✍ Heroínas incómodas. La mujer en la independencia de Hispanoamérica [2012]

por Teoría de la historia

portadas_hero_nas_Maquetaci_n_1webNo siempre las efemérides de un acontecimiento son garantía de la necesidad de su conmemoración. Diría, sin embargo, que este libro es el resultado de un acto de rememoración y al mismo tiempo de reivindicación, plenamente justificado y muy logrado. Frente a la “avalancha” de libros, actos, discursos y congresos que se han producido en el Bicentenario de las independencias latinoamericanas, este libro encuentra su plena colocación como pieza fundamental en la escritura de una parte del relato histórico, que, hasta ahora, nunca ha sido escrito sino de forma parcial e incompleta. Pese a que un libro no pueda colmar el gran vacío de la que ha sido la amplísima contribución de las mujeres a las guerras de independencia, seguramente este texto abre un camino y hace un balance de lo que hasta ahora se ha producido en la historiografía. Lo hace, además, sin ignorar aquellos estudios “pioneros” –que sorprenden por su muy tardía publicación– como es el caso del célebre libro South American Independence, Gender, Politics, Texts de 2006, o el más reciente (entre otros) Las mujeres en la independencia de America Latina de 2010, si bien de todas formas escasos (1). Hace poco, en un acto de celebración del bicentenario de la Constitución de 1812 por parte de los Historiadores en la Residencia de Estudiantes en Madrid, se subrayaba la cercanía de estas dos celebraciones. La “Pepa”, que fue modelo para redactar muchas de las constituciones de la “America Española”, se decía en tal acto, así como la noción de “Guerra de Independencia”, caló en España diez años después de la proclamación de la Constitución de Cádiz. Como decía Álvarez Junco: “lo de independencia fue un eco latinoamericano”. Este libro nos anima pues a dar significado también a estos dos momentos de una historia que en un determinado lapso de tiempo unió a los españoles de “los dos hemisferios”. Este libro llega pues a llenar un vacío historiográfico en la historia de las mujeres. Si hasta ahora se han escrito muy acreditadas historias de las mujeres, incluso con miradas paralelas entre España y America Latina como, entre otros, el ya clásico libro que dirigió Isabel Morant en 2005 (2), faltaba sin embargo una monografía que colmase exhaustiva y satisfactoriamente esta laguna sobre la participación de las mujeres en el proceso de independencia. Este libro desvela las estrategias de las que se sirvieron las mujeres latinoamericanas para contribuir a la causa de la independencia y no olvida, dejando atrás posibles límites interpretativos, reconocer los agravios que comportaban para las mujeres las condicionantes de raza, clase social y género. Además, como dice el mismo coordinador del libro, Francisco Martínez Hoyos, en honor de la verdad, a propósito del papel de las mujeres “…no se trata de crear nuevos mitos nacionalistas. Fueron combatientes, espías o correos, pero, más que un impulso patriótico, parece haberlas guiado el cumplimiento de su deber tradicional.” (p. 14). Se aprecia el esfuerzo de incluir de forma equilibrada las distintas realidades de la Independencia de America Latina, por parte de escritores que se erigen en “portavoces” acreditados de sus propias historias nacionales (México, Chile, Perú, Nueva Granada, Venezuela, Argentina). Es más, son ellos quienes toman el relevo de unas investigaciones hasta ahora, en parte, llevadas a cabo por la historiografía anglosajona. También hay que destacar, como valor añadido, el enfoque multidisciplinar de este libro colectivo, donde ensayos históricos y literarios van tejiendo de formar complementaria el relato femenino de las independencias latinoamericanas. Como bien apunta una de sus autoras, Concepción Bados Ciria, hay que “sacar de la sombra a los grupos no visibles y reconocer su participación en los capítulos fundamentales de la nación y a las mujeres”. Con este ánimo esta autora, sin afán de idealización, rescata a dos insurgentas