✍ De sotanas por la Pampa. Religión y sociedad en el Buenos Aires rural tardocolonial [2006]

por Teoría de la historia

nor_9789875741898En un interesante y fascinante libro, indispensable hoy para hablar de religiosidad, William Christian decía que un rasgo universal del catolicismo era su flexibilidad y su capacidad de articulación (1). Estas características, no sólo le habrían permitido subsistir en el tiempo, sino además le habrían conferido a la religiosidad un carácter local. El libro de María Elena Barral, nos permite conocer esa religiosidad local representada por santos patronos locales, por ceremonias particulares y por un calendario propio a los hombres que habitaban la campaña bonaerense entre la colonia y la pos independencia. Pero el libro de Barral, no sólo prueba la universalidad de ese catolicismo “flexible” sino que además nos habla de aquellos que lo articulaban al mundo social. Así el libro presenta a los curas párrocos, a los frailes que los acompañaban en permanencia u ocasionalmente, pero también nos dice acerca de los seglares quienes, muchas veces urgidos por las circunstancias, pero otras, tan sólo por la “idoneidad otorgada” por sus semejantes, bastaban para satisfacer las necesidades espirituales de la comunidad. De sotanas por la pampa debe su rica factura al recorrido personal de la propia autora que supo nutrirse y enriquecerse de su participación en los avances que se produjeron en el ámbito de los estudios rurales en la Argentina (2) y de las discusiones y de la última producción sobre temas vinculados a la religiosidad y al clero de España. Pero además, Barral forma parte de una corriente de jóvenes historiadores que, formados y alimentados al calor del avance de la historiografía argentina en todos sus ámbitos, se han animado a renovar la forma de ver y de estudiar la Iglesia, tanto en el período colonial como en la pos-independencia (3). En este sentido la importancia De sotanas por la pampa y su aporte, es innegable ya que no se trata de un libro sobre el clero, la Iglesia o una orden en particular, historias que las hay y muchas para la región, sino que se trata de un libro sobre cómo la sociedad rural bonaerense vivía su relación con la religión y de cómo manifestaba su vínculo con ella considerando la unanimidad religiosa como punto inicial del análisis y, para el periodo trabajado, a los actores eclesiásticos como parte inseparable de la sociedad (4). Y es por ello que Barral se ocupa de los clérigos, los frailes, los limosneros, los mayordomos de cofradía, las vírgenes, los santos y los feligreses porque es sólo de la interacción de todos que puede comprenderse este mundo social que estudia. De escritura ágil y lectura placentera, el libro fue concebido en siete capítulos introduciendo al lector en la vida religiosa bonaerense a través de reconstrucción del entramado parroquial mostrando la importancia del curato, célula básica de la organización eclesiástica y de la vida comunitaria construida a su alrededor. Gracias a este enfoque, rápidamente el lector entiende que la vida parroquial no estaba supeditada a la autoridad y carisma del cura sino que era el denso y multifacético entramado social el que la sostenía. La racionalidad que alcanza el despliegue de las estructuras eclesiásticas en la campaña de Buenos Aires en la pos-independencia es el tema que la autora aborda en el primer capítulo. Para ello, se remonta al año 1730 reconstruyendo la trama diocesana pero considerando además, como una variable significativa la atención de los fieles. Para Barral, no sólo es importante ver cómo cambia la estructura eclesiástica y quienes son aquellos que atienden a los fieles, sino más bien mostrar cómo estas modificaciones se acompañan de otras referidas al “modo en que la sociedad pensaba y valoraba la religión y el sacerdocio” (p. 32). Despejado el mapa parroquial, la autora se pregunta por quienes cubren la cura de almas. Las carreras eclesiásticas de los párrocos son analizadas siguiendo sus trayectorias personales, familiares pero además considerando las particularidades del espacio rural donde se insertaban. Los cambios en el origen del clero, las componendas locales, la influencia de las familias y de las parentelas espirituales en la ocupación de cargos y en el ejercicio de funciones sacerdotales son consideradas en el análisis, enriqueciendo de manera notable los datos con los cuales contábamos hasta hoy, referidos en general a la ciudad de Buenos Aires. El análisis de como actuaban e interactuaban estos personajes es estudiado considerando que, las posibilidades de ejercer liderazgo en sus comunidades estuvo vinculado y limitado por las que podían llegar a desplegar el resto de los feligreses sobre la base de una multiplicidad de pertenencias. La posibilidad de construirse como buen párroco, ya no dependía sólo de las instancias institucionales sino que además estaba supeditada a la capacidad de cada individuo de crear, mantener y acrecentar sus áreas de influencia. Esta compleja relación es abordada en el segundo capítulo. Pero, ¿qué lugares específicos y propios ocupaban los eclesiásticos? El tercer y cuarto capítulo del libro focaliza en estos aspectos que van completando la mirada de conjunto que nos ofrece el libro. Jueces, maestros y misioneros, siempre intercambiando y mediando con y entre sus fieles así nos lo presenta Barral. Pese haber