✍ El domingo de Bouvines, 27 de julio de 1214 [1973]

por Teoría de la historia

9788420695815También el acontecimiento vuelve a merecer la atención de los historiadores. Elemento central de la historiografía tradicional, era el propio historiador quien lo establecía, lo situaba en su lugar propio, le daba la oportuna valoración. Ahora, el acontecimiento creado, multiplicado, tantas veces degradado por los mass-media, le invade, imponiéndose le desde fuera. Ha sido Pierre Nora quien ha devuelto a su estudio la legitimidad científica. “Ahí radica” -señala- “la oportunidad del historiador del presente: el desplazamiento del mensaje narrativo con sus virtualidades imaginarias, espectaculares, parasitarias, tiene por efecto subrayar, en el acontecimiento, la parte que corresponde a lo no acontecimental. O mejor, no constituir al acontecimiento más que en el lugar temporal y neutro de la emergencia brutal, aislable de un conjunto de fenómenos sociales surgidos de las profundidades y que, sin él, quedarían escondidos en los pliegues de lo mental colectivo. El acontecimiento no atestigua tanto lo que traduce como lo que revela, no tanto lo que es como lo que desencadena. Su significado se absorbe en su resonancia; no e más que un eco, un espejo de la sociedad, un agujero”. El acontecimiento, por tanto, viene a ser signo, símbolo de la realidad, reflejo de las estructuras. Ejemplo ya clásico de esta nueva consideración del evento es Le Dimanche de Bouvines, de Georges Duby. Se trata, por una parte, de la «memoria» de Bouvines, de la historia de Bouvines después de Bouvines. Es lageorges-duby-le-dimanche-de-bouvines-27-juillet-1214- historia de un mito, de lo que Duby llama «lo legendario». En definitiva, las huellas de un acontecimiento, sus sucesivas interpretaciones, forman parte del acontecimiento mismo: el verdadero objeto de la historia es el acontecimiento en toda su vida histórica. Duby explica, por tanto, la génesis y el alcance del acontecimiento. Mas, de otro lado, expresa también, dice Jacques Le Goff, el doble aspecto -estructural y «événementiel»- de la historia, a través de una verdadera lección de antropología de la guerra en la Edad Media: no se comprende la batalla si no se tiene en cuenta, junto al azar de las decisiones de los jefes militares, el conjunto, el sistema dinámico-histórico en el que se encuadra: la economía, la estructura social, la tecnología, la ideología, etc. El hecho se explica, pues, inserto en un sistema, del que es una forma de cristalización, mas, a su vez, contribuye a cambiarlo y, desde luego, lo patentiza, lo revela.

[Antonio MORALES MOYA. En el espacio público. Ensayos historiográficos. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2008, p. 100]

9782070322954En 1214, el veintisiete de julío caía en domingo. El domingo es el día del Señor, le pertenece por completo. He conocido campesinos que aún seguían temblando cuando el mal tiempo les impelía a cosechar en domingo; sentían que sobre ellos caía la cólera del cielo. Ésta, para los parroquianos del siglo XIII, era mucho más amenazadora. Ese día el cura de la iglesia no sólo les prohibía el trabajo manual, sino que intentaba convencerles de que purificaran íntegramente el tiempo dominical, de que lo protegieran de tres impurezas: la del dinero, la del sexo y la de la sangre derramada. Por eso, en aquella época, a nadie le gustaba usar el dinero el domingo. Por eso los maridos, el domingo, si eran piadosos, evitaban permanecer demasiado cerca de sus mujeres, y los guerrero, si eran piadosos, blandir la espada. Sin embargo, el domingo 27 de julio de 1214, miles de guerreros transguedieron la prohibición, combatieron con furia cerca del puente de Bouvines, en Flandes. Dos reyes, el de Alemania y el de Francia, los conducían; elegidos por Dios para mantener el orden del mundo, uncidos por los obispos, ellos mismos, en parte, sacerdotes, deberían haber respetado más que ningún otro las prescripciones de la Iglesia. Pero, a pesar de todo, ese día osaron enfrentarse, llamar a las armas a sus compañeros, lanzarse al combate. No se trataba de una simple escaramuza, sino de una verdadera batalla. Además, se trataba de la primera batalla que libraba un rey de Francia desde hacía más de un siglo. Finalmente, la victoria que Dios concedió a sus preferidos fue mucho más esplendorosa que cualquiera que se podía recordar. Un triunfo digno de César o del emperador Carlos, el de los cantares. Por todas estas razones, los campos a medio cosechar de Bouvines fueron ese día escenario de un acontecimiento memorable. Los acontecimientos son la espuma de la historia, burbujas, grandes o pequeñas, que estallan en la superficie en remolinos que se propagan a mayor o menor distancia. Éste ha dejado huellas muy duraderas: todavía no se han borrado del todo. Son únicamente estas huellas las que le permiten existir. Si ellas, el acontecimiento no es nada; por tanto, es de ellas de las que pretende tratar este libro.

[Georges DUBY. El domingo de Bouvines, 27 de julio de 1214. Madrid: Alianza, 1988, pp. 7-8]