✍ Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental [1994]

por Teoría de la historia

220127El estudio de Richard Sennet, señala el interés que tuvo este investigador al analizar el individuo y la imagen del cuerpo humano, como también las colectividades representadas en la ciudad. Su investigación está ceñida al papel de los cuerpos humanos en las relaciones espaciales de la sociedad antigua occidental hasta la modernidad. En este estudio se percibe que no existe un distanciamiento del autor frente al objeto que pretende, en la medida que busca explicar la manera como los individuos reconocen su forma física, cuando están insertos en relaciones espaciales, que determinan sus reacciones y reconocimiento corporal frente a otros. En esta configuración puede ser captada la práctica democrática ateniense, la credulidad en las imágenes para los romanos, y las perturbaciones que giraron alrededor del ideal de la libertad corporal. Es claro que el enfoque que busca Sennet, es el de integrar el papel del espacio como parte de los movimientos que realizaron los humanos tratando de comprender las conductas generadas. De manera que este autor reconoce el cuerpo humano como parte circundante de un espacio en escala de construcción, siendo que las expresiones corporales fueron tomadas como modelo para las estructuras urbanas, que se erigían en aquel entonces. Es así que intenta comprender como a través de los cambios históricos en el pasado, en los grandes espacios de las ciudades occidentales, el cuerpo cumplía entre sus funciones con la de estar unido a los centros urbanos. La desnudez, la anatomía corporal, entre otros aspectos fueron tenidos en cuenta como símbolos para la construcción y la configuración urbana. Sin embargo, la cuestión que gira en los intereses del autor está relacionada con la carencia de consciencia física que se despertó a raíz de la libertad corporal (desnudez), como un elemento de circulación en la ciudad, que llevó a ciertos conflictos de necesidad y utilidad del espacio. Pues bien, es así que vemos la trascendencia que ha tenido el cuerpo en un espacio que ha variado, tanto en su sistema como en su enfoque de diversidad que incluye los cambios urbanísticos, época, cultura y reconocimiento frente al cuerpo como imagen que se transforma estructuralmente, es decir, la transfiguración en que se tomo el cuerpo para diseñar y construir ciudades. Sin duda alguna, esto nos indica que en los inicios de la sociedad occidental el cuerpo figuró como representación de la sociedad que emergió en ese entonces. La perfección del cuerpo expuesta en la construcción urbana reflejó el significado exacto de lo que finalmente los individuos pretendían como un modelo ideal de ciudad, basado obviamente, en la figura humana. Arlette Farge en su obra Efusión y Tormento explica como “Los discursos sobre el cuerpo son tan rigurosos que han ocultado la realidad política de las practicas corporales o al menos lo que pueden ser las historias de una experiencia política de los cuerpos” (1). Esta idea nos lleva a comprender que en los postulados de Sennett hay una muestra de la existencia de una representación del cuerpo humano como una forma de poder, la cual se reflejaba al menos en los aspectos políticos discursivos, cuyas palabras parecían elevar la temperatura del cuerpo. Las palabras pronunciadas en cada espacio abierto en las ciudades hicieron de los cuerpos una debilidad de actuar racionalmente. Mientras Richard Sennett se preocupa por hacer una metáfora entre el cuerpo humano y la arquitectura grecoromana, como un ejemplo de la fuerte inspiración que se le dio al cuerpo para llevar a cabalidad lo relacionado con lo urbano, Arlett Farget tiene una mirada comparativa entre el cuerpo y la jerarquía que estructura a una sociedad. En sus palabras, “De arriba abajo del cuerpo se desgranan los tempos de la jerarquía social, pero la cabeza irriga, con su poder y su saber, a los otros miembros de las clases sociales. El pueblo pobre es la parte baja del cuerpo, la que obedece y se encuentra bajo el yugo de la realeza y de su sistema social y económico. Dentro de ese