sin embargo de que tal no fue en absoluto el caso, sino que hasta las vísperas de la introducción de la reforma protestante Inglaterra estuvo completamente abierta a las transferencias culturales desde el continente, y así lo demuestra muy en particular la extraordinaria difusión que allí conocieron entonces las obras de la cultura docta latina. En el tercer bloque de estudios, Philippe Braunstein da cuenta del fenómeno de la proliferación de obras de geografía política que se da en Europa a fines de la Edad Media, profundizando en el análisis de su contenido. Henri Dubois valora el papel desempeñado por la región borgoñona en los intercambios comerciales a larga distancia en el continente europeo durante el período bajomedieval. Destaca el notable papel desempeñado en la canalización de los intercambios mercantiles por las ferias de Chalons-sur-Saône en el período entre 1320 y 1350, potenciadas por el desarrollo de la demanda de la Curia pontificia en Avignon, para entrar después en un proceso de irreversible decadencia, agravada por factores políticos y militares, pero ante todo resultado del desplazamiento de las rutas del gran comercio internacional hacia el mar Atlántico, los Países Bajos y la Europa renana. Michel Pauly propone un novedoso modelo explicativo para dar cuenta del proceso en virtud del cual los ciclos regionales de ferias (como los de Champaña, Flandes o Baja Renania) de los siglos XII y XIII entraron en decadencia, como consecuencia de la concentración en una única ciudad de la actividad mercantil y financiera desarrollada antes en las ferias. Y propone la tesis de que estas ciudades constituyeron a su vez en los siglos XIV y XV una nueva red paneuropea de ciudades feriales, que desempeñó un papel clave en la canalización de los intercambios. Y Harm von Seggern, por fi n, da cuenta de la presencia de mercaderes de la ciudad de Lübeck en la ciudad de Venecia a fines del siglo XV. En el cuarto bloque de estudios Bernard Guenée llama la atención sobre el significado que cabe atribuir al uso de epítetos en la Crónica de Jean le Bel, canónigo nacido en Lieja hacia 1290, centrándose en el análisis de los aplicados a la figura del monarca inglés Eduardo III, entre los que destaca el de noble. Philippe Contamine analiza diversos aspectos sobre el papel que desempeñaron los caballos en las sociedades europeas de la Baja Edad Media, en especial los que por su elevada calidad y precio se mantenían como signo de distinción social, que circularon en abundancia entre los distintos reinos, gracias no sólo al comercio sino también a los intercambios no comerciales entre príncipes. Michel Margue se detiene en el estudio de un singular elemento de los ritos de la cultura caballeresca de la Europa bajomedieval, el de la práctica de hacer votos solemnes sobre algunos determinados pájaros, que le lleva a reflexionar sobre las influencias mutuas que cabe percibir en la mentalidad caballeresca entre motivos literarios y rituales. Claude Gauvard estudia otro de los elementos básicos del ritual caballeresco, el desafío, que también tiene implicaciones en el terreno político, por ser también considerado como el elemento que desencadenaba una declaración de guerra. Jean-Marie Cauchies lleva a cabo un detenido análisis del significado de la ceremonia que tuvo lugar en Arras en julio de 1499 de prestación de homenaje por Felipe el Hermoso, duque de Borgoña y futuro rey de Castilla, al rey de Francia Luis XI, por los condados de Flandes, Artois y Charolais. Y a partir del mismo concluye que, en contra de la opinión de autores como Perroy, los vínculos de vasallaje mantenían todavía notable fuerza en el escenario sociopolítico europeo de fines del Medievo. Laurent Hablot, por su parte, estudia otro elemento de la cultura caballeresca y su proyección en diversos países europeos, dando cuenta de la práctica de los intercambios de divisas de las Órdenes de caballería entre diversas Cortes, que constituye una interesante manifestación de la intensificación de las relaciones diplomáticas entre los diversos países europeos a fines del Medievo. Elizabeth Crouzet-Pavan llama la atención sobre la coexistencia de corrientes culturales de diverso signo en la Italia del norte a fines de la Edad Media, y más en concreto de la cultura cortesana caballeresca, que irradiaba desde Francia, y de la humanística que tenía por cuna la Toscana. Hartmut Kugler reflexiona sobre un singular fenómeno que cabe interpretar como ejemplo de transferencia de un motivo procedente de la cultura caballeresca y aristocrática a un medio mercantil urbano. Se trata de la existencia de muchas ciudades hanseáticas del Báltico de casas llamadas Cortes de Arturo (Arturshöfe), donde realizaban sus reuniones sociedades de mercaderes, dedicados al comercio de aventura, de larga distancia. Y Torsten Hiltmann, por fi n, nos propone un análisis biográfico de un personaje llamado Jean Faucquet, que estuvo implicado en la traición que facilitó la reconquista por los borgoñones de la ciudad de Saint-Omer en 1489, después de haber sido conquistada poco tiempo antes por las gentes del rey de Francia, también gracias a un acto de traición. A partir de este análisis reflexiona sobre el atractivo que presentaba para las gentes de la época, también en los Países Bajos, el ascenso al grupo noble. El quinto y último bloque, más breve, incluye un primer trabajo de Jan Hirschbiegel, que nos acerca al conocimiento del perfil del caballero suabo Georg von Ehingen, que realizó diversos viajes por Europa a fines del Medievo, escribió una obra dando noticia de los mismos, y mantuvo cierta relación con Leonor de Escocia, hija del monarca escocés Jacobo I, que vivió en la Corte de Innsbruck tras casar con Segismundo del Tirol. Y un segundo trabajo a cargo de Jörg Wettlaufer informa sobre un proyecto en curso para la digitalización de las obras escritas en la Baja Edad Media que contienen relaciones de viajes. Los trabajos reunidos en esta miscelánea nos ponen en contacto por tanto con aspectos muy diversas de la historia política, económica, social y cultural de la Europa de los dos últimos siglos medievales. Pero, a pesar de su extraordinaria diversidad, cabe destacar como común denominador de todos ellos la contribución que, en mayor o menor medida, realizan a poner de manifiesto la notable intensificación de las relaciones entre los diversos países que tuvo lugar en Europa en estos siglos, en sus más variadas manifestaciones, que van desde el intercambio comercial, hasta los contactos políticos y diplomáticos, pasando por las transferencias culturales que inciden sobre los modos de vida y la mentalidad.

[Máximo Diago HERNANDO. “Bernard Guenée, Jean-Marie Moeglin (dirs.), Relations, échanges, transferts en Occident au cours des derniers siècles du Moyen Âge: hommage à Werner Paravicini (Actes du Colloque de Paris, 4-6 décembre 2008), París, Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, 2010, 583 pp.” (reseña), in Anuario de Estudios Medievales (Barcelona), vol. XLIII, nº 1, enero-junio de 2013, pp. 430-433]