✍ historia/Historia [1975]

por Teoría de la historia

M-A_S-1_SS-7_X-185_Y-999.1714_1680Del octogenario Reinhart Koselleck, profesor emérito de Teoría de la Historia en la Universidad de Bielefeld, se publica finalmente en español un texto fundamental de 1975, en realidad, un largo artículo o, más precisamente, una voz del vocabulario: Conceptos históricos fundamentales. Léxico histórico de la lengua político-social en Alemania, que el autor ha ido editando en colaboración. No disponiendo en español de dos palabras como en alemán Geschichte y Historie (o como en inglés story y history) el traductor e introductor Gómez Ramos ha optado por diferenciar las dos acepciones –conjunto de acontecimientos y relato de los mismos que termina siendo, conocimiento, discurso y ciencia histórica– ora con minúscula, ora con mayúscula para referirse a la misma palabra «historia». El texto se incluye en una «historia conceptual» (Begriffgeschihte) cuya denominación ya usara Hegel y que ha practicado en sede filológica y hermenéutica su maestro en Heidelberg, Gadamer (puede verse por ejemplo «La historia del concepto como filosofía» de 1970 donde sostenía que «el mundo es siempre mudo interpretado en el lenguaje») y que podría encontrar afinidades con la «metaforología» de Blumenberg. En todo caso para Koselleck la historia de los conceptos procura más conocimiento, es un medio para tematizar la vigencia de las teorías y es una especie de propedéutica para una epistemología de la historia. Su preocupación pues no es la hermeneútica o la filología, sino la historiografía, la historicidad, la semántica histórica o la Histórica como lo denominaría Droysen para quien, refiriéndose a la misma aseveró: «El saber de ella es ella misma». La experiencia histórica, por usar su expresión, siempre se traduce en el dominio de la lengua a través de determinados conceptos; y además el conocimiento histórico se basa en la existencia y funcionamiento lingüísticos de esos mismos conceptos. Si hay conceptos como «aristocracia » y «monarquía» que podrían considerarse, con reserva, casi monosémicos existen otros como el mismo de historia que requeriría reconstrucción histórica; por otra parte parece bastante evidente que no es lo mismo el átomo de Demócrito que el átomo de Bohr. El Medioevo se constituye como concepto en el siglo XVIII; y sólo en el XIX el Renacimiento. Fue en cambio en el XVIII cuando «Historia» se funda terminológica y teóricamente acuñándose como fundamental en el lenguaje social y político hasta convertirse en un principio regulativo de toda experiencia y expectativa posible. Es más, «historia» ya entrado el siglo XVIII se forma como un «sustantivo colectivo singular» que une las historias particulares en un concepto común. Así la historia misma deviene su propio sujeto. Cabe subrayar que la historia al producirse organiza su propio discurso; la historia también, se hace reflexiva. De la Edad Moderna, se puede decir otro tanto: un concepto que ha adquirido un significado genuinamente histórico, más allá de cronologías de origen mítico, teológico o natural. Aún más, la Edad Moderna se identificaba con el progreso que es para nuestro autor la primera determinación temporal genuinamente histórica, dicho con sus propias palabras, un «espacio nuevo de experiencia». Como neokantiano hace suyas las palabras del severo filósofo de la Ilustración: hasta ahora la historia se ha modelado sobre la cronología; ahora se trata de que la cronología se modele sobre la historia. Y además introduce dos categorías metahistóricas, campo o espacio de experiencia y horizonte de expectativas o espera, capaces según él de ayudar a crear la posibilidad de una historia y con las que se puede documentar empíricamente un cambio de los tiempos históricos; por ejemplo la aceleración de la historia puede observarse como efecto de la disociación del vínculo entre expectativa y experiencia. En un libro posterior a este texto dedicado a la semántica de los tiempos históricos intitulado significativamente Futuro Pasado comienza ya desde el prefacio afirmando cuan difícil sea para la historiografía responder a la pregunta ¿qué es el tiempo histórico? Cuando «historia» más que «magistra vitae» es, como se ha dicho un «colectivo singular» entonces se puede hablar de un tiempo histórico capaz de procurar experiencia y podemos hablar de temporalización de la historia, con lo que «la perspectiva temporal ganó un mayor rango metodológico» y se pueda afirmar que con cada nuevo futuro surgen nuevos pasados. Y como sugerirá en el título de su libro Futuro Pasado, el futuro ya no es. En este libro asistimos a una apasionante conversación con Chladenius, Droysen, Ranke o Dilthey, con Hegel, Kant o Nietzsche, con Goethe o Novalis. Y un punto de encuentro con la historia social que practica en estos momentos, por ejemplo, J. Kocka. En efecto, concluye el libro con un epígrafe de perspectivas, donde intenta hacer cohabitar una antigua (sic) historia de los acontecimientos con la historia social que se ocuparía de «investigar las transformaciones a largo plazo y las estructuras permanentes en este globo». Estamos en 1975; acaso el 11- S o el 11-M sean otra historia.

[Jorge LOZANO. “La Historia misma”, in ABC Cultural (Madrid), 17 de abril de 2004, p. 19]

Anuncios