universo vivo, pues la idea del cuerpo es una metáfora social, la masa de las personas desfavorecidas se mueve sin que le conceda ningún poder, ningún pensamiento e, incluso, ninguna inteligencia” (2). La ciudad se constituyó como un mecanismo de regulación que permitió el autocontrol del goce hasta cierto punto, pues el calor del cuerpo se vio sobrepuesto por el calor de las palabras que en principio funcionó como un elemento de coacción y que finalmente terminó con esa unidad política que se había mantenido a través de los lineamientos discursivos. Richard Sennett demuestra la globalidad histórica, en su estudio, al combinar varios factores para explicar el mundo y la vida occidental desde lo económico, religioso, político, y cultural. La evolución de las ciudades va con el tiempo y por ende con los humanos, primero la ciudad mostró sus inicios al relacionar lo urbano con el cuerpo humano y el calor de las palabras. En la primera parte de la obra Carne y Piedra nos acerca a un autor que plantea la existencia de cierta articulación entre la cultura urbana, el hombre que la habita, y sus relaciones sociales, mientras que en la parte culmínate de su obra, demuestra que las diferencias multiculturales que emergieron en la ciudad, con la concepción del cuerpo en movimiento y el nacimiento del capitalismo, no fueron un obstáculo para el contacto de los individuos entre sí durante la revolución francesa. Estas diferencias, que parecían ser entendidas como rasgos culturales disímiles, se fueron convirtiendo en expresiones de la modernidad y en puntos de contacto en lugar de rechazo (3). La ciudad que empezó a tomar forma entre los siglos XVIII y XIX se inspiro en la imagen corporal, pero desde un punto de vista interno, pues la metáfora del proceso circulatorio y arterial quedó expresada en las vías de comunicación entre la ciudad, en una sola dirección. Este aspecto transformó la planificación urbana de las ciudades y a sus individuos circulantes, en tanto que la emulación del proceso circulatorio como modelo, establecía un diseño organizado que antes no se percibía. La comparación consistía en que si se daba algún bloqueo en el movimiento circulatorio de la ciudad, tal bloqueo se reflejaba en el individuo que la habitaba. La sociedad europea empezó así a transformarse desde la aparición de un individuo móvil, hasta el desarrollo de un mercado comercial. Esto quedó demostrado con la aparición de una ciudad industrial que suponía una circulación económica que favorecía a todos sus miembros. La desigualdad en los ciudadanos se empezó a percibir cuando estos se desplazaron del campo a la ciudad: “La importancia del intercambio económico de Paris obedecía a que este era el centro del poder gubernamental, una economía urbana que cada vez mas servía a la burocracia urbana y sus caprichos culturales” (4). Además de estos centros comerciales, figuraron otros espacios que R. Sennett no aborda en su análisis, ya que figuran como parte del desarrollo económico industrial de Europa. Estamos hablando del proceso histórico de Bohemia, que tiene un significado especial en la construcción de discursos históricos de la economía de Europa central. Bohemia “proporciona el ejemplo de una variante de desarrollo que contrasta fuertemente con el desarrollo económico de Francia e Inglaterra” (5). Es claro que, a partir de la literatura que Sennett utiliza como una referencia metodológica, existen dos visiones diferentes en la manera como se fue estructurando un paradigma sobre los individuos en un movimiento mercantil. Primero, la visión de individuos como actores de un mercado en el que suelen serflesh-and-stone-the-body-and-the-city-in-western-civilization independientes, como causa de una división del trabajo. Segundo, la circulación sanguínea del cuerpo presenta a los individuos como seres interdependientes. El cuerpo humano aprovechó los espacios utilizados por los movimientos políticos, esta vez no solo con las figuras de los hombres sino también de las mujeres, que proveían una imagen de libertad y una nueva forma de vida. El cuerpo femenino desnudo, y sobre todo los pechos al descubierto, se