✍ Historias de caudillos argentinos [1999]

por Teoría de la historia

1-519623_TDesde hace algunos años, el marcado interés del público por la literatura histórica se satisface con un amplio surtido de novelas históricas, reimpresiones de textos clásicos, biografías y ensayos, generalmente en manos de aficionados a la disciplina (periodistas, críticos literarios, novelistas). En menor medida, aunque en auspicioso aumento, a esta corriente se han sumado los historiadores, que también han participado en la elaboración de diversas obras de divulgación. Historias de caudillos argentinos quiere hacer honor a este movimiento del mercado. El libro -explica Jorge Lafforgue, compilador de la obra- es un esfuerzo por combinar “historiografía y literatura”, pero, a diferencia de otros textos que optan por el relato ficcional, en éste “se apuesta al relato de la historia, más allá de que haya convocado a reconocida gente de letras”. He ahí el propósito y el perfil de la obra. He ahí, también, el problema, ya que los colaboradores del libro -historiadores, novelistas, especialistas en literatura y ensayistas- tienen ideas bien diversas, por no decir irreconciliables, de lo que es “el relato de la historia”. Mientras unos son portadores de las inquietudes, preguntas y debates actuales de la disciplina, otros, al ser sólo aficionados a ella y estar, por lo tanto, lejos de estas novedades, parecen seguir sosteniendo una idea de la historia que ha perdido hoy en día toda su vigencia. El resultado evidencia esa disparidad. Los primeros utilizan la vida de los caudillos como medio para estudiar temas como la naturaleza de las luchas facciosas en la formación de los estados provinciales, los significados del federalismo o el origen socioeconómico de sus seguidores. En los trabajos de los segundos, en cambio, predominan la crónica minuciosa y precisa de acontecimientos (por ejemplo, los relatos de todas las batallas), la descripción de los rasgos personales de los caudillos -bravura, crueldad, sex-appeal- cuando no se entretienen en el rescate de tal caudillo, injustamente tratado por “la historia oficial”, o en debates históricos acerca de las circunstancias exactas de la muerte de este otro, cuestiones de dudosa relevancia historiográfica en la actualidad. El libro tiene un comienzo auspicioso con el estudio preliminar de Tulio Halperin Donghi sobre las distintas representaciones del caudillo en nuestra historia, desde su construcción original en el Facundo y las memorias de Paz, hasta sus sucesivas apropiaciones por parte de diferentes corrientes historiográficas e ideológicas. A este análisis sigue el texto de María Esther de Miguel, empeñado en “el rescate de la verdad” histórica sobre el amor de Pancho Ramírez y la Delfina. Este contraste, que se registra apenas comenzado el libro, fortalece la impresión inicial de que se trata de un conjunto de trabajos de distinto carácter, extensión, interés y calidad, trabajosamente unidos por algo que no llega a ser un tema, sino sólo un propósito: contar “historias” diversas de una selección un tanto aleatoria de once caudillos argentinos. Con todo, los relatos son en general de amena lectura, algunos con vuelo literario, otros de una profunda sensibilidad histórica. Particularmente destacables son el trabajo de Jorge Myers, que estudia la paradoja del orden político rosista, autoritario a la vez que legalista y republicano; el de Ariel de la Fuente, que hurga en los motivos económicos, sociales, políticos e ideológicos que llevaban a los gauchos de los Llanos a sumarse a las huestes del Chacho Peñaloza; y el de Sonia Tedeschi sobre Estanislao López, quizás la mejor combinación “de literatura e historiografía” que pretendía el compilador. Este libro deja una clara moraleja: mejor que pedir a los historiadores que escriban buena literatura y a la gente de letras que escriba buena historia quizás sea permitir -como parece sugerir Halperin Donghi al concluir su ensayo- que cada uno contribuya con su propia narrativa, haciendo lo que mejor sabe, a llenar los vacíos que va dejando este fracturado paisaje histórico de nuestro presente.

[Juan Manuel PALACIO. “Contar el pasado”, in La Nación (Buenos Aires), 17 de noviembre de 1999]

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