constituido inicialmente la primera autoridad formal para los fieles, desde finales del siglo XVIII, las atribuciones en el ámbito judicial se van recortando hasta quedarles tan solo las del eclesiástico. Por otra parte, la tarea de interceder ante lo divino, no estaba sólo en manos del cura y la autora puede probarlo a partir de análisis del desarrollo de las misiones volantes. La finalidad de éstas, generalmente llevadas a cabo por mercedarios y franciscanos, era la de “operar en el ámbito de la conciencia y de la práctica confesional” (p. 97) por lo cual se convertían en una ayuda fundamental para los párrocos. De forma tal que se tornaban personajes sobresalientes, a partir de sus posibilidades de llegar a la comunidad de una forma extraordinaria. La importancia de estas misiones cobra vida a través de la pluma de la autora quien nos ilustra acerca de las confesiones y comuniones generales y nos permite “presenciar” los rituales del perdón. La tarea docente de los clérigos también es rescatada y puesta en juego. La labor docente de los curas debía unir las premisas de la corona que no sólo eran “formar buenos ciudadanos y vasallos” sino también buenos cristianos. Educar buenos ciudadanos y vasallos significó integrar el mundo rural a la civilización, entendida ésta como la esfera de los buenos modales, el aseo y el amor al trabajo. Los buenos cristianos debían tener estas cualidades y además debían cultivar las virtudes, todo lo cual estaba presente en los catecismos y catones que servían en las precarias escuelas rurales. Con todo, Barral discute que pueda hablarse del ingreso de estos pobladores a la “modernidad” de forma completa, sobre todo sí, como nos permite ver el texto, prestamos atención a las prácticas. Y justamente son esos aspectos los que la autora desarrolla en los tres últimos capítulos del libro. Promesas a la virgen, la “empresa” de la limosna, calendario religioso, prácticas religiosas frente a la vida y la muerte y devociones de paisanos son los temas que Barral recorre en el tramo final del texto. Que la práctica de la limosna “reunía en su interior diversas formas de articulación entre instituciones eclesiásticas, feligreses, devociones, producción y trabajo” queda maravillosamente demostrado en el capitulo cinco, uno de los capítulos más sustanciosos del libro. Cómo era la “empresa”, quiénes participaban, en qué condiciones, qué beneficios se obtenían y con que fines, todas estas cuestiones encuentran una respuesta en el análisis que realiza Barral. Pero nuevamente, no contenta con estas respuestas que satisfacerían a muchos, va más allá mostrando como la limosna, y el implicarse en esta “empresa” sacra, fue ocasión propicia no sólo para cumplir promesas sino además para “conchabarse para buscar la vida” o bien para ambas cosas a la vez. De esta manera, muestra que la limosna no fue sólo un medio para captar los excedentes de la campaña sino una gran y eficaz difusora de cultos locales y de una forma particular de entenderlos, dejando la puerta abierta a las fiestas, que trata en el capitulo seis. Al calendario oficial plagado de momentos de recuerdo de episodios de la vida de Cristo y de introspección, se sumaba un calendario local regido por patronos y vírgenes con especial significado para los pobladores de la campaña. La autora destaca la importancia de estos otros momentos del calendario litúrgico porque son los que, por excelencia, propician formas de celebrar vistas con desconfianza por la Iglesia: comensalidad, borracheras, romerías, ferias, fuegos de artificio etc. se suman a una lista de modalidades “barrocas” que asumía la religiosidad local bonaerense. Estas prácticas son miradas con especial cuidado cerrando el libro. Los hombres de la campaña de Buenos Aires celebraban la vida y la muerte y pese a las restricciones que les impondrá la norma, velorios de angelitos y construcción de túmulos no faltaron por citar sólo dos cuestiones que aborda el capítulo siete y que muestran como los hombres y las mujeres de la campaña de Buenos Aires eran los actores principales y los gestores privilegiados de su propia vida religiosa. De sotanas por la Pampa es una posibilidad nueva de encontrarnos con el mundo rural bonaerense de forma integral y desde un ángulo inexplorado integrando indudablemente, los desarrollos historiográficos argentinos que desde hace algunas décadas nos han acostumbrado a mirar la historia en su complejidad.

NOTAS. (1) Christian, William, Religiosidad local en la España de Felipe II, Madrid, Nerea, 1991. (2) Por citar la discusión que mostró la madurez de estos trabajos y dió pié a los desarrollos posteriores remito al lector a la “Polémica: gauchos, campesinos y fuerza de trabajo en la campaña rioplatense colonial”, en Anuario IHES, nº 2, 1987, UCPBA, Tandil. (3) Me refiero a los desarrollos de la historia económica, la nueva historia política o de “lo” político, la historia social etc. (4) Jaime Peire es uno de los primeros en señalar que “cuanto más lejos estemos de la separación “oficial” entre Iglesia y Estado más virtual es la diferencia entre ellos y con la sociedad”, El taller de los espejos.Claridad, Buenos Aires, 2000, p. 341.

[Valentina AYROLO. “María Elena Barral, De sotanas por la Pampa. Religión y Sociedad en el Buenos Aires rural tardocolonial, Buenos Aires, Prometeo, 2007, 234 p.”, in Nuevo Mundo. Mundos nuevos, 15 de septiembre de 2008]