utilizaron como símbolo de la nutrición de la revolución y como una forma virtuosa de alimentar los ideales que se procuraban (6). Las aglomeraciones de individuos, unos dispuestos a vivir una libertad corporal, otros abiertos al mundo aprovecharon los intercambios comerciales. La Revolución Francesa aglutinó a multitudes de ciudadanos en espacios abiertos, donde las diferencias socioculturales no fueron impedimento, pues con esto queda claro que con la revolución se produjo la presencia de un nuevo ciudadano dispuesto a experimentar una relación con lugares abiertos y sin límites. Este fenómeno originó una especie de desapego entre los individuos en la manera de compartir un mismo destino. En este sentido, la ciudad, se mantuvo unida en su colectivo, a la vez, que procuraba cierta desunión social resultado del individualismo urbano. Las personas aprendieron a moverse en sociedad y a reconocer la relación entre ellos con la ciudad, como una arteria en movimiento, una metáfora inspirada en el cuerpo humano y expresada en las vías de comunicación de un lugar a otro. A Richard Sennett lo podemos entender a partir de su interpretación metodológica sobre la literatura pertinente al tema. Las diferencias entre la carne y la piedra y cierta división moral en la percepción sobre la relación entre el hombre y su entorno, nos llevan aprehender nuevos conceptos para entender la historiografía y la sociología urbana. El habitad y la relación de los individuos entre sí desde la antigüedad, pasando por el periodo medieval hasta la modernidad, nos remite a apreciar cómo se estructuraron ciertos tejidos urbanos (7), sus divisiones, la relación entre la forma edificante y un cuerpo en movimiento, la vida pública, los nuevos elementos que cambiaron la cotidianeidad de los individuos (mecedoras, sillas, cafés, parques) y los espacios de relación y contacto social. Es, de esta manera, como se lograron apreciar las primeras formas del individualismo moderno europeo.

NOTAS. (1) Farge, Arlette, (2008), Efusión y Tormento. El Relato de los Cuerpos. Historias de pueblo en el siglo XVIII, Buenos Aires, Katz Editores, p. 15. (2) Farge, Arlette, op. cit., p., 23. (3) Sennett, Richard, (2003), Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, Madrid, Alianza Editorial, p. 275. (4) Ibíd., p. 298. (5) Para ver un ejemplo de análisis sobre la historiografía de Europa Central podemos contar con el estudio de ensayos sobre el debate de Brenner, que nos ilustra profundamente el cambio de la estructura agraria y el desarrollo económico en Europa, durante los siglos XVIII y XIX. Es claro que no solo Francia e Inglaterra ocuparon un lugar en la transición de una economía agraria a la mercantil, Bohemia también tuvo su importancia en Europa central. Ver: T.H. Aston y C.H.E. Philpin (editores), El Debate Brenner, Estructura de clases agraria y desarrollo económico en la Europa preindustrial, Barcelona, Editorial Crítica, 1988, p. 232. 6 Podemos entender una forma más amplia de lo que significó la libertad corporal durante la revolución francesa, por lo que contamos con el estudio sobre la historia del pecho, de la feminista Marilym Yalom. Aquí reposa una visión de cómo durante la época de revolución en Paris, las mujeres arremetieron y participaron con sus pechos al descubierto como una forma de sentirse libres, pues el sostén y el corsé usados en el antiguo régimen simbolizaba una prenda de subordinación que no les permitía cierta libertad corporal. Ver: Marilym Yalom, Historia del Pecho, Barcelona, Tusquets Editores, 1997, 392 pág. (7) El tejido urbano no es entendido como una parte construida de las ciudades, sino también el conjunto de manifestaciones del predominio de la ciudad sobre el campo. Es así que podemos comprender que lo urbano va más allá del entorno global de una ciudad. Ver: Lefebvre, Henry, (1970),La Revolución Urbana, Madrid, Alianza Editorial, p. 10.

[Cecilia María ARTETA HERNÁNDEZ. “Richard Sennett, Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, Alianza Editorial, Madrid, 2003” (reseña), in Historia Caribe (Bogotá), vol. VI, nº 18, enero-julio de 2011, pp. 199-203]