mexicanas, Leona Vicario y Josefa Ortiz, protagonistas de dos novelas históricas, “con el fin de empoderarlas y darles el lugar que le corresponde […] en el establecimiento de la nación mexicana independiente” (p. 57). Es importante resaltar que no se trata de un libro sobre la acción colectiva femenina ni tampoco sobre individualidades excepcionales. Lo que sí se verifica es que, en la mayoría de los casos, las acciones y las protagonistas descritas son representativas de un amplio sentir social y político y de unos ideales y reivindicaciones comunes. En este libro, el llamado “síndrome de la gran mujer” (p. 17) no acentúa el anonimato de otras muchas. Es verdad, sin embargo, que destacan perfiles de mujeres como, entre muchos otros el de Manuela Sáenz, rehabilitado en toda su veracidad por Juan Carlos Chirinos, que la retrata como una mujer que es un “ejemplo de amor, acción inteligencia y pasión” (p. 203). Esta figura, historicizada por su narrador, “trasciende” la condición de amante del “Libertador de Simón Bolivar”, que la aleja, pues, de la categoría de excepcionalidad para devolverla al imaginario colectivo independentista boliviano, o más bien latinoamericano, como una de las mujeres luchadoras y reales. El proceso de polarización, muy dado, por otro lado, en las caracterizaciones de lo femenino entre demonización y/o heroización, aquí, como en otros relatos (valgan como ejemplo Juana Manuela Gorriti y María Parado de Bellido) se esquiva conscientemente. Es un libro rompedor de los moldes morales y políticos de género, debilita los campos de exclusiva actuación y competencia varonil, como el de la batalla, donde, como subraya Rosío Córdova Plaza, “la capacidad de dar la vida” no riñe en las mujeres “con la incapacidad de quitarla” (p. 16); se borra de un golpe la diferencia naturalizada de genero entre quien engendra y quien mata. A lo largo de estas páginas, se despliega la acción de unas mujeres que buscan la unión para conseguir sus objetivos, la separación de espacio privado/público, que una vez más, como suele ocurrir en los procesos históricos de intervención femenina, pierde sentido: lo privado y lo público se solapan, se mezclan, derrumbando tabiques políticos y sociales. La mayoría de las “heroínas incomodas” son mujeres que, como ocurre en la larga tradición contemporánea acaban empleadas y empleándose en tareas muy peligrosas y arriesgadas, sufriendo luego los mismos castigos masculinos. Espías inteligentes, “mensajeras”, “seductoras de la tropa”, por ejemplo, que, como ocurrirá a lo largo de todo el siglo XX, se “utilizarán” por su supuesta imagen de “inocencia femenina” y sus supuestas artimañas típicamente femeninas. Destaca en los ensayos, como aspecto innovador – pese a un uso constante mas no excesivo del término “empoderamiento”–, la ruptura de algunos binomios como, por ejemplo, visibilidad/empoderamiento femenino. La visibilidad de las mujeres no es un factor directamente proporcional a su afirmación pública y sobre todo política. En esta línea, Amor Perdía señala, cómo ciertos aspectos y variantes diversos del género, tales como las categorías de clase social y raza, hacen disminuir o, incluso, desaparecer a las mujeres. “Los negros en general y las mujeres negras en particular” –afirma la autora– “son totalmente invisibilizados en la historia patria” argentina (p. 250), “mientras que las mujeres de la “elite urbana criolla”, son las que tuvieron mayor visibilidad” (p. 231). Estos no son los únicos muros que se derrumban vinculados a la idea de empoderamiento. Otro es, por ejemplo, el hecho de que el empoderamiento femenino implique el reconocimiento público del patriotismo femenino. Lucia Cáceres de Arismendi, “máxima heroína venezolana” que nos retrata Inés Quintero Montiel, es un ejemplo de patriota cuya participación en “el relato de la independencia” no ha significado una puesta en cuestión de su modelo de “mujer abnegada, amante esposa y sufrida patriota” (p. 216). También se desenmascara uno de los “mitos” recurrentes en la literatura femenina. A lo largo del texto se denuncia el carácter no exclusivamente voluntarista y, a veces, edulcorado con connotaciones románticas de la participación de la mujeres en esta guerra y –añadiría– en general, en las demás guerras. María Himelda Ramírez nos invita a reflexionar, entre otros aspectos, sobre las “formas persuasivas y coactivas de comprometer el trabajo de las mujeres en la guerra” (p. 95). Tampoco se descuidan otras facetas menos evidentes del compromiso femenino con la guerra, como son los aspectos más íntimos. Del exilio “interior” de las mujeres, tras el exilio de los patriotas chilenos más destacados a las islas de Juan Fernández en 1824, nos habla Carolina Valenzuela. La autora describe cómo se trastocó el papel de las mujeres en la vida cotidiana y describe a la vez las vivencias de aquellas que se enfrentaron al azaroso viaje hasta el presidio, donde, como hijas, amantes o prostitutas, de forma voluntaria y no voluntaria, llegaron a compartir las duras condiciones de este exilio. En este amplio repaso del rol de las mujeres en la Independencia no podía faltar uno de los leitmotiv del siglo XIX: el papel crucial de las mujeres en la construcción de la nación como responsables de la reproducción a la vez cultural y biológica de la nación. Las madres tienen en este siglo un valor simbólico vinculado a la nación y, como bien dice Francisco Martínez Hoyos, las mujeres, como en el caso de las que pertenecían a la orden de las “Caballeras del Sol” en Perú, recibían su distinción por su “especial predisposición al compromiso nacionalista: “el sexo más débil naturalmente deber ser el patriota” (p. 125). En definitiva, podríamos resumir el hilo conductor de este texto con una pregunta planteada por el coordinador del libro: “¿la independencia pertenecía a un asunto viril?” (p.126). Si se piensa solamente en el hecho de que, al mismo tiempo que luchar, tuvieron que morir y sacrificarse por ella, la respuesta ya la tenemos. Fueron todas ellas, quien más y quien menos, mujeres que sufrieron, que arriesgaron sus vidas y/o por eso ejecutadas, degolladas, ultrajadas, y más aún por ser de sexo femenino, con correctivos y estrategias especificas de expiación y humillación proporcionales al poder subversivo que habían ejercido. En esta “pasarela” de atrocidades se aprecia, además, el reconocimiento que, en mayor o menor medida, se brinda al sufrimiento no solo de las mujeres que tomaron parte en la causa de la independencia Hispanoamericana, sino también al de las mujeres realistas. Por último, queda espacio para una última reflexión: “¿se beneficiaron también ellas de la libertad conquistada?” La vuelta al hogar y a los valores de la domesticidad y el olvido de la contribución femenina será la posguerra común para todas las mujeres incluidas las que padecieron las atrocidades del “corto siglo XX”. A la luz de todo lo hasta ahora analizado, el sugerente título de este libro, Heroínas incomodas, resume e incluye dos palabras que, no desde el punto de vista de su semántica, sino por sus connotaciones asociadas, podrían constituir un oxímoron. Si por “heroínas” entendemos mujeres ideales y excepcionales, y con el adjetivo “incomodas” nos referimos a su rol verdadero en la historia, quizás, podríamos pensar que no es del todo acertado este título, pese a que su valor reside finalmente en haber dado al sustantivo de “heroínas” su verdadero significado.

NOTAS. (1). Davies  Catherine; Brewster  Claire y Owen  Hilary: South American Independence: Gender, Politics, Text, Liverpool, Liverpool University Press, 2006. Guardia  Sara Beatriz (ed.): Las mujeres en la Independencia de América Latina, Lima, Cemhal – Unesco – Universidad San Martín de Porres, 2010. (2). Morant Isabel (dir): Historia de las mujeres en España y América Latina., Madrid, Cátedra, 2005.

[Laura BRANCIFORTE. “Francisco Martínez Hoyos (coord.), Heroínas incómodas. La mujer en la independencia de Hispanoamérica, Ediciones Rubeo, 2012, 288 páginas” (reseña), in Hispania Nova. Revista de Historia contemporánea (Madrid), nº 10, 2012]